¿El mundo del trabajo es igual para todas las personas? Si bien está en constante evolución, los cambios que se dieron en el último siglo fueron monumentales. A comienzos del siglo XX, era casi imposible encontrar mujeres profesionales. Fue recién a mediados del siglo XX que comenzaron a insertarse masivamente en el mundo laboral y universitario. Previamente, eran pocas las que salían de la esfera doméstica y participaban de la vida pública (generalmente criticadas, juzgadas, perseguidas).
¿El mundo del trabajo es igual para todas las personas?
Los cambios en el mundo del trabajo a lo largo del tiempo han cambiado enormemente, pero todavía queda mucho por andar. Las mujeres y las minorías siguen encontrándose con muchas limitaciones y normas no escritas que dificultan su acceso al mundo laboral.
Desde esos tiempos, muchas cosas han cambiado, por suerte. Pero todavía hay dificultades en el acceso y el avance de las mujeres en el mundo laboral, y esto recrudece cuando están en edad de maternar, cuando se trata de personas del colectivo LGBTIQA+, de personas mayores, o de personas racializadas. Para las mujeres y para las minorías, hay ciertas normas no escritas, que es interesante conocer para poder empezar a cambiar.
Estas desigualdades son aprendidas, y se basan en construcciones sociales, a partir de las cuales se adjudican distintos roles a las personas en función de su sexo biológico, su origen, su edad.
Si ponemos el foco en el rol de las mujeres en el mundo laboral, vemos que las desigualdades siguen presentes: según el Ministerio de Economía, en el segundo semestre del 2022 las mujeres ganaron un 27.7% menos que los varones en Argentina; solo 1 de cada 4 managers es mujer y solo 2 de cada 10 empresas tiene una CEO mujer. Son muchas las explicaciones en torno a esta problemática: la carga de cuidados y de trabajo doméstico (las mujeres dedican el doble de tiempo que los varones), los estereotipos y sesgos de género -externos e internos-, falta de interés, discriminación, cultura machista… Las causas son múltiples y más sutiles y profundas de lo que parecen.
Según su condición socioeconómica, las mujeres encuentran distintas dificultades a lo largo de sus trayectorias laborales y esto se ve reflejado en la feminización de la pobreza. Según el Observatorio de las Violencias y Desigualdades por Razones de Género , en los deciles de menores ingresos encontramos un 64% de mujeres, mientras que en el de mayores ingresos, un 36%.
Para explicar los distintos obstáculos que se encuentran en el mundo laboral las mujeres y que se convierten en una limitación a las posibilidades de empoderamiento económico, se fueron generando distintas metáforas: porque nombrar, ayuda a traer claridad y poder pensar estrategias para acelerar el cambio.
Los pisos pegajosos refieren a la dificultad de las mujeres de desarrollarse en el mundo laboral, por ser quienes dedican mayor cantidad de tiempo a las tareas de cuidado y domésticas. Esto implica doble y triples jornadas, además de más empleo informal y más rotación laboral. Estos afectan mayormente a mujeres de bajos ingresos, con participación laboral precaria y enormes dificultades para mejorar sus condiciones. Según un informe de la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires publicado en marzo de 2023, cuando las mujeres de estos sectores consiguen un empleo, es de menos horas de las que desearían y necesitan trabajar más para asegurar sus condiciones materiales de vida: el 21,8% de las mujeres que trabajan están subocupadas.
Las escaleras rotas, por su parte, refieren a la interrupción de las trayectorias de mujeres con educación secundaria, de hogares de ingresos medios, que sufren de falta de redes de protección que colaboran en prevenir deslizamientos hacia los pisos pegajosos, siendo muy volátiles a los cambios del mercado.
En cambio, los techos de cristal y los acantilados de cristal son generalmente limitaciones para mujeres profesionales que accedieron a puestos de cierto nivel. El techo de cristal es una última brecha de género que experimentan las mujeres que logran sostener sus trayectorias laborales, en relación al acceso a puestos de poder. Solo el 28% de las mujeres ocupan puestos de decisión en el sector privado.
El acantilado de cristal afecta a las mujeres que sí llegan a puestos directivos. Tienen más posibilidades de ser elegidas para liderar en períodos de crisis o recesión, aumentando las posibilidades de fracaso y arriesgándose a ser responsabilizadas por resultados anteriores a sus nombramientos.
Pero las paredes de cristal (señalan la segregación ocupacional horizontal de las mujeres, que en general trabajan en sectores menos dinámicos y peor remunerados, como salud, educación, recursos humanos, administración, comunicación, entre otros) y los techos de cemento (las barreras autoimpuestas por las mujeres a la hora de acceder a promociones, por las dificultades y costos que puede generarles el intento de conciliar entre la vida laboral y la vida personal, amorosa y familiar) afectan a mujeres de todas las clases sociales.
Estas realidades son aún más difíciles para las personas racializadas; las personas trans, no binaries y del colectivo LGBTIQA+; y para las personas en edad de xaternar o con hijxs.
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