El odio hacia los pobres se construye a través de la estigmatización, una mirada clasista con desprecio a los que menos tienen. Puede provenir de políticos y empresarios, en definitiva de una élite que repite la idea del "parásito", "cabeza de termo", "negro vago", "choriplanero". Los términos contra las clase populares crecen día a día y se legitiman.
La aporofobia es el temor hacia los pobres, a quienes se ve como una amenaza. Los parásitos versus los que producen: es decir que hay una porción de la población que es un excedente y sobra, a la que hay que sacar. El resultado de una mirada elitista que plantea un país solo para algunos.
Pero, paradójicamente, los presuntos parásitos son los que mas producen, como los cartoneros o quienes ponen un comedor popular en un barrio. Por el contrario, esos elitistas demostraron en la historia de nuestro país que son haraganes y vagos, y se dedicaron a los commodities y a las materias primas en lugar de impulsar la inversión.
Tengamos presente que estos discursos construyen una narrativa para legitimar las agresiones físicas, psicológicas o simbólicas contra las clases menos pudientes.