¿Qué tiene Virginia? ¿Cuál es ese "no se qué" a su favor? Veamos:
En las tardes de lluvia, el programa es un canto al suicidio. Virginia Lago es tan buena persona, que el resto de la farándula parecen demonios. Las películas que pasan hacen llorar hasta a las piedras.
Pero Virginia es buena, y ver bondad en la tele no es moco de pavo. Si de mocos se trata, nada mejor que una catarsis con sus películas para llorarse todo. Hacer que "Lo que el viento se llevó" haga diez puntos de rating a 100 años de su estreno merece una cucarda. Entre tanta chiruza cascoteada y escándalo bizarro, entre Zulma Lobato amenazada por un chino, o Agostini y Nazarena capítulo 34587, la tía Virgi es el oasis. Recupera el espíritu de "Función privada" sin el licorcito de Rómulo Berruti, pero sabe rico igual. Con un sillón, tres potus, una ventana sin vidrios y un televisor Grundig del 86, hace un éxito. Virginia da consejos, habla con las plantas, recibe miles de mails y habla suave en medio de una tele gritada, y sale mucho más barato que Susana.
Calladita y susurrante te deja listo para una siesta después de los mates, sin necesidad de acudir al Rivotril. Aunque abusa del tono didáctico por excelencia y algunas pelis son una patada en las bolas, ella se mantiene estoica y además le dan un Martín Fierro. ¡Agarrate!