El final de Francia en el Mundial estuvo lejos de ser el esperado: el conjunto de Didier Deschamps llegaba como amplio candidato para quedarse con la Copa del Mundo, pero terminó eliminado en semifinales ante España y terminó goleado por Inglaterra en el partido por el tercer puesto. Tras el decepcionante desenlace, Kylian Mbappé, capitán del seleccionado y máximo goleador del certamen, escribió una extensa carta de agradecimiento para los hinchas y se lamentó por no haber podido lograr la tercera estrella para su país.
"Duele, y seguirá doliendo durante un tiempo; no voy a mentir sobre eso. El título de máximo goleador lo recibo con orgullo, pero habría sido muchísimo mejor levantar también la Copa. Quizá nos debíamos un final más bonito", escribió el delantero de Real Madrid.
Mbappé no solo fue el máximo anotador del torneo con 10 tantos -dos más que Lionel Messi (8)-, sino que además su implacable rendimiento ya le permitió superar también al líder de la Selección argentina como el jugador con más goles en la historia de los mundiales.
"Gracias a mis compañeros. Sin su trabajo, sus carreras, sus pases y ese espíritu de equipo que nos llevó desde el primer hasta el último partido, jamás habría podido marcar tanto. Este premio pertenece tanto al grupo como a mí. De pequeño soñaba con jugar un Mundial, o al menos uno. He disputado tres; he ganado uno y este año he tenido el orgullo de jugarlo como capitán. Nunca lo olvidaré", remarcó.
Por último, le agradeció a los hinchas, quienes "trasnocharon, a veces hasta bien entrada la madrugada por culpa de los husos horario", y prometió: "Habrá otros partidos, otras noches de verano o de invierno en las que volveremos a encontrarnos delante de esa misma pantalla, con la misma ilusión intacta. Aún no hemos terminado de jugar juntos".
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La carta de Kylian Mbappé tras el Mundial
Un mes de emociones. De superación. Del orgullo de vestir los colores de Francia. De pasión, sobre todo, la misma que nos impulsa en el campo y que los mueve frente a la pantalla o en las gradas. Eso es lo que hemos vivido juntos: una historia increíble. No nos llevamos el trofeo colectivo. Duele, y seguirá doliendo durante un tiempo; no voy a mentir sobre eso. El título de máximo goleador lo recibo con orgullo, pero habría sido muchísimo mejor levantar también la Copa. Quizá nos debíamos un final más bonito. Pero no siempre elegimos cómo termina la historia; sí elegimos qué ponemos en ella, y nosotros lo hemos dado todo. De eso estoy orgulloso.
Gracias a mis compañeros. Sin su trabajo, sus carreras, sus pases y ese espíritu de equipo que nos llevó desde el primer hasta el último partido, jamás habría podido marcar tanto. Este premio pertenece tanto al grupo como a mí. De pequeño soñaba con jugar un Mundial, o al menos uno. He disputado tres; he ganado uno y este año he tenido el orgullo de jugarlo como capitán. Nunca lo olvidaré.
Trasnocharon, a veces hasta bien entrada la madrugada por culpa de los husos horarios, para vernos jugar al otro lado del mundo. Se reunieron en casa, en bares, en familia o con amigos, por toda Francia y también fuera de ella.
El fútbol, en el fondo, sigue siendo un juego. Un juego que nos tomamos muy en serio, al que dedicamos toda una vida intentando dominarlo, pero que sigue siendo un juego, con reglas sencillas que no han cambiado desde que empezamos a jugar: un balón, una portería y las ganas de marcar. Por eso nos une a todos con la misma pasión. Este Mundial termina, pero la historia continúa. Habrá otros partidos, otras noches de verano o de invierno en las que volveremos a encontrarnos delante de esa misma pantalla, con la misma ilusión intacta. Aún no hemos terminado de jugar juntos.