Javier Milei asumirá como presidente en medio de una situación económica acuciante que ha generado, además, una crisis de liderazgo político profunda. ¿Será capaz de aprovechar el extraordinario caudal político que le dieron las urnas para imponer un plan de ajuste y de reforma del Estado sin precedentes o sus ansias sucumbirán en medio de la debilidad legislativa y territorial de su gobierno?
Con incertidumbre y una situación económica acuciante, comienza la Argentina de Milei
El líder libertario asume este domingo en medio de muchos interrogantes. Sus primeras medidas apuntan a un fuerte ajuste que impactará en la clase media. Los interrogantes sobre su gabinete y el respaldo de los representantes de la ultra derecha internacional.
Este interrogante, que sólo será develado en los próximos meses, da cuenta de varias dimensiones que coexisten. Por un lado, la famosa herencia. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, la ha tildado de la “la peor herencia de la historia”. Más allá de lo repetido, inexacto e hiperbólico de la definición, no queda claro si sirve para explicar de antemano las muy probables imposibilidades en las que caerá la gestión o para justificar el ajuste “bestial” que se propone.
En este sentido, habrá que esperar la respuesta del Congreso. La trampa de que quienes se opongan a los planes de Milei dinamitarán la gobernabilidad, que sólo puede funcionar en sets de televisión con relatos amañados. Los diputados y senadores de lo que a partir de mañana será la oposición tienen la misma calidad de representación que el presidente y en cualquier democracia moderna eso es aceptado. Así como se reconoce que Javier Milei obtuvo su triunfo prometiendo el ajuste que buscará imponer, los legisladores obtuvieron sus votos con otras prédicas y el poder que dirime esas diferencias es el Legislativo.
La respuesta a las consecuencias sociales que un programa profundo de recorte tendrá también parece estar contenida en la definición “bestial”, que pertenece al ex presidente Mauricio Macri.
Para enfrentar esto último, Milei ha tomado dos decisiones. Por un lado, anunciar que la única billetera que está abierta es la del inmenso Ministerio de Capital Humano, que dirigirá Sandra Petovello. “Para contener a los caídos” describió el propio presidente.
El esquema de ajuste neoliberal y contención a través de planes ya fue ensayado en los últimos años por el tándem Macri- Carolina Stanley. En los últimos años del gobierno de Cambiemos, la ministra de Desarrollo Social fue la garante de una paz en las calles que se hubiera complicado mucho si no se duplicaban los planes sociales que tanto denosta la derecha.
Entonces, no son pocos los que señalan que si el programa de Milei genera más miseria, la respuesta sería el asistencialismo. Mientras tanto, la otra decisión del flamante presidente es designar a Patricia Bullrich al frente de Seguridad, quien también estuvo en el área durante la gestión Macri y se encargó -aunque de modo ineficaz- de perseguir la protesta social creciente durante esos cuatro años. El perfil de un “halcón” al frente de una cartera sensible y en medio de un plan de exclusión da una idea muy acabada de qué es lo que puede suceder con la protesta que sobrevendrá.
Lo que no queda claro aún es cuál será el plan de la gestión que comienza para paliar la situación de otros sectores afectados por las medidas regresivas en materia económica y social. La clase media sufrirá un impacto muy contundente en su situación cuando la inflación siga haciendo estragos pero además se despida o se congele el sueldo de los estatales, se paralice la obra pública, las pymes se vean completamente afectadas por la caída de la actividad económica y no haya control para los precios del combustible, las prepagas y los colegios privados, entre todos muchos elementos de una deriva que generará tiempos aciagos.
"Billetera y látigo"
La metáfora de “billetera y látigo” no parece que sólo se vaya a aplicar al corpus social. También todo indica que los anuncios de “obra pública cero” y “pauta oficial cero” tienen el mismo cometido. Tanto en el caso de gobernadores como de medios de comunicación, la estrategia parece ser hacer un anuncio así de terminante para luego sentarse con cada uno de los actores y negociar por goteo a cambio de apoyo.
En las semanas de armado del gobierno de Milei las marchas y contramarchas han sido muchas e incluso algunos de los protagonistas que celebraron junto a él la noche del balotaje, hoy parecen haber perdido sus lugares y otros han aparecido para acompañar en la primera etapa del gobierno.
La idea de que el que se está armando es un gabinete fusible está en línea con esta noción de que lo que deberá hacerse al principio generará tal desgaste que requerirá de un recambio inevitable. El recuerdo de los primeros y tambaleantes meses del menemismo puede servir como antecedente. Incluso los idas y vueltas en la relación con el ex presidente Macri parecen no haber finalizado. De un primer momento de mucha cercanía se pasó a una instancia de distanciamiento y hoy, luego de dos encuentros en la última semana, ese alejamiento parece no estar tan claro.
La posible designación de Javier Herrera Bravo como responsable de un área clave, la Secretaría Legal y técnica genera dudas en este sentido. Que un hombre que responde a Pablo Clusellas, una de las personas de mayor cercanía al ex presidente, cuide la firma de Javier Milei demuestra que Macri mantiene mucha injerencia en el entorno del libertario y en su futura gestión. Si los nombres que circulan para ocupar la Agencia Federal de Inteligencia terminan siendo confirmados, eso se verá aún con más claridad.
El apoyo de la ultra derecha internacional
Para asistir a la asunción presidencial, ha llegado a Buenos Aires buena parte de la ultraderecha internacional. Estarán desde el primer ministro de Hungría, Viktor Orban y el líder de Ucrania, Volodimir Zelenski hasta el ex presidente Jair Bolsonaro y el líder de Vox, Santiago Abascal, entre otros. La referencia sirve para preguntarse también si lo que la Argentina necesita es una gestión tremendamente dogmática e ideológica o una que encare con pragmatismo y seriedad los problemas que, claramente, hay que solucionar.
Recibir con honores a alguien como Bolsonaro, que no puede ser funcionario hasta 2030 y que está imputado por un intento de golpe de Estado, no parece ser el modo más inteligente de comenzar la relación con Lula Da Silva. La superficialidad es enemiga de las Relaciones Internacionales y tomarse a la ligera la visita de Zelenski en medio de la guerra de Ucrania con Rusia o anunciar alegremente que la Embajada argentina en Israel podría mudarse a Jerusalén en un contexto de recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, no parecen tener beneficios para los intereses de nuestro país. Pero sí nos inmiscuyen en un juego geopolítico que puede traer mucho más dolores de cabeza que beneficios.
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