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Atentado a las Torres Gemelas: los cinco argentinos que fallecieron el 11-S

Se cumple un cuarto de siglo del atentado que cambió la historia contemporánea. Un bombero, un paramédico, una gerenta de una compañía de software y dos empresarios fueron los compatriotas que murieron aquel día en Nueva York.

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  • El 11 de septiembre de 2001, diecinueve hombres armados con trinchetas secuestraron cuatro aviones comerciales en suelo estadounidense y los convirtieron en misiles. Dos se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Manhattan; otro impactó contra el Pentágono, en Washington; el cuarto cayó en un campo de Pensilvania cuando los pasajeros forcejearon con los secuestradores. En total murieron 2.977 personas de más de noventa nacionalidades. Cinco de ellas eran argentinas.

    La autoría del atentado recayó rápidamente sobre Al Qaeda, la red yihadista liderada por Osama Bin Laden, un multimillonario saudí que desde finales de los años 90 venía advirtiendo, en videos y comunicados, que Estados Unidos pagaría por su presencia militar en Medio Oriente. El entonces presidente George W. Bush, que llevaba apenas ocho meses en el poder, declaró desde el Despacho Oval que el país había entrado en una "guerra contra el terrorismo" y meses después ordenó la invasión de Afganistán para "desalojar al régimen talibán que le daba refugio a Bin Laden".

    En 2003 la Casa Blanca fue más lejos y también invadió Irak, con el argumento, luego desmentido, de que Saddam Hussein ocultaba armas de destrucción masiva. Bin Laden recién fue ubicado y abatido por un comando estadounidense en Pakistán en 2011, casi una década después del atentado.

    El atentado, además, terminó siendo funcional a varios intereses del propio establishment estadounidense. Bush, que había llegado a la Casa Blanca por un fallo ajustadísimo de la Corte Suprema y cargaba con un nivel de aprobación mediocre, vio cómo su imagen trepó a más del 90% en las encuestas apenas después del 11-S, un pico histórico que le permitió gobernar casi sin oposición durante meses y ganar la reelección en 2004.

    Semanas después del ataque, el Congreso aprobó casi sin debate la Patriot Act, que amplió de manera inédita las facultades de espionaje interno de la CIA, el FBI y la naciente NSA sobre los propios ciudadanos estadounidenses. La "guerra contra el terrorismo" también justificó un salto enorme en el gasto militar y una cadena de contratos multimillonarios para empresas de la industria de defensa y de reconstrucción en Irak y Afganistán.

    Pero más allá de los acontecimientos que cambiaron para siempre la vida en Estados Unidos y el mundo, existieron tragedias personales, vidas que se vieron desintegradas ese día con la explosión en Nueva York. Cinco de ellas, ligadas a familias argentinas.

    Los argentinos que perdieron la vida en el atentado contra las Torres Gemelas

    Entre las casi tres mil víctimas hubo un bombero, un paramédico, una gerenta de una empresa de software y dos empresarios. Todos habían elegido, en distintos momentos de sus vidas, construir su futuro en Nueva York.

    Sergio Villanueva había nacido en Bahía Blanca y cruzó el continente con apenas dos años, de la mano de sus padres. Se hizo grande en Estados Unidos: primero como policía, desde 1992, y siete años más tarde cambió el uniforme azul por el de bombero. Sus amigos lo llamaban "Big Daddy" y estaba comprometido con Tanya Bejasa. Aquella mañana había terminado su guardia apenas cuarenta y cinco minutos antes de que el primer avión perforara la Torre Norte. En vez de irse a descansar, se volvió a vestir y subió con la escalera 132 hacia el fuego. Nadie lo vio salir. Tenía 33 años. Hoy su nombre sigue vivo en la Universidad de Hofstra, que sostiene una beca con su apellido para ayudar a estudiantes-atletas a terminar la carrera.

    Sergio Villanueva había nacido en Bahía Blanca.

    Mario Santoro, rosarino, se había criado en Nueva York desde chico junto a sus padres y trabajaba como paramédico. Ese día estaba franco, en su casa, cuando vio desde el balcón que una de las torres ardía. Le avisó a su esposa Leonor que salía para allá. "Me van a necesitar", le dijo y llamó a su compañero de ambulancia para encontrarse en la entrada de uno de los edificios. Dejaba a Sofía, su hija, de apenas dos años. Fue la última vez que alguien supo de él.

    Mario Santoro, rosarino, se había criado en Nueva York desde chico.

    Gabriela Waisman había nacido en el barrio porteño de Caballito y se había mudado con su familia a los seis años. Se recibió de psicóloga pero terminó haciendo carrera en Sybase, una empresa de software, donde llegó a gerenta. Su oficina quedaba a nueve cuadras del World Trade Center, pero esa mañana estaba en el piso 106 de una de las torres por una feria comercial de la compañía. Alcanzó a hablar por teléfono con su familia, que la veía por televisión sin que ella lo supiera. Tenía 33 años y fue la primera argentina en ser identificada entre las víctimas.

    Gabriela Waisman había nacido en el barrio porteño de Caballito.

    Pedro Grehan, oriundo de San Isidro, se había mudado a Nueva York en 1997 sin trabajo, casado y con tres hijos, dispuesto a empezar de cero. Con los años se afianzó como analista financiero de Cantor Fitzgerald, la firma que perdió a casi setecientos empleados aquel día, más que ninguna otra compañía. Su madre, Inés Oteiza, creyó reconocerlo en una fotografía publicada por un diario estadounidense, asomado a una ventana en los pisos más altos. Nunca se recuperó su cuerpo.

    Pedro Grehan, oriundo de San Isidro, se había mudado a Nueva York en 1997.

    El quinto nombre tardó años en aparecer. De hecho, cuando en 2003 Néstor Kirchner descubrió en el consulado argentino en Nueva York la placa en homenaje a los compatriotas caídos, todavía no estaba grabado en ella.

    Guillermo Alejandro Chalcoff, porteño de Barrio Norte, se había radicado en Estados Unidos a mediados de los 80 junto a su esposa Mabel y, poco antes del atentado, había obtenido la ciudadanía estadounidense. Por eso durante mucho tiempo figuró como víctima local y no argentina: recién en 2009 se confirmó su origen. Presidía una empresa de sistemas, Accutek Information Systems, y ese día estaba en el World Trade Center por una reunión con la consultora Marsh & McLennan, en uno de los últimos pisos de la Torre Norte.

    Guillermo Chalcoff, porteño de Barrio Norte, había obtenido la ciudadanía estadounidense.

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