Regreso a las aulas: la familia educa, la escuela enseña

Volver a clases es un momento del año que no pasa desapercibido, y dispara reflexiones y acciones en las dos escenas fundantes: familias y escuelas.

Muchas familias están pensando en la vuelta a la escuela, muchas madres, padres preguntándose si han elegido la escuela adecuada.



Si bien es imposible generalizar, dada las distintas configuraciones y dinámicas familiares, en la vuelta a clases suelen surgir inquietudes acerca de la institución elegida y del desempeño de cada hija o hijo.

Hay que conocer a cada niña y niño, conocer la escuela, acompañar. Conocer el proyecto pedagógico, saber cuál es el ideario de valores que la escuela va a transmitir y por qué tendría que ser lo más parecido a cada familia.

En ese tejido que se va haciendo entre familia y escuela, van a surgir dificultades, malos entendidos y problemas.

El whatsapp no es el lugar para resolverlos, es el encuentro cara a cara, el diálogo, la crítica positiva, es saber la complejidad de lo que significa el acto educativo.

Es saber que las cosas que pasan en el aula, también pasan en casa y que sería lo mejor que hubiera un único discurso, una coherencia sobre todo en los valores que intentamos transmitir familia y escuela.

Los docentes esperan con incertidumbre y entusiasmo al nuevo grupo a sabiendas que habrá un momento diagnóstico para conocerlos y validar las estrategias pensadas. Volver al aula es renovar la pasión, la alegría del encuentro y el desafío de los desencuentros.

Volver es renovar el pacto con el socio-educativo (la familia) tratando de brindar un lugar a madres y padres que favorezca el acompañamiento y el sostén del principio de autoridad pedagógica tan necesario.

Con las puertas de las escuelas y las mentes y los corazones abiertos para alojar la diversidad, podremos construir infancias y juventudes que, autorizándose como alumna/os, sean permanentes buscadores y “saboreadores” del conocimiento.

Si ayudamos a gestionar las emociones y a ser empáticos con el otro, podremos funcionar como equipo donde el NOSOTROS y el ENTRE TODOS sumen humanidad a los tiempos turbulentos en los que nos toca vivir.

En ese punto de partida no da igual que la niña o niño, que ya se despegó de sus figuras parentales y tiene experiencias en guarderías o maternales, que aquel que vivirá por primera vez ese despegue.

Transparentes, curiosos, juguetones, van a la escuela, se acomodan, regresan a sus hogares para descubrir en la cara de sus padres la alegría que a ellos les producen sus aprendizajes. Y así la escuela va cobrando sentido en sus vidas.

Los ya institucionalizados viven el regreso a clases según su momento personal y las experiencias previas tanto académicas como sociales. Ojalá estén rodeados de adultos atentos a los signos de algún malestar para atenderlos y hacer los cambios necesarios.

Ojalá sea un momento donde los preparativos incluyan la alegría a sabiendas que para madres y padres pueden surgir problemas de presupuesto y de logística que los inquietan. Lo ideal es no hacerles sentir que ir a la escuela es un peso pero que sí tiene un costo a valorar, por lo que el cuidado de sus vestimentas y útiles es algo a trasmitir.

Ojalá se los pueda acompañar, lo justo y necesario, para que se apropien del aprendizaje como algo personal en busca de la autonomía y la autoría, descubriendo sus capacidades y trabajando las dificultades.

Psicopedagoga cordobesa, docente de los cursos virtuales “Una pedagogía humanizante” y “Educar entre familia y escuela”. Especialista en clínica de niña/os y adolescentes, con más de 30 años de docencia en el nivel superior formando psicopedagoga/os y educadores especiales. Desde hace 20 años es columnista sobre temas de educación en medios gráficos y televisivos de Argentina. Autora de más de 10 Libros, su última publicación es “Volver a Mirarnos” de la editorial Penguin Random House.

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