Se bancó tres meses y medio de agencia libre, esperando una oferta que no llegaba y pocos creían que podía al fin llegar. Y esperó hasta el último día, cuando firmó su ansiado contrato (no garantizado) a horas del comienzo de la temporada.
¡Todo se bancó!
Incluso que algunos trasnochados e irrespetuosos lo llamaran Rotundo Fracazzo con una impunidad que sólo permiten las redes sociales de hoy.
Pero tanto en la vida como en el deporte parece que el que resiste gana. O, al menos, el que resiste cumple sus sueños. O sus objetivos. Y desde este lunes, cuando pasó la revisación médica, Campazzo empezó a disfrutar de su recompensa: de volver a estar en un vestuario NBA, con la pilcha puesta de su nuevo equipo, dentro de una gran franquicia, haciendo un tour por el centro de entrenamientos con su amigo Luka Doncic, luego participando de la primera práctica, ganando un torneo de triples y esperando con ansiedad el debut en Phoenix y, sobre todo, los nuevos entrenamientos para lograr un lugar en un muy buen equipo como son estos Mavs.
Por todo todo esto la victoria de Campazzo es mucho mayor que haberse quedado en la NBA. Su significado, su ejemplo. Todo lo que hizo vale mucho. Emociona. Inspira. Porque este muchacho, el mejor de nuestros basquetbolistas desde la mítica Generación Dorada, va más allá si gana o no. Si juega mucho o poco. Facu es querido. Muy. Es ídolo. Y todo va más allá. Por eso la gente lo ama tanto.
Dicho esto, pasada la emoción de los primeros momentos, a un amante de los desafíos como él le llegará la nueva meta: jugar lo más que pueda. Nada fácil para el comienzo. De entrada, no se puede soslayar que que Facu llega como el jugador N° 15 (de los 17 que hay, los otros dos son contratos duales que sirven tanto para la NBA como la liga desarrollo) y sin un contrato garantizado. Recién se garantizará el 10 de enero, automáticamente, pero para eso el argentino deberá permanecer en el plantel, demostrando que puede ser útil. Por lo pronto, Dallas le firma este acuerdo para tener flexibilidad, por si tiene una lesión en otra posición y necesita ocupar ese lugar en otro jugador del mercado. Lo que demuestra lo duro que es estar en la mejor liga del mundo, incluso en esos últimos lugares del plantel.
Por lo pronto, el equipo es de Luka Doncic, su amigo y ex compañero del Real que en estas tres temporadas se ha convertido en uno de los cinco mejores jugadores del mundo (tal vez top 3). El equipo es suyo y, lógicamente, hace y deshace. La pelota vive en sus manos y él toma decisiones, siempre, para anotar o pasar, porque si bien es una superestrella, tiene el concepto de juego en equipo que mamó en Eslovenia, primero, y luego en el Madrid, con Chapu Nocioni y varios españoles como sus principales consejeros.
Luka juega de todo en el perímetro, aunque siempre con la pelota en mano. El otro gran manejador de pelota -y segunda figura ofensiva- es Spencer Dinwiddie, que arrancará la temporada como primer suplente, aunque jugará mucho y, a veces, con Doncic. Luego viene Campazzo como manejador porque el francés Ntikilina, que es base, tiene característica más de wing, de jugar a un costado y anotar desde el tiro, la penetración o la cancha abierta. Facu es distinto. Es base-base, justamente una virtud en el básquet internacional pero ya no en la NBA, que cada día busca más jugadores versátiles y anotadores. Dos características que no son del capitán de nuestro seleccionado.
Pero, claro, él tiene otras cosas: buen manejador de tiempos, excelso creador de juego desde el pase, un chico con mucha creatividad, con determinación y personalidad para tomar decisiones. Mucho trabajó en su tiro en nuestro invierno, lo mismo que en sus otros recursos ofensivos que le permitan ser una mayor amenaza para las defensas. Uno de los factores positivos es la presencia de Jason Kidd como entrenador.
Se trata de uno de los mejores armadores de la historia que hizo su carrera, justamente, defendiendo como pocos en la posición y generando juego para todos. Hoy, si bien se busca otro tipo de bases, no hay nadie mejor que Kidd para bancar esas mismas virtudes que tiene Facu. Jason fue uno de los que más lo pidió, junto a Doncic, quien no presionó para su llegada pero sí dio el visto bueno y habló lo suficiente de las cualidades, en el juego y en la actitud, que tiene el argentino.
De hecho, ya fueron valiosas las primeras declaraciones de Kidd, hablando del rol que puede tener Facu. “Estábamos tratando de conseguir otro manejador de pelota. Lo necesitábamos. Surgió su nombre y todos estuvimos de acuerdo en que sería él. Siento que el lugar que nos faltaba lo completamos sabiamente.
Con él buscamos su ritmo, la capacidad de pasar y la forma en que puede encontrar a los anotadores. Incluso creemos que podrá hacer algunos desvíos y robos en los esquemas defensivos que tenemos. Va a ser interesante verlo en la cancha y el impacto que tiene. Es temprano para hablar de sus minutos, de su función, sólo le vamos a pedir que sea Campazzo, que sea él mismo, que dirija el equipo, creo que puede hacerlo”, dijo el coach, dando a entender que no le quitará la esencia, lo que hizo Mike Malone en Denver durante meses.
Por lo pronto, Facu eligió que usará el N° 2 en la camiseta, ¿será en honor a su actual DT, quien lo utilizó en su segunda etapa en Dallas, cuando fue campeón en el 2011? Es posible, teniendo en cuenta que el argentino nunca usó antes ese número y sorprendió a todos. Todas cuestiones que permiten hablar de un buen comienzo, aunque a veces los protagonistas declaran o hacen cosas para quedar bien, la verdad se verá en el parquet… Lo real es el perfil de Kidd, cómo fue cómo jugador y lo buen entrenador. Todas cosas que permiten pensar en que Facu tendrá sus chances. Además, hablamos de una franquicia que tiene cultura de básquet internacional y hace un culto a intangibles que lo favorecen.
Que la estrella sea Doncic es otro argumento. FC7 admitió ayer que Luka lo ayudó mucho en el proceso previo a la contratación y en estas primeras horas en Dallas. Ayer, tras la revisación médica, le hizo un tour por el centro de entrenamiento y hoy se lo vio, armando un trío, para competir en un torneo de triples que ganaron junto a Christian Wood. La relación siguió después que el esloveno se fue de Madrid. “Hablábamos y nos mandábamos mensajes”, reconoció Facu. Ojalá que esa onda fuera de la campo sigue en la cancha, como pasó en la temporada que compartieron cancha. Era otro Doncic, menos dominante, pero en el Real formaron una dupla mágica.
Los otros otros cinco perimetrales en el plantel -nueve en total para repartir roles y minutos- son Tim Hardaway, Theo Pinson, Jaden Hardy, Josh Green y Reggie Bullock. Se podría sumar a Tyler Dorsey y McKinley Wright, escolta y base que en principio vienen por detrás al tener contratos duales, que se firman tanto para la NBA como para la G-League. Kidd, que es entrenador desde hace nueve años y viene de su mejor resultado, una primera muy buena campaña con los Mavs (récord de 52-30) que terminó en una sorpresiva final del Oeste, ya adelantó quiénes formarán parte de la segunda unidad. Dinwiddie será su líder, junto a Tim Hardaway Jr, Green, Maxi Kleber y Christian Wood. Sorprendió porque Dinwiddie y Hardaway son dos de los mejores jugadores, al menos ofensivamente, y saldrán desde el banco. Eso deja a Hardy como la mejor opción para acompañar a Doncic, Bullock, Finney Smith y McGee en el quinteto titular.
Toda esta estructura deja, a priori, a Facu afuera de la segunda unidad, necesitando hacer méritos para poder sumarse y ganar un lugar. El argentino caería en un posible tercer quinteto, dentro de un roster muy profundo y versátil, que uno supone que le dará algunas chances de jugar, teniendo en cuenta que la temporada es larga y, por lesiones, bajones o necesidades distinta del equipo, las rotaciones de quienes juegan suelen variar durante seis meses.
Igual, está claro que no es la mejor situación, sobre todo para quien demostró en Europa y desde el 2019 para acá, a nivel de Selección, que es uno de los mejores armadores FIBA. Pero, como se dijo, la NBA es la NBA, tiene su propio estilo y particularidades. Facu lo sabe y no reniega de eso. Pedía otra oportunidad para demostrar que puede. Y la tendrá. Veremos cuántos minutos son los que logra ganar… Porque, se sabe, sin minutos, también es imposible demostrar.
Dicho esto, Dallas puede ser un lugar interesante para él. Porque, como dijo Kidd, el equipo necesita un base que maneje la pelota, que genere juego y pueda defender con consistencia, sobre todo siendo revulsivo, saliendo desde el banco. Y así, de a poco, ganarse un lugar que, al principio, seguramente no estará, al llegar a un equipo armado y con roles ya asignados.
Es posible que, cuando lo vean entrenar y entregarse, comience a ganar valoraciones de un entrenador que lo conoce desde hace años, incluso antes de llegar a la NBA (ver foto en 2014). A eso aspira el argentino. Tampoco es menor que Doncic, el amo y señor del equipo, lo conozca bien y sepa lo que puede dar, en el juego y en lo actitudinal, incluso su aporte social en el vestuario.
En fin, de cómo estaba la situación hace algunos días, se presentó una propuesta deportiva interesante, que Facu puede aprovechar y volverla a su favor. Porque, en definitiva, cada chance siempre depende de cómo la aproveches… Y más en este bravísima NBA, cruda y cruel como siempre, pero con un nivel de talentos y de características que no está hecha para petisos. Pero, claro, Campazzo ha superado desafíos toda su vida y en esta ocasión no fue menos. Tuvo paciencia, demostró su temple y se bancó todo. Con una resiliencia que ha sido marca registrada en su carrera.