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Perspectivas cambiarias y precios a la luz de las elecciones y el acuerdo con el FMI

Es importante seguir de cerca los precios y los dólares implícitos. Los movimientos se profundizarán dependiendo el resultado electoral.

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  • Analizando el contexto del país, es considerable seguir de cerca los movimientos de precios y de los dólares implícitos a fines de julio y la primera quincena de agosto, porque habrá factores de poder: “inversores” “financistas” y empresarios que además de jugar a la devaluación por su bolsillo, juegan políticamente.

    Claramente los aumentos de precios tienen un componente racional debido a las dificultades en la reposición de mercaderías e insumos y/o mayores costos, y al deterioro tanto del sector externo en el primer semestre como a las expectativas para el resto del año, dificultades esperadas futuras en virtud de un posible escenario electoral con ventajas para JxC que implica a la larga o a la corta recortar la brecha (devaluación).

    Durante el primer semestre de 2023 el balance del sector externo marcó un resultado negativo de u$s 4.387 millones, impactado fundamentalmente por la sequía. Así dicho valor contrasta con un superávit de u$s 2.977 millones de igual período de 2022.

    La yuxtaposición de a) la sequía y la evolución del sector externo en general b) escasas reservas, c) el acuerdo demorado con el FMI d) la dolarización propia de los años electorales e) las perspectivas electorales donde la oposición que propone la unificación cambiaria está primero en las encuestas, configura un escenario que genera un círculo vicioso de mayor presión cambiaria y alza en los precios que alimentan mayores expectativas de aumentos.

    Cabe señalar que mostró la experiencia de 2016 (post devaluación del 17 de diciembre de 2015), los alimentos y bebidas siguen al dólar oficial y no a los implícitos o al dólar blue. Habrá que ver cómo evolucionan las SIRAS de insumos y bienes intermedios importados pero un salto de la brecha no debiera tener un impacto 1 a 1 en el precio de los alimentos.

    Una mayor brecha generará menos incentivos a liquidar exportaciones y mayor demanda de importaciones y pagos al exterior. Por supuesto esta mayor brecha potenciará comportamientos especulativos de “formadores de precios” y actitudes precautorias de todos los agentes.

    Observamos desde la última semana de julio una primera fase estos días de aumentos de precios y “stockeo” que se profundizará dependiendo del resultado electoral. Un triunfo de Patricia Bullrich en la PASO de JXC puede generar una mayor presión en los precios y en el tipo de cambio oficial de cara a que propone una unificación cambiaria de shock. Una diferencia muy grande de JXC respecto a UPP alimentará este escenario que mostrará a la vez una dicotomía: dinámica inflacionaria y cambiaria versus una fuerte “euforia” en los mercados financieros.

    El acuerdo con el FMI incluye, como estimamos en febrero, un waiver de las metas del primer y segundo trimestre de 2023 y el desembolso de un equivalente a u$s7.500 millones que devuelve los pagos de junio y julio hechos al Organismo por u$s5.400 millones y cubre además otros vencimientos de agosto y septiembre por u$s1.490 millones. Este hecho más la postergación de la revisión de la meta de septiembre a noviembre “patea” el problema para después de las elecciones. El Gobierno logra así “sacar” el tema en la campaña y el FMI reconoce en forma implícita que el Gobierno no puede tomar medidas de fondo antes de las elecciones y evita una puja en medio de la campaña.

    Pero está claro que si bien el FMI bajó la meta de acumulación de reservas en u$s7000 millones. La nueva meta de reservas es u$s3.227 millones para diciembre 2023 mientras que la anterior es de u$s10.277 millones. Pero esta meta luce imposible de cumplir si el FMI no renueva ese vencimiento además de otros u$s1500 millones de vencimientos de noviembre y diciembre. Es claro que para esa fecha habrá que discutir un nuevo programa con el nuevo Gobierno.

    Lo que ocurra con el pago del vencimiento de octubre por u$s2.638 millones dependerá del resultado de la primera vuelta. Si el gobierno llega competitivo al ballotage probablemente se genere tensión con el Organismo que en forma inusual desarrolló un largo Comunicado, al anunciar el acuerdo a nivel de staff donde explicita que se debe “contener” el aumento de la masa salarial. Como el tema deriva desde el gasto se supone que se acota a los salarios públicos, pero esto preanuncia un nuevo tironeo con el Organismo de cara al desenlace de la primera vuelta.

    El paquete fiscal que encarece importaciones, además del adelanto de ganancias supone ingresos por 0,8% del PBI. El FMI no cedió en aflojar esta meta, a pesar de la merma de ingresos por la sequía. Según nuestras estimaciones sin un aumento del gasto electoral, -supuesto fuerte- la brecha con la meta de 1,9% del PBI sería de 0,2% del PBI. Se supone que la mayor inflación favorecerá el resultado fiscal y la desaceleración económica atenuará parcialmente este resultado favorable.

    La nueva versión del dólar agro promoverá una liquidación de exportaciones de u$s2.000 millones. Como dijimos el Gobierno puede tener poder de fuego para “llegar”, a partir del cierre con el FMI, dólar agro, mayor ajuste de importaciones, y emplear todo el swap con China. Así el Gobierno podrá evitar una devaluación nominal indeseada del dólar oficial, pero no podrá evitar una aceleración inflacionaria por las medidas, las previsibles restricciones a importaciones y al deterioro de expectativas. Todo esto desacelerá la economía por las dificultades para financiar estímulos al consumo, por fuera del impacto directo e indirecto de la sequía y el menor crecimiento mundial.

    Un tema crucial será la política cambiaria; se supone que se mantendrá la pauta devaluatoria a la par de la inflación, porque devaluar en este contexto agravaría la crisis. Una devaluación “exitosa” que no se vaya a precios y restaure el equilibrio externo requiere de una sólida posición de reservas, credibilidad, plan económico integral lo que incluye poder político con amplia mayoría o fuertes consensos. No parece posible que eso sea viable hasta que termine la contienda electoral.

    No obstante dinámicas de precios por especulación y cobertura son una espada de Damocles, no solo para Massa y el Gobierno sino también una señal de advertencia a la oposición que tendrá presiones para un programa de shock por parte de los formadores de precios, exportadores e inversores y una resistencia política, sindical y de movimientos sociales para implementarlo. Para hacer lo que dijo Patricia Bullrich lo mismo que entre 1989 y 1991 pero más rápido. Hay que recordar que en ese lapso hubo una hiperinflación en 4 episodios. Al menos alta inflación futura si se unifica de shock y sin condiciones mínimas el mercado cambiario.

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