Cada 7 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Metalúrgico, una efeméride que no surge de la fecha de inauguración de una fábrica o del inicio de las actividades en el país, sino de una figura capital de una epopeya que forjó a la nación: el cruce de los Andes. En ese viaje épico, un hombre silencioso resolvió el desafío de ingeniería y permitió trasladar equipamiento entre las montañas para cumplir con la gesta libertadora de América.
Se trataba de un fraile franciscano, con el hábito salpicado de tizne y las manos endurecidas por el metal hirviente: Fray Luis Beltrán, nacido en San Juan el 7 de septiembre de 1784.
El Plumerillo, el primer gran parque industrial improvisado de América del Sur
Al caminar hoy por el departamento de Las Heras, en Mendoza, es difícil dimensionar lo que ocurrió en ese pedazo de tierra seca entre 1815 y 1816. Allí donde el ruido del tráfico urbano lo abarca todo, funcionó El Plumerillo, un taller en el que llegaron a trabajar 700 personas, entre obreros, artesanos y herreros.
Fray Luis Beltrán no tenía un título de ingeniero. Era un autodidacta absoluto, un transeúnte de la ciencia que aprendía mirando, probando y desarmando. Cuando José de San Martín lo puso al frente de la maestranza militar en marzo de 1815, la consigna parecía una utopía: fabricar desde cero el armamento para más de cinco mil hombres sin presupuesto, sin minas de extracción y en medio de la nada.
La solución de Beltrán tuvo la impronta criolla del ingenio y la invención. ¿Faltaba bronce para fundir los cañones? Hizo bajar las campanas de las iglesias mendocinas para meterlas en el crisol. ¿Faltaba carbón? Organizó la recolección de leña en los alrededores. ¿Los cañones de dos toneladas se atascaban en las cornisas de la cordillera? Diseñó las zorras, unos carros de tracción baja y ruedas reforzadas, cunas de cuero crudo para proteger los tubos, sistemas de poleas con cabrestantes y puentes colgantes que se armaban y desarmaban como un mecano gigante.
_El Ejército de los Andes saliendo del campamento El Plumerillo_, óleo de José Bouchet.
Museo Histórico Nacional
Quienes lo vieron trabajar en esos días calurosos de preparación cuentan que dormía apenas un par de horas sobre un jergón de paja, rodeado por cientos de artesanos, herreros y carpinteros reclutados que golpeaban el hierro al ritmo de un latido frenético. De esa fragua salieron pistolas, sables, herraduras adaptadas para no desgarrarse en la piedra andina y las carretas de centro de gravedad bajo que esquivaron el abismo.
Para mover aquella mole de hierro por la cordillera en enero de 1817, Beltrán comandó a un ejército paralelo de más de doscientos obreros y peones de montaña armados con picos, palas y las famosas zorras de su invención. Gracias a eso, cada cañón avanzó con 120 disparos en Chacabuco, acompañados por 900 mil cartuchos de fusil, lo que le valió al fraile una medalla de plata.
Tras el desastre de Cancha Rayada, cuando el ejército patriota perdió absolutamente todo y el arsenal quedó reducido a solo cinco piezas inservibles, Beltrán, en apenas 17 días, organizó una leva desesperada en Chile convocando a hombres, mujeres y adolescentes para trabajar día y noche en las fraguas. Producían miles de proyectiles diarios y lograron montar 22 cañones a tiempo para la batalla decisiva de Maipú. De sus manos nacieron las armas que sellaron la independencia chilena y, luego, los fuegos artificiales para festejarla.
La estatua de Fray Luis Beltrán en Campo de Mayo.
Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral
Su periplo no se detuvo ahí. En 1820 embarcó desde Valparaíso hacia la campaña del Perú, donde instaló sus talleres en Lima y Trujillo, para proveer de municiones a cada expedición libertadora y alimentar la artillería que más tarde triunfaría en Junín y Ayacucho.
Sin embargo, el final fue amargo: tras un cruce injusto con Simón Bolívar, quien amenazó con fusilarlo por un mínimo retraso en el embalaje de un parque, Beltrán cayó en una profunda depresión que lo llevó a intentar quitarse la vida. Murió años más tarde en Buenos Aires, desvinculado de los grandes honores en vida, pero despedido con guardia militar en su traslado a la Recoleta.
Por qué se celebra el Día del Metalúrgico en la Argentina
En homenaje a Fray Luis Beltrán y su labor, el Convenio Colectivo de Trabajo (CCT 260/75), celebrado entre la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y cámaras empresarias, establece al 7 de septiembre como Día del Metalúrgico, una jornada en la que "no se cumplirán tareas en los establecimientos de la industria".
Los trabajadores metalúrgicos celebran su día el 7 de septiembre.