A tres días del triunfo electoral que ratificó a Javier Milei como eje del nuevo orden político, el oficialismo se prepara para un reacomodamiento que trasciende la aritmética parlamentaria. En la Cámara de Diputados, se cocina la creación de un interbloque entre La Libertad Avanza y el PRO, una jugada que busca darle volumen al oficialismo y, al mismo tiempo, consolidar un nuevo mapa de poder en el Congreso.
No se trata solo de cuántas bancas reúna cada espacio, sino de cómo el gobierno planea transformar su capital electoral en poder institucional, en un intento por equilibrar la convivencia con el PRO —un socio clave, pero también un actor en proceso de redefinición—.
Desde la irrupción de Javier Milei, el PRO atraviesa un proceso de redefinición política. El partido que gobernó la Argentina entre 2015 y 2019 fue fagocitado parcialmente por el empuje libertario, especialmente en los distritos donde compartió boletas. En Buenos Aires, CABA, Córdoba, Entre Ríos y Río Negro, la alianza electoral entre el PRO y La Libertad Avanza terminó con nueve diputados amarillos ingresando al Congreso: siete referenciados en Mauricio Macri y dos en Patricia Bullrich.
El caso más visible es el de Diego Santilli, que encabezó la lista libertaria en la provincia de Buenos Aires tras el escándalo que involucró a José Luis Espert y al presunto narcotraficante Fred Machado. Si se confirma el reagrupamiento parlamentario, Santilli seguiría perteneciendo formalmente al bloque PRO, aunque bajo el paraguas del nuevo interbloque.
Un interbloque para mostrar músculo político
La salida que hoy gana fuerza es la creación de un interbloque LLA–PRO, impulsado por Martín Menem y Cristian Ritondo. “La idea es sumar fuerzas sin perder identidad”, resumió una fuente del oficialismo a C5N.
En la práctica, cada partido conservaría su bloque propio, pero actuarían de manera coordinada para definir autoridades y repartos de comisiones. Con 103 diputados entre ambos (80 de LLA y 24 del PRO), el nuevo armado no constituiría la primera minoría —ese lugar quedaría en manos de Fuerza Patria (98)—, aunque sí le permitiría al oficialismo mostrar músculo político para negociar espacios clave en las comisiones.
Desde el entorno libertario intentan bajarle el precio a la condición de primera minoría, pese a que el domingo a la noche salieron rápidamente a instalar que lo serían. Ahora buscan concentrar la discusión en la capacidad real de cada espacio para incidir en las decisiones y disputar lugares de poder dentro del Congreso.
Aunque el reglamento no menciona la figura del interbloque, la Cámara reconoce su existencia cuando se formaliza la presentación ante la Secretaría Parlamentaria. Así se los incluye en el reparto de comisiones, donde el peso político se traduce en sillas, dictámenes y poder de firma.
Un dato adicional podría alterar la cuenta final: el interbloque sumaría un diputado más si prospera el pedido de revisión del escrutinio en CABA, donde Martín Lousteau obtuvo la última banca por apenas 1.411 votos de diferencia. La Libertad Avanza reclamó abrir 44 urnas para el conteo definitivo; si el resultado se revierte, el oficialismo alcanzaría 81 legisladores propios.
El espejo radical
El reordenamiento también sacude al radicalismo, que en varias provincias integró listas conjuntas con los libertarios. En Mendoza, Córdoba y Entre Ríos, cuatro diputados electos por la UCR deberán decidir si se reagrupan con el bloque radical tradicional o si conforman un espacio propio, eventualmente aliado al interbloque oficialista.
En ambos casos, el dilema es el mismo: mantener la identidad partidaria o sumar poder dentro de la Cámara.