En las últimas semanas se recalentó el dólar. Desde el inicio de julio hasta la actualidad, la divisa, en el segmento mayorista, pasó de $1.200 a $1.360. La pregunta del millón: ¿cuánto impacta en precios?
Se viene el "desgramaje", un viejo ardid conocido por los argentinos
La caída en ventas de productos de consumo masivo como leche, carnes y yerba pone en debate la posibilidad de llevar a precios el aumento de costos. Pero allí surge esta modalidad.
Voceros del gobierno venían sosteniendo que, la tendencia del tipo de cambio alcista durante julio no se había reflejado en los precios. Algunos iban más allá y repetían que desde la unificación cambiaria, el 10 de abril, hasta hoy, el tipo de cambio se incrementó 11,2% pero los precios solo 4,2%.
Claro, esto oculta una trampa: el efecto precio de la unificación cambiaria se vio mayoritariamente en marzo, porque el mercado daba por descontado el salto cambiario. Los números cambian sustancialmente: el IPC de alimentos entre marzo y junio se incrementó en 10,2% mientras que el tipo de cambio lo hizo en 12,2%, es decir, 85% de pase a precio.
Pero volvamos a la actualidad. El price setting en la Argentina suele estar asociado en buena medida a los costos, por lo que un incremento del tipo de cambio presiona los precios al alza. Repasemos:
- Autos: buena parte son importados o con componentes importados. Ya hubo anuncios por remarcaciones de 4% a 10%.
- Trigo: desde el 1 de julio a la actualidad se incrementó en 14,1%. Esto impacta en productos como pan, fideos, harina y galletitas.
- Maíz: desde el 1 de julio a la actualidad se incrementó en 18,8%, pegando en productos como pollo, cerdo, etc.
- Empresas como Mondelez, Unilever, AGD, Arcor o Mastellone han enviado listas de precios con incrementos que van desde 4% a 9%.
- Nafta: para equiparar el precio actual con el precio de paridad internacional debería haber un aumento de 9%. A contramano de su discurso liberal, el gobierno va a moderar el aumento para evitar un mayor impacto en precios previo a las elecciones.
- La energía esta dolarizada. Al igual que la nafta, el gobierno va a “pisar” las tarifas hasta las elecciones. El acuerdo con el FMI establece desregularlos a partir de diciembre.
Ahora bien, a la presión al alza ejercida por el tipo de cambio se contrapone la fuerte retracción de consumo. La caída en ventas de productos de consumo masivo como leche, carnes, yerba, pone en debate la posibilidad de llevar a precios el aumento de costos.
Es en este contexto, en el sector del consumo masivo ya avizoran la aparición del “desgramaje”, es decir, la reducción de peso en niveles poco perceptibles por el común de la gente: paquetes de galletitas que pasan de 200 gramos a 160 gramos, champúes que reducen su presentación de 200 a 190 ml, lentejas cuyo envase de 500 gramos se reduce a 400 gramos, o papas fritas, con paquetes de 45g a 40g. Esta modificación implica incremento de precios implícitos y mejora de la rentabilidad a la par de la caída de las ventas.
El problema no es sólo el incremento de precios. La decisión de privilegiar precio por sobre volumen tiene un efecto concreto: la reducción de la producción implica menos horas de trabajo, menos turnos o sencillamente menos puestos de trabajo. En definitiva, son los trabajadores los que pagan “los platos rotos”.
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