La Corte Suprema es la cabeza del Poder Judicial, la que asegura que se cumplan los derechos de todos y todas. Pero esta es una Corte lejana al pueblo, que con sus fallos va en contra de los derechos de los argentinos y argentinas. Para peor, una Corte que nadie fiscaliza y se autorregula.
¿A favor de quién juegan los cortesanos? A favor de los poderes concentrados económicos, es decir, el poder real.
Carlos Rosenkratz, quien hasta hace muy poco fue presidente del máximo tribunal, es el mejor ejemplo.
Aceptó en un principio ser nombrado por decreto en contra de lo que dice la Constitución, es amigo del expresidente Mauricio Macri, y anunció que dejará de excusarse en causas que involucren a las grandes empresas de medios, pese a que antes estas mismas grandes empresas fueron clientes de su antiguo estudio jurídico.