Masacre de Avellaneda: a 20 años de los crímenes de Kosteki y Santillán, el recuerdo de dos testigos clave

Los fotoperiodistas Pepe Mateos y Mariano Espinosa retrataron la cacería de la Policía bonaerense en la Estación Avellaneda. Sus fotos fueron decisivas a la hora de condenar a los policías asesinos.

El 26 de junio de 2002 se desató una feroz represión en Avellaneda cuando organizaciones sociales intentaron cortar el Puente Pueyrredón, en el marco de una jornada de protestas en reclamo del pago de planes sociales, el aumento de subsidios para desocupados, más alimentos para los comedores populares y en solidaridad con los trabajadores que habían tomado la fábrica ceramista Zanon, que corrían peligro de ser desalojados. El saldo fue trágico: los militantes piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki murieron baleados por policías. Las principales pruebas en su contra fueron las fotos que tomaron los reporteros gráficos, lo que resultó un hito para el fotoperiodismo.

La Argentina seguía sumida en el caos. La situación social no lograba recomponerse tras la grave crisis que había tocado su pico en diciembre de 2001, y las calles eran escenario diario de ruidosas protestas. Ante la presión de ciertos sectores del establishment, el por entonces presidente Eduardo Duhalde, que llevaba poco más de seis meses en el gobierno, había afirmado que no iba a tolerar más piquetes.

Masacre de Avellaneda 4

Esa mañana soleada y fría de junio la tensión flotaba en el ambiente. La Policía bonaerense, la Federal, Gendarmería y Prefectura habían desplegado un impresionante operativo para evitar el corte en ese acceso clave a la Ciudad de Buenos Aires desde el sur del conurbano. Cuando las organizaciones sociales, entre las que se destacaba el MTD Aníbal Verón, llegaron al lugar fueron encerradas por las fuerzas de seguridad. “No sé qué fue primero, si una piedra o una granada de gas, pero hubo algo que desató el caos enseguida”, recuerda el fotoperiodista Pepe Mateos, que cubrió el hecho para el diario Clarín.

Hubo pedradas de un lado y gases lacrimógenos y balas de goma del otro. "Algunas columnas piqueteras salieron corriendo hacia el lado de Avenida Mitre y otras hacia Pavón, en dirección a la Estación de Avellaneda", explica Mariano Espinosa, por entonces fotógrafo de la agencia Infosic. La Bonaerense desató una cacería de la que incluso participaron policías que no debían estar ahí porque estaban sumariados o con causas judiciales. “Estaba en el medio de la avenida y escucho unos disparos que no eran balas de goma”, agrega Mateos.

Masacre de Avellaneda 2

El caos desembocó en la estación. Cuando los fotógrafos ingresaron al hall central se toparon con el cuerpo de Maximiliano Kosteki, militante del MTD Aníbal Verón. Según Mateos, “por cómo estaba dispuesto el cuerpo me pareció que ya estaba muerto”. En ese momento ingresó Darío Santillán y al verlo herido en el piso intentó asistirlo. Pero entonces aparecieron en escena los policías, con el comisario Alfredo Luis Fanchiotti a la cabeza, para completar la faena.

“Cuando llego a la estación miro de reojo y veo el cuerpo de Maxi tirado. De pronto vi a Darío que se apoyó, lo tocaba, queriéndolo ayudar, pero se notaba que (Maxi) ya no podía. Entró la Policía a los tiros. Toda la gente salió corriendo y él se quedó. Él trató de frenarlos, con sus gestos, de decirles ‘basta hasta acá’. Y ahí se dan los dos disparos”, recuerda Espinosa en diálogo con C5N.com.

Masacre de Avellaneda 1

La secuencia del crimen de Darío Santillán fue retratada no solo por ellos, sino también por Sergio Kowalewski y algunas cámaras de tevé. Las imágenes resultaron ser una prueba inapelable de cómo lo asesinaron a sangre fría. En ellas se ve a Fanchiotti junto al cabo Alejandro Acosta, el principal Carlos Quevedo, el cabo Lorenzo Colman y el suboficial Marcelo de la Fuente, esgrimiendo sus armas y apuntando al líder piquetero. Luego arrastrando los cuerpos con total impunidad.

“Darío se quedó ahí porque no pudo abandonar el cuerpo de Maxi, cuestión casi de un azar trágico. Lo que me parece que no es azar es cargar las escopetas con balas de plomo. El nudo de la cuestión de estos hechos: ¿por qué se decide reprimir con balas de plomo un corte de un puente”, añade Pepe Mateos.

Masacre de Avellaneda 3

El 9 de enero de 2006, el Tribunal Oral en lo Criminal 7 de Lomas de Zamora condenó a prisión perpetua a Fanchiotti y Acosta por el delito de homicidio agravado por alevosía. Quevedo, De la Fuente y el comisario Osvaldo Félix Vega recibieron cuatro años de cárcel por encubrimiento, mientras que a Colman y al subinspector Antonio Sierra les dieron penas menores por el mismo delito. Fanchiotti y Acosta permanecen presos en el penal de Baradero. El excomisario ya solicitó la libertad condicional, pero el pedido fue rechazado por la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora.

La masacre de Avellaneda tuvo su derivación política: a menos de una semana del hecho, Duhalde decidió adelantar seis meses las elecciones presidenciales que estaban previstas para septiembre de 2003. La Justicia comenzó una investigación contra los responsables políticos, entre los que estaban Duhalde y altos funcionarios de la Nación y la Provincia. La causa estuvo a cargo del juez Ariel Lijo, pero nunca se avanzó más allá de las cuestiones formales y en 2010 se archivó, aunque se reactivó en 2014 sin avances importantes hasta el momento.

A 20 años de la masacre, la imagen de Darío y Maxi es un símbolo de resistencia y lucha militante, y el trabajo de los fotoperiodistas, aquella mañana infame, se volvió un testimonio decisivo contra la impunidad.

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