Un estudio sobre el consumo de los jóvenes de la Generación Z determinó que son un grupo que dejó de salir a comer afuera por la "ansiedad". Esta decisión tiene que ver con la espera que generalmente hay a la hora de pedir una comida.
Un informe de la cadena de restaurantes británicos Prezzo determinó que los centennials padecen nervios y temor a la hora de hablar con con los camareros para pedir su menú.
Un estudio sobre el consumo de los jóvenes de la Generación Z determinó que son un grupo que dejó de salir a comer afuera por la "ansiedad". Esta decisión tiene que ver con la espera que generalmente hay a la hora de pedir una comida.
El informe fue realizado por la cadena británica Prezzo, con una encuesta realizada a más de 2 mil personas sobre si se sentían cómodas cuando salían a comer fuera: el 34% de los jóvenes de 18 a 24 años admitió que pide a otros comensales que hablen con los camareros en su nombre porque están demasiado nerviosos para hablar.
Se trata de una porcentaje significativamente superior al nivel medio de ansiedad que sienten los clientes, ya que la media general de los que se sienten incómodos hablando con el personal de sala se sitúa en el 21 por ciento.
La encuesta reveló que muchos de ellos siguen sufriendo ansiedad social como consecuencia del COVID-19. Es decir, que perdieron la rutina de salir a comer afuera por la pandemia y ahora no resisten la demora hasta que llega su menú.
Aunque alrededor de la mitad de los clientes remarcaron que consultarían el menú antes de salir a cenar, casi el 40% de los clientes de la Generación Z que simplemente no saldrían a cenar si no pudieran consultar el menú antes.
Este es un tipo frecuente de trastorno de ansiedad donde la persona siente síntomas de ansiedad o temor en situaciones en las que otros pueden estar analizándolos, evaluándolos o juzgándolos, como al hablar en público, conocer gente nueva, salir con alguien en una cita, asistir a una entrevista de trabajo, responder una pregunta en clase, o tener que hablar con un cajero en una tienda.
Además, otros ejemplos de la cotidianeidad son: hacer cosas rutinarias, como comer o beber frente a otras personas o usar un baño público, también le puede causar ansiedad o temor debido a la preocupación de ser humillado, juzgado o rechazado.