“Alemania Federal quería hacer unos Juegos para borrar un poco la imagen que se tenía de Berlín 36, de Hitler y el nazismo. Entonces, estos Juegos eran eso: vengan, entren, disfruten, traigan a sus amigos, miren que lindo es esto. Era todo muy laxo y flexible. Si hasta yo entré con gente conocida que vino a visitarnos. Todo el mundo entraba, era muy fácil ingresar a la Villa. Eso fue aprovechado por el grupo terrorista y así como debieron ser los Juegos de la apertura alemana al mundo, se recordarán siempre por la masacre de Múnich”, le explicó Luis Barrionuevo a C5N.com. Hace 50 años estuvo allí, en el lugar del hecho más trágico de la historia del olimpismo: fueron asesinados 11 israelíes por el comando terrorista Septiembre Negro.
Hace medio siglo, los vestigios de la Segunda Guerra Mundial estaban presentes en Alemania, que se encontraba dividida. De un lado del muro de Berlín, estaba la República Federal de Alemania y del otro Alemania Oriental (RDA). Bajo ese contexto, se desarrollaron los segundos JJOO en territorio teutón, con el objetivo de dejar atrás la edición de 1936, afectados por la presencia de Adolf Hitler y su política de segregación. Múnich 72 era la oportunidad de mostrar otra cara, de dar vuelta la página y comenzar una historia lejos del nazismo.
Alemania Federal, presidida por Gustav Heinemann, invirtió 1.400 millones de dólares para la construcción del novedoso estadio Olímpico, la Villa Olímpica y los diferentes escenarios deportivos. La vigésima edición de los JJOO recibió a 7.113 deportistas de 121 países. La delegación argentina, encabezada por el remero Alberto Demiddi, estuvo compuesta por 93 competidores. Entre ellos se encontraba Luis Barrionuevo, quien había sido campeón sudamericano de salto en alto en Lima 1971 y llegó a Múnich con la ilusión de su primera experiencia olímpica.
Antes de la cita, Barrionuevo pasó cinco meses en Berlín, donde hizo un entrenamiento a través de una beca que Alemania Federal le dio a dos deportistas de cada país sudamericano. Allí evidenció la crudeza de la división del pueblo alemán a través del muro instaurado en 1961. Luego, llegó el momento de ir a Múnich y para emprender el viaje eligió una ruta cercada y custodiada por el ejército de la RDA. Sin embargo, esa presencia militar intimidante que sintió mientras se trasladó en automóvil quedó atrás al arribar: “Me maravillé de lo que era la Villa Olímpica porque era mi primer Juego Olímpico. Lo que me llamó la atención fueron los edificios de última generación, los caños de gas y agua pintados de diversos colores que te guiaban. También me deslumbró el comedor porque me conecté con los mejores deportistas del mundo y ahí somos todos iguales”.
Delegación de Israel en Múnich 72
La delegación de Israel durante la apertura de los JJOO de Múnich 72.
La delegación de Argentina se ubicó en un edificio de cinco plantas. Justo enfrente, sobre la calle Connolly 31, se encontraba un inmueble de dos pisos, que compartieron los equipos de Uruguay e Israel. Los Juegos fueron inaugurados el 26 de agosto, 11 días después ocurriría el capítulo más sangriento de la historia del olimpismo: la masacre de Múnich. Ese 5 de septiembre, nunca será olvidado por Barrionuevo: “A cinco metros, cruzabas una calle, y estaba el edificio de Israel y Uruguay de dos plantas. ¡Justo enfrente de Argentina! Hasta ahí todo normal. Esa mañana me levanto para ir al comedor y luego para ir a entrenar, pero no me dejan salir. Había soldados, pero no nos explicaban por qué no podíamos salir, además era difícil entendernos con el idioma alemán. Tuvimos que dar una vuelta y salir por una entrada trasera”.
A las 4.15 del 5 de septiembre, ocho miembros del grupo terrorista Septiembre Negro habían ingresado a la Villa Olímpica al cruzar una pared. Estaban disfrazados de atletas y llevaban bolsos con ametralladoras. A los pocos minutos, ingresaron al edificio donde se encontraban los deportistas y entrenadores israelíes. Tomaron nueve rehenes y asesinan al pesista Yosef Romano y al entrenador de lucha, Moshe Weinberg. Ante el alboroto, llegaron 12 mil agentes de la Policía alemana y recibió como exigencia la liberación de 234 prisioneros palestinos en Israel y también de dos militantes teutones, Andreas Baader y Ulrike Meinhoff. Además, querían un avión para viajar hacia Egipto. Pero la primera ministra israelí, Golda Meir, no aceptó negociar.
Terrorista
Uno de los terroristas en diálogo con un enviado de la Policía.
“Desde el quinto piso empecé a filmar hacia el edificio de Israel y Uruguay. De golpe veo cuatro o cinco pseudo-atletas con ametralladoras en la mano. Reptando por la terraza. ‘¿Qué pasa acá? ¿Qué hacen estos con las ametralladoras?’, me pregunté. De golpe, veo en una ventana una persona con la cara tapada, con una media de nylon. Después me enteré que era uno de los terroristas a través de un llamado a Buenos Aires. Desde Argentina me contaron lo que estaba sucediendo. ¡Y yo vivía a 20 metros de ahí y no tenía idea!”, detalló Barrionuevo. Las maniobras de rescate, con policías disfrazados de deportistas, fueron transmitidas en vivo por canales de televisión, que los terroristas observaron desde una habitación, donde tenían secuestrados a nueve rehenes.
“Al otro día, estaba en el subsuelo del estacionamiento, y a muchos metros de distancia veo pasar a un micro y gente que sube. Eran los secuestradores que se iban con los rehenes al aeropuerto. Esa fue la última escena que tengo en la memoria”, se lamentó el ex preparador físico de Las Leonas al recordar el desenlace fatal. Es que el operativo de rescate diseñado por la Policía local fue desastroso, una misión suicida. En la madrugada del 6 de septiembre, en el aeropuerto militar de Fürstenfeldbruck, ubicado a 25 kilómetros de Múnich, los terroristas pensaron que tomarían un avión (se simuló un vuelo a El Cairo, que tenía como tripulación a agentes policiales). Pero se produjo un tiroteo y una explosión de una granada que derivó en el asesinato de los rehenes, de cinco secuestradores y un francotirador.
Aeropuerto militar de Alemania
El helicóptero explotó luego que un terrorista accionara una granada.
A pesar de la masacre, el presidente del Comité Olímpico Internacional, el estadounidense Avery Brundage, decidió que se reanudaran los eventos deportivos, que apenas estuvieron suspendidos por 24 horas. Sólo Israel, Países Bajos, Noruega y Filipinas retiraron a sus delegaciones. “Estoy seguro que, si hubiera existido la tecnología de hoy, los deportistas se habrían organizado y los Juegos no hubieran seguido. Pero el show debe continuar, el poder económico es tan fuerte y es evidente que, a pesar de los muertos y la catástrofe, se continuó. Nosotros como corderitos continuamos y participamos”, manifestó el saltador argentino que tenía 23 años en ese momento.
Las palabras de Barrionuevo sirven para dimensionar lo ocurrido hace cinco décadas: “Un país que necesitaba mostrarles al mundo que no eran los de la Segunda Guerra Mundial, que no eran lo que Hitler imponía con la raza superior, que eran como cualquier país y que se abría hacia el mundo. Querían que se recordara los Juegos por eso, sin embargo, serán recordados por la masacre de Múnich, lamentablemente. Así como disfruté de otros Juegos, que llegué y me fui feliz como integrante de cuerpos técnicos, no puedo decir lo mismo de mi primer Juego Olímpico, del único que participé como atleta, porque llegué con mucha alegría y me fui muy triste”.
Los 11 israelíes asesinados por Septiembre Negro
- David Berger (pesas)
- Ze'ev Friedman (pesas)
- Yossef Guttfreund (árbitro de lucha)
- Eliezer Halfin (lucha)
- Yossef Romano (pesas)
- Amitzur Shapira (entrenador de atletismo)
- Kehat Shorr (entrenador de tiro)
- Mark Slavin (lucha)
- Andre Spitzer (entrenador de esgrima)
- Yakov Springer (juez de pesas)
- Moshe Weinberg (entrenador de lucha libre)
Alemania pidió perdón por lo sucedido
El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, pidió perdón en una ceremonia para conmemorar el aniversario 50 de la masacre en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 contra atletas y miembros del equipo israelí.
"No podemos corregir lo que pasó. Estoy avergonzado. Como jefe de Estado de este país y en nombre de la República Federal de Alemania, pido perdón por la protección insuficiente de los atletas, por la resolución insuficiente de este asunto", aseguró el mandatario.
El gobierno alemán y las familias israelíes acordaron el viernes una oferta de compensación por un total de 28 millones de euros, con el gobierno federal aportando 22,5 millones de euros, mientras que 5 millones de euros provendrán del estado de Baviera y 500.000 euros de Múnich.
Los cambios en la seguridad a partir de Múnich 72
Los deportistas no utilizaban credenciales para identificarse, la Policía de Alemania no disponía de armas y tampoco había control sobre quién ingresaba y salía de la Villa Olímpica. "Múnich fue un antes y un después en la seguridad para la gente que vivía en la Villa Olímpica. Se demostró que no podía ser abierta y flexible para todos, sino exclusiva para los deportistas y entrenadores", explicó Barrionuevo, quien luego participó de otros seis JJOO como integrante de los cuerpos técnicos de los seleccionados de hockey, entre ellos de Las Leonas: "Mi segundo Juego fue en Seúl 88. Para entrar a la Villa tenías que pasar por tres controles y adentro convivíamos con el ejército coreano. O mismo en Londres 2012, que fue mi último Juego, sabíamos que estaba lleno de policías y de soldados, pero no sabíamos quienes eran, lo disimulaban".
Participación de Argentina en Múnich 1972
La delegación de Argentina logró una sola medalla en los vigésimos Juegos Olímpicos de Múnich 1972. La misma la ganó Alberto Demiddi, quien finalizó segundo en single scull y se quedó con la presea de plata. Así mejoró su performance de México 1968, cuando finalizó tercero.
Mark Spitz, la gran figura de Múnich 72
El deportista de mejor rendimiento en los Juegos Olímpicos de Múnich 72 fue el nadador estadounidense Mark Spitz, quien ganó siete medallas doradas y cada una de ellas con un récord mundial: 100 y 200 metros libres, 100 y 200 metros mariposa, y las tres carreras de relevos 4 x 100 libre, 4 x 200 libre y 4 x 100 medley. "Fue el emblema de esos Juegos por lo que ganó y los siete récords del mundo. Tenía origen judío y desapareció de la Villa. Se lo llevaron luego de la masacre. Siempre quedó latente que los atentados no solo podían ser adentro de la Villa sino también afuera en Múnich", describió Luis Barrionuevo.