Las puertas de Europa y el mar Mediterráneo, una trampa mortal

El naufragio de otra embarcación con cientos de personas en las aguas de Grecia destapa una crisis humanitaria, que solo se visibiliza cuando hay grandes tragedias.

El hundimiento de un barco pesquero repleto de migrantes junto a la costa griega la semana pasada, cuya cantidad de víctimas aún se intenta determinar, muestra la inocultable realidad de miles de personas vulnerables que arriesgan todo para llegar a Europa, viajando en condiciones infrahumanas. Aunque el asunto solo acapara la atención global cuando ocurren tragedias de alto impacto mediático, hace varios años que el mar Mediterráneo se convirtió en una trampa mortal. La desigualdad, también.

La información sobre lo que pasa en el agua es escasa, pero suficiente para que organismos multilaterales dijeran que esta es “la ruta migratoria más peligrosa”. De hecho, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) acaba de publicar la cantidad de muertes registradas año tras año en vías marítimas con salidas desde Medio Oriente y África del Norte. Esto incluye el Mediterráneo Central, el Occidental y el Oriental, que tiene salida desde Líbano y Chipre, pero también abarca un camino atlántico hacia las Islas Canarias de España.

Repasemos: las estadísticas muestran datos del 2018 (hubo al menos 2.267 víctimas fatales), el 2019 (2.021 muertes registradas), 2020 (2.233), 2021 (3.063), y el año pasado (2.761). En total, tantas personas juntas no cabrían en la tribuna Sívori Alta de la cancha de River. El Proyecto Migrantes Desaparecidos (MMP, por sus siglas en inglés), alertó que la cifra real de fallecidos sería mucho mayor. Hay cadáveres que jamás aparecen, y los registros de pasajeros en embarcaciones irregulares brillan por su ausencia.

Estos drásticos números suben si se cuentan los cientos de caídos que quisieron movilizarse por tierra, considerando los enormes trayectos entre distintos países para llegar a las costas de Medio Oriente y el norte de África. En 2022, esos viajes terrestres significaron 1.000 nómadas que no llegaron a destino. Y habría más, pero hay lugares remotos donde las muertes solo se registran si hay testigos presenciales. Por eso la OIM instaló un sistema de monitoreo en caminos clave y fronterizos de Libia, contabilizando 52 casos en el “traicionero cruce del desierto del Sahara”.

En cuanto al Mediterráneo, otro de sus grandes dramas es que cuando un migrante muere ahogado, su nombre suele hundirse con él. De hecho, calculan que el 84% de los fallecidos en rutas marítimas no se puede identificar, mientras miles de familias no tienen los cuerpos de sus seres queridos para transitar el duelo.

“Socorrer sin demora es una norma fundamental”

La situación exige una reacción urgente. “Está claro que el enfoque actual del Mediterráneo es inviable”, lamentó el director del Departamento de Emergencias de la OIM, Federico Soda. Destacó que esa ruta marítima tiene “la tasa de letalidad más alta”, y pidió que los Estados se unan para “abordar las brechas en la búsqueda y el rescate proactivo, el desembarco rápido y las vías regulares seguras”. También planteó, por si hacía falta recordarlo, que los “esfuerzos colectivos deben tener los derechos humanos de los migrantes y salvar vidas en el centro de cualquier respuesta”.

El último comentario no es casual. El naufragio del barco con unos 750 viajeros cerca de Grecia dejó la sensación de que se podría haber hecho más para evitar el desenlace fatal. En un comunicado conjunto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la OIM señalaron que “la Guardia Costera Helénica anunció una operación de búsqueda y rescate a gran escala en la mañana del 14 de junio, luego de que el barco volcara”. Es decir, un día después de haberse registrado que la embarcación estaba en riesgo.

“El deber de socorrer sin demora a las personas en peligro en el mar es una norma fundamental del derecho marítimo internacional. Tanto los capitanes como los Estados tienen la obligación de prestar asistencia a las personas que se encuentran en peligro en el mar, independientemente de su nacionalidad, estado o las circunstancias en que se encuentren”, se lee en la publicación. Esto, “incluso en embarcaciones no aptas para navegar, e independientemente de las intenciones de las personas a bordo”.

Por ahora, rescataron con vida a más de 100 migrantes y recuperaron unos 80 cadáveres. Y sobre la tragedia, las versiones son cruzadas. Algunos sobrevivientes señalan que el barco se hundió cuando otro navío intentaba remolcarlo, después de que se averiara el motor, mediante una maniobra compleja. Grecia, en cambio, sostuvo que el barco irregular empezó a descender después de que muchos pasajeros cambiaran bruscamente de posición. Hasta el momento, no queda claro si se actuó tarde o con negligencia.

“La Unión Europea debe poner la solidaridad en el centro”

La historia está haciendo un efecto búmeran. Los descendientes de colonizados y explotados por las potencias europeas hoy desean ir al Viejo Continente buscando una vida mejor. En muchos casos, escapan de la violencia y la falta de oportunidades.

Los modernos Estados de Europa deben evitar catástrofes humanitarias en el presente, sin desconocer su rol dominante del pasado. Es que, solo basta con ver un mapa de África en vísperas de la Primera Guerra Mundial: todo el continente se repartía entre Francia, Italia, España, el Reino Unido, Alemania, Portugal y Bélgica. Son responsables, o de mínima, partícipes necesarios.

Por estos días, la referente de ACNUR Gillian Triggs les pidió a los políticos que hagan su trabajo: “La Unión Europea [UE] tiene que poner la seguridad y la solidaridad en el centro de su acción en el Mediterráneo. En vista del aumento de los movimientos de refugiados y migrantes, los esfuerzos colectivos, incluida una mayor coordinación entre todos los Estados mediterráneos y el reparto de responsabilidades, son esenciales para salvar vidas”, destacó.

Todo esto figura en el Pacto de la UE sobre Migración y Asilo, incluyendo “el establecimiento de un mecanismo regional de desembarque y redistribución para las personas que llegan por mar, por lo que se sigue abogando”, agregó Triggs. Por su parte, la OIM solicitó “recursos para abordar esta crisis humanitaria”, en sintonía con el Pacto Global para la Migración.

La pregunta es ineludible: ¿Europa dejará la amnesia y actuará asumiendo la culpa del problema?

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