La importancia del factor ambiental en la pelea por Groenlandia

Estados Unidos avanza en la decisión de anexar la isla, a pesar de la oposición de Europa. Un tema que parece netamente político, pero que tiene consecuencias para el clima. ¿Qué puede pasar?

El cambio climático que el presidente Donald Trump niega públicamente y llegó a definir como "la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo" es, irónicamente, uno de los elementos que ayudan a entender el interés de Estados Unidos por Groenlandia, ya que el derretimiento del Ártico, que vuelve posible la navegación, hace que ese territorio se convierta en un punto geopolítico estratégico.

Primero, un poco de historia. Después de comprar a Rusia el territorio de Alaska en 1867, EEUU hizo su primera oferta para quedarse con Groenlandia, sin embargo fue rechazada. Con el paso de los años, en 1951, el presidente Truman vuelve hacer una propuesta parecida, que en el contexto de la Guerra Fría fue otra vez rechazada. Aunque le otorgaron la defensa del territorio.

"Entre 1951 que se firma el acuerdo y 1952, Estados Unidos instala unas siete bases militares y a partir de ese momento empiezan a convertir a Groenlandia en algo estratégico para la defensa nacional norteamericana", contó la historiadora y especialista en política estadounidense Valeria Carbone, en diálogo con C5N.

Estados Unidos llegó a tener 50 bases militares y también científicas-tecnológicas, aunque con el tiempo, tras el fin de la Guerra Fría, fueron abandonadas. Muchos años después, en 2019, durante su primer mandato, Trump expresó públicamente la idea de comprar Groenlandia.

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Según sondeos locales, el 85% de los habitantes de Groenlandia se oponen a la anexión a Estados Unidos.

Según sondeos locales, el 85% de los habitantes de Groenlandia se oponen a la anexión a Estados Unidos.

El interés norteamericano también alude allí a "cuestiones económicas que tienen que ver con el control de las rutas marítimas comerciales y otras con lo que entienden son las regiones de influencia", añadió la especialista.

Las rutas marítimas del Ártico son de gran interés para Trump, sumado a que en el último tiempo China incrementó su presencia con la compra de empresas de energía y mineras. "Lo que Trump está haciendo es tratar de establecer áreas de influencia, pero muy al estilo de expansión territorial como se tuvo en otras épocas", aseguró.

¿Por qué debería importarnos lo que ocurre en Groenlandia? "El hecho de que el cambio climático, que es algo que además la administración Trump niega rotundamente, ha variado las condiciones de navegación de la región y ha modificado las rutas marítimas y comerciales es una cuestión también política", subrayó Carbone.

La cuestión ambiental en la pelea por Groenlandia

Según un estudio publicado en la revista Nature, realizado por la Universidad de Leeds (Reino Unido), el deshielo progresivo polar tiene consecuencias. Esto ocurre no solamente producto de la luz solar o el calor del ambiente, sino por las corrientes cálidas, ya que el mar absorbe el 90% del calor de la atmósfera producto del cambio climático.

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"Groenlandia alberga una de las mayores masas de hielo del planeta, entonces cuando ese hielo terrestre se empieza a derretir el agua dulce se va incorporando directamente en los océanos y esto obviamente en distintos periodos de tiempo va elevando el nivel del mar en todo el mundo, incluso en regiones muy muy alejadas", explicó Camila Mercure, especialista en políticas públicas de cambio climático de FARN.

El deshielo en Groenlandia se aceleró de forma extrema en las últimas décadas: pasó de perder miles de millones de toneladas de hielo por año en la década del 90 a cerca de 250.000 millones de toneladas anuales en la actualidad, con picos durante olas de calor.

Este colapso, además de ser una señal del cambio climático, vuelve al territorio más accesible a intereses estratégicos y extractivos, lo que en un escenario de ocupación estadounidense podría profundizar aún más la degradación ambiental con efectos globales.

Este derretimiento trae consecuencias, si bien se habla de milímetros de aumento del nivel del mar por año "puede parecer muy pequeño, pero generalmente estos efectos suelen ser significativos porque lo que hace es incrementar el riesgo, por ejemplo, de inundaciones, de erosión costera y daño por tormentas afectando a millones de personas particularmente aquellas personas y poblaciones", aclaró Mercure.

El impacto del deshielo en Groenlandia no se limita al aumento del nivel del mar, ya que la enorme cantidad de agua dulce que se libera en el Atlántico Norte puede alterar las corrientes oceánicas que regulan el clima global. Al debilitarse estos sistemas de distribución de calor, se modifican los patrones climáticos, lo que puede intensificar tormentas y eventos extremos como lluvias torrenciales, con efectos ya proyectados en distintas regiones.

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El creciente interés por la extracción de minerales estratégicos -como las tierras raras, claves para la transición energética- se superpone así a ecosistemas frágiles, altamente sensibles a cualquier intervención. Como advierte, "ya hay un contexto de vulnerabilidad ambiental" sobre el cual ahora se instala el interés por nuevos procesos extractivos, lo que aumenta los riesgos ecológicos.

En ese marco, también existen antecedentes de explotaciones mineras que, tras evaluaciones posteriores, evidenciaron contaminación y daños ambientales, y subrayó que se trata de territorios que cumplen funciones ecológicas críticas: "Son ecosistemas muy frágiles y muy importantes para la regulación del clima".

Por eso, Mercure remarcó la necesidad de estudios de impacto rigurosos, procesos de consulta y participación temprana, y políticas que prioricen la conservación de la biodiversidad, advirtiendo que sin estos resguardos la expansión extractiva podría generar consecuencias irreversibles a escala regional y global.