Desde el comienzo del Mundial, las redes sociales se convirtieron en escenario de una disputa paralela al torneo. En plataformas como X, Instagram, TikTok y YouTube comenzaron a multiplicarse las narrativas contra Lionel Messi y la Selección argentina. Entre las acusaciones más repetidas apareció la versión de que el equipo argentino era beneficiado por un supuesto complot para conseguir el bicampeonato o la idea de que "Argentina es un país racista".
El fenómeno llevó a hablar de una supuesta campaña antiargentina. Sin embargo, para Matías Bianchi, politólogo, director de Asuntos del Sur y autor de Estado o algoritmo: poder digital, captura estatal y la reconstrucción del pacto democrático, la explicación no está en una conspiración coordinada a nivel mundial sino en la propia lógica de funcionamiento de las plataformas digitales.
"Yo tengo la postura de que no hay una campaña antiargentina ni una conspiración. Creo que el problema es estructural de cómo funcionan los algoritmos y las plataformas digitales que incentivan y premian a las miradas macartistas, los discursos de odio y los mensajes polarizantes", sostuvo Bianchi en diálogo con C5N.
Para el politólogo, durante el Mundial se produjo una "tormenta perfecta" en la que confluyeron diferentes intereses y prejuicios. "Lo que pasó con la Selección argentina y con Messi, que nos dolió a todos y nos sentimos atacados, así funciona la política global en este momento", explicó.
Según su análisis, distintos actores aprovecharon esa dinámica para impulsar narrativas que ya encontraban terreno fértil en determinados sectores. Como ejemplo mencionó la existencia de sectores cercanos al Real Madrid, las marcas y Cristiano Ronaldo que encontraron en la crítica a Messi un punto de coincidencia. "Esos son movimientos de millones de personas y de recursos. Hay empresas y actores que movilizan, pero no una conspiración como tal", remarcó.
Acto seguido Bianchi profundizó en la forma en que estas narrativas consiguen instalarse y adquirir una dimensión global. Según explicó, no se expanden necesariamente por su veracidad o por la solidez de sus argumentos, sino por su "rentabilidad algorítmica".
La clave, de acuerdo con el politólogo, está en la capacidad de las plataformas para explotar las emociones. "Se está explotando una vulnerabilidad biológica del ser humano que es nuestra amígdala, que se activa a partir de la recepción de emociones", afirmó.
El mecanismo funciona a partir de contenidos capaces de generar miedo, indignación, agravio o rechazo. Ese tipo de publicaciones provoca comentarios, discusiones y reacciones, lo que aumenta el tiempo de permanencia de los usuarios y, en consecuencia, el rendimiento económico de las plataformas. "En vez de generar incentivos para pensar, ganan plata con nosotros enojados y polarizados", sostuvo.
Esa lógica también permite comprender algunas críticas internacionales hacia la Argentina. Sobre los cuestionamientos de figuras como Samuel Jackson o Yanis Varoufakis, Bianchi consideró que no necesariamente responden a una campaña organizada. A su entender, muchas veces se construyen opiniones a partir de datos aislados y prejuicios históricos.
"Como pensar cuesta mucho, lo que se hace es una colección de datos aislados. Dicen 'todos los jugadores de la Selección Argentina son blancos, son racistas'. Es mucho más fácil eso que ponerse a leer historia", señaló, al referirse a la acusación de racismo contra la sociedad argentina.
El politólogo también vinculó el fenómeno con la comunicación política contemporánea y señaló que los discursos provocadores tienen una capacidad particular para generar visibilidad. "No es casual que Milei llegue a Brasil e insulte a Lula, porque ya se sabe que mediante el insulto uno activa miradas. Es una manera moderna de comunicación política", afirmó.
Para Bianchi, el problema excede al Mundial y plantea un desafío para las democracias. "Un gran desafío que tenemos en este momento es recuperar la soberanía cognitiva que le hemos dejado a las plataformas sociales", sostuvo.
Entre las posibles respuestas mencionó políticas regionales para regular a las grandes empresas tecnológicas, aumentar su contribución fiscal y recuperar el control sobre los datos de los usuarios. También planteó la necesidad de incorporar el pensamiento crítico desde la educación inicial.
Pero, además, propuso recuperar los espacios de encuentro fuera de las pantallas. "Como sociedad tenemos que salir un poco de las plataformas para volver a encontrarnos", señaló. Según su mirada, en los encuentros presenciales existe menos violencia y polarización que en las redes. "Hay que volver a recuperar los espacios colectivos, ahí el algoritmo pierde poder", concluyó.