Cuando el 2021 mermaba en el plano político y parecía que nos sumergíamos a la lenta calma que suele propiciar los primeros meses del año, una discusión que pocos esperaban pero que evidentemente muchos necesitaban se instaló en la agenda pública. Llegó con forma de una peligrosa grieta: ambientalismo o desarrollo. Este debate, que colmó las redes y los portales de noticias, se vio empujado por la discusión de profundizar la exploración offshore de hidrocarburos en el Mar Argentino. Y si algo concentra la atención en el calendario veraniego de nuestro país, es el mismísimo mar y sus playas acogedoras en las temperaturas cálidas que se conjugan con el descanso vacacional del pueblo argentino. Buena oportunidad para que una gran porción de la sociedad se inserte de cabeza en el debate, en nuestro caso, aprovechando esta punta del iceberg que hizo a esta discusión pública para hablar de cómo afecta notoria y silenciosamente a la vida de las personas la ausencia de una agenda ambiental para el conurbano bonaerense.
Si hablan de ambientalismo, no se olviden del conurbano
El debate se instaló a comienzos del 2021 y este sector del territorio bonaerense necesita con urgencia que el tema esté en su agenda, debido a las problemáticas que presenta.
Para pincelar el marco general, me refiero a “profundizar” ya que más del 17% de las fuentes de energía que proveen a nuestro país se hace a través de la extracción offshore, lejos de la playa (como contempla el actual proyecto) y más al sur, a la altura de la provincia de Santa Cruz.
Un claro dato que le da sustento y aval a la negativa de esta iniciativa, en la cual YPF obtendría hasta un 50% de las exportaciones de energía a través de esta metodología, es que en nuestro país el elemento más contaminante en este punto de análisis está asociado a la generación de energía, lo que significa más del 50% del total. Para completar el trazo grueso, sería injusto no mencionar que de las emisiones que afectan directamente al cambio climático en el mundo, nuestro país es responsable tan solo del 0,7% en la tasa global.
Es importante plantear estas estadísticas más bien sea al pasar, porque a simple vista pareciera que hay argumentos que avalan la posición de unos o de otros. Ahí radica la “peligrosidad” de adoptar este sano debate con formato de “grieta” ya que ese abordaje nos pone en un plano de estancamiento. Que Argentina necesita divisas para asumir sus compromisos de pago que acarreamos de la fraudulenta e irresponsable deuda que contrajo el macrismo, es una realidad inobjetable. Pero sobre todo las necesitamos para nuestro desarrollo como nación soberana, exterminar la dolorosa pobreza, atravesando procesos serios y estables de industrialización, apuntalando las economías populares emergentes que les da luz la comunidad organizada, sustituyendo importaciones y fortaleciendo las reservas para darle solvencia y estabilidad al proyecto de Nación. Todas estas necesidades en el corto plazo pueden saldarse explotando las ventajas comparativas y reales de nuestro país, en ese razonamiento las características naturales que nos brinda nuestro ecosistema corren con ventaja.
Una de las particularidades sociales de este siglo fue el despertar de la conciencia ambiental que lograron instalar desde las nuevas generaciones en masivas movilizaciones y sostenidas militancias, hasta el Papa Francisco en cada una de sus intervenciones y encíclicas bajo el concepto del cuidado de la casa común. Bienvenido y necesario este elemento que le da perspectiva a todas las discusiones venideras ya que estamos parados en una realidad donde si los Estados del mundo no son capaces de lograr reducir las conductas dañinas contra nuestro planeta en los próximos 10 años, la destrucción del mismo será irreversible.
En este debate donde todos parecen tener algo de razón y coherencia en los argumentos que defienden las posturas, tenemos el deber de pasar de la dicotomía dura de Ambientalismo-Desarrollo a navegar con fluidez entre los conceptos de Regulacionismo-Prohibicionismo. La política debe mediar este campo de batalla de ideas para que las contradicciones no sean anclas sino remos que naveguen hacia al progreso del país contemplando todas las variables que hacen al tema.
Ahora bien, esta larga introducción persigue un objetivo. A veces los debates son como olas que crecen y protagonizan la cosa pública. Esta sana ola que vino a taparnos de ideas y contenidos, debemos aprovecharla para extender aún más el campo de análisis y la discusión. La peor política ambiental es aquella que afecta la calidad de vida de las personas. En el conurbano bonaerense hace muchísimos años que estamos sumergidos en esta silenciosa problemática. Hoy el conurbano necesita una seria agenda ambiental que rompa la sordidez de las estructuras en general. Un conurbano bonaerense donde los barrios populares no acceden formalmente a más del 50% de los servicios básicos como la luz, el agua, las cloacas y el gas están condenados, entre otras cosas, a la contaminación. Barrios enteros construidos -producto de la nula planificación urbana- sobre quemas, basurales o vertederos de cromo, también lo están. Muchas veces estos problemas sanitarios podrían mitigarse con redes cloacales, pluviales, políticas contundentes de forestación, una certera gestión de residuos que incluya recuperadores urbanos y un concepto general que abrace la integración de las ciudades de la zona metropolitana.
Cada vez son más los estudios científicos que plantean con fuerza y una dolorosa exactitud los problemas sociosanitarios que acarrea la falta de urbanización. Basta acercarse a cualquier Unidad Sanitaria, corazón de la atención primaria de la salud, para corroborar que las principales patologías que traen consigo los pacientes son producidas por problemas ambientales. Siguiendo el ejemplo, ya no alcanza con pediatras e insumos en las salas si la dificultad respiratoria no se resuelve exclusivamente con salbutamol sino con un hábitat libre de humedad y contaminación. Porque mal que nos pese, la contaminación en el conurbano se paga con el cuerpo.
Si bien en los barrios populares es donde brota más sangre por esta herida abierta hace años, no son los únicos que padecen la ausencia de una agenda ambiental. La falta de zonificación y planificación industrial de las ciudades hace que tengamos industrias contaminantes en barrios residenciales. Cada vez es más repetida la imagen de una fundidora de metales detrás del patio de la vivienda de una familia. Una curtiembre, una grasera, o simplemente alguna industria que superes los decibeles de ruido y aturda con su contaminación acústica, la misma que generan los transportes urbanos o de transporte pesado a solo centímetros de nuestras viviendas afectando el normal desarrollo de nuestras vidas, la biodiversidad y como dijimos anteriormente; erosionando la salud de las personas. ¿Acaso debemos elegir entre una u otra? La respuesta categórica es no. Tenemos el enorme desafío de construir ciudades donde florezcan las industrias, pero a la vez éstas no sean obstáculos ni agentes de deterioro del buen vivir.
Por supuesto que el negocio inmobiliario que crece fundamentalmente en el primer cordón del conurbano golpea directamente a nuestras ciudades. Este afán ambicioso del sector económico que consolida la concentración y es funcional a la cultura porteñocentrista, arrastrando aliados de todo tipo en sus objetivos, hace que se construyan decenas de torres sobre suelos no preparados para tal fin, saturando los servicios en la zona e inaugurando por acción u omisión problemas irreversibles de contaminación urbana.
Venimos soportando las mayores olas de calor de los últimos tiempos. Estos hitos dejan en evidencia, por ejemplo, la nula forestación urbana que tenemos en nuestras ciudades con las ventajas incomparables que traen consigo. Tenemos el deber de hacer entrar en crisis el avance del tsunami de cemento en nuestras ciudades y debatir con la clase política que dicha acción desenfrenada sobre espacios verdes, no solo afecta a nuestra casa común, sino que la comunidad ya dejo de verla como un lineal sinónimo de progreso de la localidad.
Es necesario que nos subamos a la ola del ambientalismo urbano, aplicándolo como perspectiva a la vida que desarrollemos. Volvemos a repetirlo por si no quedó claro: el conurbano bonaerense necesita con urgencia una agenda ambiental. Quizás los basurales, los arroyos contaminados, los barrios populares, los efectos de una mala planificación industrial o el glotón negocio inmobiliario no cope tapas de revistas ni sea tendencia en Twitter, pero debemos hacerlo igual. Por supuesto que necesitamos dar varios pasos hacia adelante: leyes y ordenanzas claras para este viejo tema que parece debutar en las plataformas políticas argentinas, como así también una eficaz y robusta ala fiscalizadora del Estado. Nada de esto sería suficiente sino somos capaces de adoptar desde los heterogéneos sectores de la comunidad esta realidad, volcando en ella toda esta energía concientizadora que brotó alrededor de la discusión ambiental.
Debemos poner el acento en el buen vivir urbano. Por ejemplo, vimos como forjaron la conciencia –producto de los golpes recibidos- diferentes pueblos mineros que alzan la voz para visibilizar el daño que genera a la salud de la comunidad dicha actividad productiva. En ese tenor, es hora también que lo hagamos quienes habitamos la zona más densamente poblada de Argentina, donde convivimos con alrededor de 12 millones de habitantes, esquivando vectores de contaminación, tapados por olas de cemento, inundaciones, aguas estancadas, olores vomitivos, ruidos, calor y con administraciones locales que muchas veces les cuesta visualizar este concepto estratégico de ciudades urbanas sostenibles.
Si entendemos que el progreso, la igualdad y el ambientalismo son aristas que tienen que estar contenidas en la misma acción, vamos a ser capaces de construir propuestas innovadoras que dinamicen hacia adelante. La sociedad destapó la olla de este debate y nuestra responsabilidad es que el fuego no se apague hasta que se imponga en cada horizonte que tracemos a la hora de planificar nuestro futuro.
* Nota escrita por Agustín Balladares, director de Agenda Política de jefatura de Gabinete y concejal ad honorem del Frente de Todos.
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