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Abusos, desdén y un solo amor leal: el rol fatal de los hombres en la vida de Marilyn Monroe

Criada entre hogares de acogida y orfanatos, la gran diva de Hollywood fue víctima de la violencia y el machismo desde la infancia y a lo largo de toda su carrera. A un siglo de su nacimiento, su historia da cuenta del altísimo precio que debió pagar para convertirse en un mito de la cultura popular del siglo XX.

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  • A un siglo de su nacimiento, la figura de Marilyn Monroe continúa despertando fascinación, pero también reflexiones bastante alejadas de un glamour que ocultó los feroces maltratos que marcaron su vida y su carrera. Canonizada como uno de los íconos más reconocibles del siglo XX, su historia estuvo signada casi desde la cuna por una sucesión de abusos, vínculos atravesados por el control masculino y una búsqueda constante de afecto y reconocimiento que contrastaba con la imagen que Hollywood siempre quiso proyectar sobre ella.

    Detrás del mito existió una mujer que atravesó la violencia desde la infancia y que debió enfrentar durante toda su vida el peso de una sociedad y una industria profundamente machista.

    El alto precio del "american dream"

    Nacida el 1º de junio de 1926 en Los Ángeles con el nombre de Norma Jeane Mortenson, su infancia fue cualquier cosa menos privilegiada. La suya fue una de esas fábulas arquetípicamente estadounidenses, de gente hecha a sí misma, que sale de la nada para conquistar el mundo. El tema fue el precio que debió pagar por su “american dream”.

    Su madre, Gladys Pearl Baker, había crecido en condiciones de pobreza extrema, durante los años de la Gran Depresión y siempre lidió con problemas de salud mental. La identidad del padre biológico de Marilyn estuvo durante décadas envuelta en misterio, hasta que estudios de ADN realizados en 2022 señalaron a Charles Stanley Gifford como progenitor, un compañero de trabajo de Gladys con el que había tenido un brevísimo romance y al que ella jamás conoció.

    La situación de su mamá empeoró cuando, en enero de 1934, sufrió un colapso nervioso y fue diagnosticada con esquizofrenia paranoide. Tras ser internada en distintas instituciones psiquiátricas, Marilyn quedó bajo tutela estatal y comenzó un recorrido por hogares de acogida y orfanatos. Pasó por al menos una docena de casas en muchas de las cuales sufrió abusos sexuales por parte de varios de sus tutores, episodios que marcaron de manera irreversible su relación con los hombres y con su propio cuerpo.

    Marilyn joven

    Marilyn, con 18 años, cuando trabajaba en una fábrica de armamento, durante la Segunda Guerra Mundial.

    A los 16 años se casó con James Dougherty, el hijo de unos vecinos que tenía cinco años más que ella. El enlace tuvo más que ver con la necesidad de escapar del sistema de acogida que con una pasión verdadera. Poco después, Dougherty fue enviado al frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y ella comenzó a trabajar en una fábrica de municiones en California. Allí, en 1944, fue fotografiada para una campaña orientada a visibilizar los esfuerzos de la guerra, una vuelta del azar que le iba a cambiar la vida.

    El nacimiento del ícono sexual: fotos, estafas y reconocimiento mundial

    Tras aquella campaña por la guerra, en la que ya era evidente que la cámara la amaba, Marilyn comenzó a ser convocada a trabajos de modelaje, muchos de los cuales incluían fotografías semidesnuda o topless. En 1949 posó para calendarios y campañas publicitarias que años más tarde serían utilizados para alimentar el escándalo alrededor de su figura. Ella nunca negó esas sesiones. Por el contrario, siempre defendió q ue necesitaba el dinero y que sentía cero vergüenza por su cuerpo.

    Un dato curioso: La primera edición de la revista Playboy se hizo con una de aquellas producciones de Marilyn, realizada antes de que fuera famosa. Se trata de aquella icónica imagen de ella recostada desnuda sobre unas cortinas rojas, con el cabello castaño cayéndole por los hombros (ese era su color natural y no el rubio). Originalmente, le habían pagado 50 dólares por esa sesión y no recibió ni un centavo por parte de Playboy, que adquirió los originales al fotógrafo que las tomó y vendió cientos de miles de ejemplares con ellos.

    En los años 50, Marilyn rompió la membrana de Hollywood, que la proyectó al mundo de posguerra como su gran ícono sexual. La célebre escena de la pollera blanca levantada por el aire del subte en Nueva York, durante el rodaje de la película La comezón del séptimo año, se convirtió en un símbolo del cine estadounidense y en uno de los momentos más icónicos de su carrera.

    Marilyn Di Maggio

    En pleno ascenso al estrellato, en 1952 inició una relación con Joe DiMaggio, una de las grandes leyendas del béisbol de Estados Unidos. El matrimonio, celebrado en 1954, fue seguido obsesivamente por los medios y terminó de consolidar a Marilyn como un fenómeno de alcance mundial. Pero, con una rapidez sorprendente, detrás de la imagen de pareja perfecta comenzaron a emerger tensiones. Según distintas reconstrucciones biográficas, el beisbolista -un hijo de italianos super católico- rechazaba la exposición de su esposa, mientras para Marilyn, DiMaggio era demasiado “simplón” y “aburrido”. La cosa no duró mucho: nueve meses después de la boda, Marilyn pidió el divorcio.

    Mucho más que una "rubia tonta"

    Mientras Hollywood reforzaba su condición de símbolo sexual, Marilyn comenzó a dar la lucha para demostrar que podía ser mucho más que la “rubia tonta” que la prensa y la industria del cine habían decidido que fuera. Se puso a estudiar actuación en el Actor’s Studio de Lee Strasberg, un espacio asociado al prestigio artístico y al nuevo realismo interpretativo que encarnaban tipos como Marlon Brando y James Dean. Su deseo era que le permitieran hacer papeles dramáticos y escapar del encasillamiento en personajes ingenuos e hipersexualizados. Sin embargo, los ejecutivos continuaron explotando su imagen física como principal atractivo comercial y los críticos no dejaron de destrozarla y burlarse de sus dotes como actriz.

    En esa etapa conoció al dramaturgo Arthur Miller, con quien inició una relación que representó para ella una conexión intelectual y emocional distinta y, tal vez, algo de la legitimidad que estaba buscando. El vínculo avanzó pese a las presiones de los estudios, preocupados por la cercanía de Miller con sectores de izquierda, investigados durante el macartismo. Marilyn se plantó, pese a la ferocidad que tenía la cruzada anti comunista en esos momentos, y se casaron en 1956.

    Marilyn Arhur Miller

    En paralelo, Monroe alcanzó algunos de los mayores éxitos de su carrera. La película Una Eva y dos Adanes (1959), dirigida por el gran Billy Wilder y coprotagonizada por Jack Lemmon y Tony Curtis, acabó con las discusiones sobre el talento para la comedia y le valió un Globo de Oro, quizás el pico más alto de su validación como actriz. Sin embargo, detrás de las cámaras se profundizaban sus problemas de salud mental y la dependencia de medicamentos para la ansiedad y la depresión.

    Su última película fue Los inadaptados, escrita especialmente para ella por Miller y dirigida por nada menos que John Huston. El rodaje estuvo atravesado por tensiones, internaciones y un deterioro cada vez más visible. Para colmo de males, durante el rodaje, Miller conoció a la fotógrafa de la agencia Magnum Inge Morath, por la que abandonó a Marilyn para casarse con ella.

    Triste y solitario final

    Veinte días antes de su muerte, que aún hoy permanece envuelta en misterio e hipótesis conspirativas, Marilyn Monroe le envió una carta al escritor Truman Capote, uno de sus grandes amigos y principal confidente. En ella, le expresaba muchos temores relacionados con una inminente tragedia que, sin saberlo a ciencia cierta, estaba a punto de ocurrir.

    “Querido Truman: Te escribo esta carta en un auténtico estado de desesperación. No confío en nadie en mi entorno, y te mando esta carta porque tú sabes que tú y yo nos parecemos en muchos aspectos y conocemos muchos de nuestros secretos”, arrancaba la misiva, fechada el 25 de julio de 1962.

    Apenas diez días más tarde, el 4 de agosto de 1962, Monroe murió en su casa de Los Ángeles. El informe toxicológico determinó que la causa fue una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, pero en la instrucción del caso se determinó que la escena de su muerte fue "acomodada" por su ama de llaves y sus médicos personales, antes de llamar a la policía para dar aviso de lo ocurrido.

    Tenía apenas 36 años y, desde entonces, las circunstancias de su muerte alimentaron innumerables teorías conspirativas vinculadas a supuestos asesinatos y encubrimientos políticos, sobre todo por la relación de Marilyn con figuras como los hermanos Kennedy y el mafioso Sam Giancana.

    Paradójicamente, quien permaneció más cerca de ella después de su muerte fue DiMaggio. El beisbolista no solamente fue el organizador de su funeral, sino que durante años cumplió el ritual de llevar flores a su tumba, en cementerio Westwood Village Memorial Park, de Los Ángeles.

    Fue el único de los hombres de su vida -entre los que se cuentan tanto amantes como ejecutivos y directores que se beneficiaron groseramente de ella- que le mostró lealtad después de que su estrella se apagara y su leyenda entrara en la eternidad.

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