En medio de la ola polar que atraviesa al país y particularmente a la Ciudad de Buenos Aires, esta semana se conoció la dura noticia de la muerte de un hombre en situación de calle que vivía en el barrio porteño de Villa Crespo y puso la lupa sobre el delicado contexto en el que viven quienes no tienen hogar.
Distintas realidades bajo un solo escenario: el drama de vivir en la calle
El último censo anual reveló que 3511 se declararon personas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires, constituyendo un aumento de más del 34%. Por elección o necesidad, muchas de ellas atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad.
Gonzalo Piromalli es un vecino de Villa Del Parque que se dedica, hace más de cinco años, a asistir a personas en situación de calle. Tras haber pasado por dos espacios solidarios, uno en el Centro de Jubilados Ramón Carrillo de Villa Devoto y otro en el barrio de Villa Luro, hoy hace recorridas por su cuenta.
“Salimos todos los jueves y es todo a pulmón. Me ayudan en el barrio y lo puedo hacer gracias a Iván, dueño de una fábrica de pastas que me dona los sobrantes y también a Vale, una amiga que me da una mano con las recorridas”, cuenta.
El hombre destaca el trascendental rol de los clubes de barrio en este tipo de acciones solidarias y que también tuvieron un enorme protagonismo durante la pandemia: “Lanús, All Boys, Comunicaciones, Lamadrid y Argentinos Juniors; estos últimos clubes de la zona, siempre me han dado una mano”.
El último censo reveló que en la Ciudad de Buenos Aires viven 903 personas en situación de calle, aunque el relevamiento anual por parte del Gobierno porteño a través del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat indicó que son más de 3500, reflejando un aumento que superó el 34% entre abril 2022 y 2023. Esta cifra, no obstante, ha sido observada en reiteradas ocasiones por distintas organizaciones sociales.
Cómo es vivir en la calle: verlo en primera persona
¿Cómo viven? ¿Tienen documentos? ¿Acceden a controles médicos? Estos son algunos interrogantes que surgen al momento de pensar en el estilo de vida de las personas que viven en la calle porque no tienen opción por el momento o bien, porque también lo eligen.
A lo largo de todos sus años de vocación para servir al prójimo, Gonzalo lo detalla más a fondo: “Aprendí que a la gente le gusta estar en la calle porque no tiene reglas, mantiene su propio horario y en general está en consumo. Le podés ayudar con un plato de comida y dirección de parador, pero a veces lo que podemos hacer llega hasta ahí”.
Las historias son variadas, aunque en su mayoría se trata de gente que vive bajo extrema vulnerabilidad: “Me encuentro con situaciones terribles, de gente golpeada sobre todas las cosas. Muchas veces me cuentan que son víctimas de una violencia extrema, dado que los prenden fuego o les roban cuando están durmiendo”.
Y va más a fondo, subrayando que el segmento demográfico que muestra mayores carencias es el de las mujeres y los niños: “Es muy normal ver a niños sin asistir al colegio, sin útiles y también con hambre”.
Opina que entre las mujeres, en tanto, es habitual que vivan sin atención médica cuando están embarazadas, sin anticonceptivos y también sin bañar.
Si bien existen paradores en la Ciudad de Buenos Aires, muchas personas eligen no vivir allí por distintos motivos. Según el hombre, uno de ellos tiene que ver con que les exigen no estar bajo consumo de drogas ni alcohol y también les solicitan no pelear.
La pandemia, que produjo un fuerte impacto en la economía mundial, también generó que muchas personas perdieran su hogar, provocando una nueva “generación de personas en situación de calle”.
Es por eso que la tarea de las organizaciones sociales y voluntarios y voluntarias que asisten a personas con este tipo de problemáticas se profundizó y trasciende las donaciones ocasionales, alcanzando así los derechos ciudadanos y hasta más básicos de una persona.
“Más allá de darles una gaseosa, postre o un plato de comida caliente, yo trato de darles información. Por ejemplo, les digo dónde pueden recibir atención médica o dónde pueden ir a bañarse. Lo mismo sucede con la documentación en las comunas”, relata Gonzalo, quien asegura ser conocido en el barrio por su labor solidaria.
A título personal, aclara que “a nadie le debe gustar vivir en la calle”. Desde ya cada situación es particular, pero remarca: “Mucha gente de la que ayudé pudo salir adelante. Gracias a la ayuda de los vecinos o también al asistir a comedores y paradores, consiguieron trabajo y lograron reinsertarse”.
¿Existen soluciones a esta problemática?
Gonzalo propone, para mejorar este alarmante presente, mayor información por parte del Estado para este segmento de la población a partir de campañas offline en calle y en televisión que indiquen cómo satisfacer sus necesidades básicas.
Asimismo, en cuanto a lo social, insiste en que las instituciones son quienes deben dar el primer paso para involucrarse y hacer un lugar más amable para estas personas.
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