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Flores cumple 220 años: el barrio del papa Francisco y de las mil caras

Fundado como un pueblo separado de la ciudad y hogar de múltiples colectividades, alterna actividad comercial con calles tranquilas, mientras lucha por adaptarse a los cambios, tal como viene haciendo hace más de dos siglos.

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  • El barrio porteño de Flores, el antiguo pueblo bonaerense absorbido por la capital, el que vio nacer al papa Francisco, el quinto más grande de la Ciudad, el que contó con la primera calesita en su plaza central donde se fusiló gente, el que tiene a uno de los cementerios, el centro de movilidad atravesado por decenas de colectivos, cumple este domingo 220 años.

    Así como el recordado Ernesto Cherquis Bialo habló de la existencia de muchos Maradonas, también hay varias identidades de Flores. El historiador barrial Roberto D'Anna enumera: "Están el centro; la zona VIP o de las ex casas municipales; la de la Autopista; la de la villa 1-11-14; la del sur, vecina de la anterior, con humildes progresos; la de las vías, donde conviven edificios y casas tomadas, y el norte, invadido por el centro comercial Avellaneda, con talleres de costura clandestinos y prostitución".

    Los inicios de San José de Flores

    El 31 de mayo de 1806, el virrey Rafael Sobremonte, aquel de tendencias huidizas durante la primera invasión inglesa, autorizó la creación de la nueva parroquia, dedicada a San José. El nombre de la iglesia se completó con el apellido de la familia dueña de las tierras: los Flores. Ramón Francisco, hijo adoptivo de Juan Diego Flores, heredó la propiedad y, junto a su administrador, Antonio Millán, decidió realizar un pequeño loteo en lo que por ese entonces era una zona alejada de la ciudad, que en ese entonces a duras penas llegaba hasta la actual avenida Callao.

    Con los años, el poblado fue creciendo, con el Camino Real (actual Rivadavia) como columna vertebral. Se convirtió en zona de quintas, como lugar de descanso de las familias acaudaladas del centro. Fue en una de ellas, la de Juan Nepomuceno Terrero, en las actuales Boyacá y Rivadavia, donde en 1859 se firmó el Pacto de San José de Flores, que significó la reincorporación del Estado de Buenos Aires a la Confederación Argentina tras la escisión de 1852.

    Basílica de San José de Flores

    El edificio actual de la Basílica de San José de Flores, en la ubicación del templo original, fue inaugurado en 1883.

    Poco antes, en 1857, Flores había sido uno de los escenarios de una de las innovaciones más trascendentes de la época: el ferrocarril, que pasó por allí en su primer viaje desde el centro hasta Floresta. Las vías trajeron el consiguiente desarrollo y permitieron el rápido crecimiento de la zona, aunque también la condicionaron: todavía hoy, miles de automovilistas y pasajeros de colectivo padecen a diario las esperas en el temible paso a nivel de Nazca.

    Durante varias décadas, San José de Flores, convertido en partido bonaerense, se mantuvo apartado de la gran ciudad, como un pueblo que daba la bienvenida a la extensa pampa. Esto cambió, al menos en lo administrativo, cuando en 1888 abandonó la provincia y fue incorporado a la Capital Federal junto con el partido de Belgrano. Sus tierras comprendían todo el actual oeste y sudoeste porteño, que con el tiempo fue urbanizándose y tomando identidad propia, relegando a Flores a una franja de 7,8 km² que se extiende de norte a sur con epicentro en la Plaza General Pueyrredón, llamada Plaza Flores por todo el mundo.

    El vecino ilustre: el papa Francisco

    El 13 de marzo de 2013 marcó la vida del hijo más famoso del viejo pueblo de San José de Flores. Jorge Bergoglio, aquel chiquilín que jugaba a la pelota en la placita de Membrillar y Bilbao, que iba a la escuela de Varela y Directorio y que decidió abrazar su vocación religiosa tras sentir el llamado de Dios en la propia Basílica de San José de Flores, se convertía en el papa Francisco.

    Tras ser declarado obispo de Roma, nunca volvió al barrio, pero sí tuvo, sin saberlo, una despedida. Una de sus últimas misas en público en Buenos Aires fue en ocasión de las Fiestas Patronales de la Parroquia Virgen Inmaculada de Lourdes. Se levantó un altar en Pumacahua y Ramón Falcón, donde Bergoglio presidió la oración frente a unas 1200 personas. Ese mismo día, el 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI había sorprendido al mundo anunciando su renuncia al trono de Pedro, un cambio que marcaría también el destino de aquel cura florense.

    mural papa Francisco Flores Martín Ron Alberdi Carabobo Ciudad de Buenos Aires

    El mural del papa Francisco en Alberdi y Carabobo.

    Hoy, su imagen saluda a quienes ingresan al barrio desde el este por Alberdi. En la esquina con Carabobo, un mural del reconocido artista Martín Ron presenta al Papa en primer plano, con una sonrisa cálida y saludando con su mano derecha, ataviado con una sotana negra y el tradicional alzacuellos, el atuendo sencillo y humilde que siempre lo caracterizó.

    Detrás, puede verse una escena cotidiana de Plaza Flores: una escultura de ese espacio verde, la tradicional basílica, la estación de subte y la estación de tren. Una persona con la camiseta de San Lorenzo, el club de los amores de Francisco (y que vive en Flores en su exilio de Boedo), completa el panorama.

    Las mil caras de Flores:

    Más allá de su atiborrada área céntrica, con actividad comercial durante el día y edificios de departamentos intercalados con antiguos caserones tomados o convertidos en geriátricos, Flores cuenta con otras zonas que lo conforman.

    Una de ellas es el polo textil con eje en avenida Avellaneda. Si bien buena parte se encuentra en Floresta, en el imaginario popular es relacionado a Flores, y es una de las referencias obligadas para la compra de la ropa al por mayor y para quienes buscan precios y se resisten a las plataformas asiáticas. Allí se asentó una de las comunidades fuertes del barrio: la judía, con varios templos y otras instituciones en la zona.

    Otra colectividad con presencia es la boliviana, con epicentro en el Bajo Flores, una zona históricamente relegada por su escasa altura, referida en su nombre, que la hacía víctima de frecuentes inundaciones cuando era un bañado lejano. Allí hay varios conjuntos habitacionales de vivienda social y la villa 1-11-14, conocida también como Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli, que es escenario de la celebración de la Fiesta de la Virgen de Copacabana, una de las expresiones religiosas más importantes de ese grupo inmigrante.

    Embed - "Las ventas CAEN, cada año es PEOR": cada vez CIERRAN más locales en FLORES

    Muy cerca de allí encontró su lugar hace varias décadas la comunidad coreana, con un tramo de avenida Carabobo marcado por la agitada actividad comercial oriental, con restaurantes, supermercados y varias instituciones.

    Más al norte, las antiguas casitas municipales y sus calmas manzanas tallarín, llenas de árboles y de tranquilidad, conforman un paisaje arquitectónico destacado y una zona muy solicitada por las familias que quieren poner pie en el barrio.

    Durante buena parte del siglo XX, Flores supo tener un destacado número de salas de cine (hoy queda solo un complejo, el antiguo Rivera Indarte), que se combinaban con el febril movimiento de las pizzerías, bares y confiterías para constituir un plan nocturno perfecto. Pero no es el único movimiento cultural del barrio: escritores como Roberto Arlt, Alfonsina Storni, Oliverio Girondo y Baldomero Fernández Moreno supieron vivir allí, y hoy es posible cruzarse con César Aira en cualquier esquina.

    Casa de Baldomero Fernández Moreno Bilbao Robertson Flores

    La antigua casa de Baldomero Fernández Moreno en Flores, en Francisco Bilbao y Robertson.

    También fue el lugar elegido por Alejandro Dolina como hogar de sus Hombres Sensibles, la barra del Ángel Gris, quienes desde la revista Humor hasta su publicación como volúmenes propios vivieron sus desventuras en las calles del barrio, nunca habitado por su creador. En 2009, la plaza entre Avellaneda, Donato Álvarez, Bogotá y Cálcena dejó de homenajear con su nombre al dictador Pedro Eugenio Aramburu para pasar a llamarse Plaza del Ángel Gris, por elección de los vecinos.

    Naturalmente, al charlar con viejos vecinos, brota el concepto de que el barrio "ya no es lo que era" y la nostalgia evoca épocas lejanas, de la que sobreviven apenas un puñado de comercios e instituciones. Otros quedaron atrás, como el caserón de Antonio Millán en Alberdi y Pedernera, el más antiguo que quedaba en todo el oeste porteño, demolido en 2000. Sin embargo, lo cierto es que Flores permanece y sigue yendo hacia adelante con sus múltiples identidades, que van construyendo su lugar en el mundo.

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