Cazzu: de Jefa del Trap a Reina del Latinaje

En una nueva edición de La Pista de la Música y en la previa de sus shows en el Movistar Arena, hacemos un recorrido por la carrera de Cazzu, su marca artística como Jefa del Trap y el reto de retratar el sonido latinoamericano en su último disco Latinaje.

Su infancia y adolescencia en el norte argentino moldearon su mirada artística: una mezcla de fuerza y vulnerabilidad que luego se transformaría en el corazón de su obra. A los 11 años ya cantaba folklore en bares y fiestas locales, y aunque debutó en la música bajo el nombre Juli-K dentro de la cumbia, el trap terminó siendo el espacio donde encontró su verdadera identidad.

En 2017 publicó Maldade$, un debut que marcó el inicio de su recorrido en el under, pero fue con Killa cuando ganó respeto en la escena hip hop local: un track filoso, oscuro, con barras que unían fragilidad y calle. Poco después sorprendió con Hello Bitches, donde introdujo un mensaje de sororidad y feminismo que incomodó a la escena pero abrió un camino para muchas artistas.

La colaboración en Loca con Khea y Duki la catapultó al mainstream y, con la posterior participación de Bad Bunny en el remix, se convirtió en protagonista de uno de los momentos más icónicos del trap argentino: aquel Luna Park que consolidó al género como fenómeno masivo en el país.

Un año después, Chapiadora afianzó su sello: tomar un insulto dirigido a mujeres independientes y transformarlo en bandera de empoderamiento. La canción funcionó como manifiesto de autonomía femenina dentro de un género que hasta entonces había reforzado estereotipos.

En 2019 llegó Error 93, un disco que expandió horizontes. Cazzu se animó a fusionar trap con R&B y sonidos internacionales, y lo hizo acompañada de figuras como Lyanno, Rauw Alejandro y Dalex. Canciones como Nada mostraron un costado sensual y vulnerable sin perder filo. Ese mismo año, su presencia en Tumbado el Club —uno de los himnos generacionales del trap argentino— la instaló como la única mujer de aquel junte histórico y como figura central de la camada que exportó el género a Latinoamérica y España.

En 2020, lejos de buscar zonas de confort, lanzó el EP Bonus Trap, que incluyó Bounce, un track que desató polémicas. Su letra explícita y un videoclip cargado de imágenes provocadoras generaron debate: ¿cosificación o empoderamiento? Para Cazzu, la respuesta fue clara: el trap también podía ser femenino, crudo y poderoso.

La consagración llegó en 2022 con Nena Trampa, un disco que trascendió etiquetas. Trap, reggaetón, turreo, RKT y atmósferas oscuras se mezclaron en un universo que contó con colaboraciones de María Becerra, Young Miko, La Joaqui, Justin Quiles y Ñengo Flow en su versión Deluxe. Ese trabajo la llevó a giras internacionales y a llenar el Movistar Arena, confirmando que el trap ya no era un fenómeno temporal, sino una música capaz de mover multitudes.

La maternidad la encontró en un momento de madurez. En 2023 nació Inti, su hija junto a Christian Nodal. Tras la separación en 2024, Cazzu eligió el silencio estratégico: en lugar de exponer su intimidad, se replegó para protegerla, demostrando que incluso en la sobreexposición mediática se puede elegir la autonomía.

Este 2025 publicó su primer libro, Perreo, donde trasladó su voz a la escritura. Allí reflexionó sobre cultura urbana, feminismo, deseo y poder, legitimando al género como objeto de análisis cultural y no como un simple producto descartable de la pista de baile.

Ahora, con su último disco, Latinaje, Cazzu encara un nuevo capítulo. El disco revisita sus raíces, mezcla trap con folklore, cumbia, reggaetón, salsa, corridos y atmósferas experimentales, y plantea un manifiesto sobre identidad y pertenencia. Ya no se trata solo de reinar en el trap: se trata de encarnar la complejidad de lo latinoamericano.

Por eso, más que una estrella, Cazzu es un símbolo. La Jefa del Trap que ahora se erige como Reina del Latinaje, una artista que convirtió su historia en un relato colectivo y que redefinió los límites de la música urbana en la región.