Paladini avanza en la construcción de una nueva planta de cocidos, la ampliación de su planta de salchichas y la ampliación de su expedición en su predio industrial de la localidad santafesina de Villa Gobernador Gálvez, una inversión de u$s21 millones que permitirá aumentar su producción, mejorar su eficiencia y continuar su expansión a otros países.
Paladini invierte u$s21 millones en la ampliación de sus instalaciones para consolidar su crecimiento
La empresa líder en alimentos, que genera casi 4 mil empleos en siete plantas y nueve sucursales, robotizará parte de su producción para mejorar su eficiencia y continuar su expansión a otros países.
La empresa, que cuenta con la dirección de la cuarta generación de la familia fundadora, genera casi 4 mil empleos en siete plantas y nueve sucursales, con 100 mil toneladas vendidas anualmente y exportaciones a Uruguay, Paraguay, China y Hong Kong.
"Esta inversión es parte de nuestro compromiso con el país. Confiamos en el potencial de la Argentina y, por eso, en nuestros más de 100 años de trayectoria, hemos realizado esfuerzos para llevar a cabo proyectos sostenibles que impulsen el desarrollo de la industria nacional. Con esta nueva inversión, seguimos avanzando en nuestra evolución hacia una empresa integral de alimentos, expandiendo nuestras operaciones, e innovando para llevar la marca y el apellido Paladini a nuevos mercados", expresó Gustavo Bonvechi, gerente general de Paladini.
La nueva planta estará conformada por almacenes inteligentes diseñados para la automatización de las operaciones de entrada/salida a través de transelevadores robóticos capaces de trabajar a temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero a las que se conserva la materia prima. Esta innovación, realizada con tecnología argentina, está a cargo de la empresa Crosetto Ingeniería, que funciona en el predio de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) en Reconquista.
Adaptación a la crisis
La retracción económica que atraviesa 2024 causó "meses muy malos" en Paladini, ante la caída del poder adquisitivo, de los ingresos y de una mayor marginalidad de parte de la competencia, en un sector donde crece la informalidad y la falta de seguimiento de las normas de seguridad alimentaria. Además, cerraron 400 granjas que proveían de cerdo a la compañía.
"Esto llevó a que los corredores tuvieran que dejar de solamente levantar pedidos y empezar a vender", destacó Bonvechi. Este escenario también los llevó a darle más lugar a la carne fresca de cerdo ante la caída de los fiambres, que conforman más una gratificación que una compra por necesidad.
"Hoy es impensado un asado sin cerdo", sostuvo Pablo Paladini, CEO y vicepresidente, y remarcó que "hoy, en un contexto de baja inflación, el consumidor es más racional" y "tenemos que convencerlo de que nuestros productos son mejores".
Sin embargo, ambos destacaron la capacidad de la empresa de adaptarse a distintos contextos. "Sabemos hacer negocios en cualquier escenario", enfatizó Bonvechi, mientras que Paladini recordó que históricamente la compañía siguió invirtiendo incluso "en etapas donde el mediano y largo plazo son son claros".
Un recorrido por las plantas de Paladini
Para un fanático de los fiambres, la posibilidad de un recorrido por la planta de una de las empresas más reconocidas del país equivale a recibir el ticket dorado de Willy Wonka. Sin embargo, en lugar de Johnny Depp, quienes conducen el paseo son Mabel, Ricardo y Luciano, listos para dar detalles y explicar cada paso de la producción.
En Villa Gobernador Gálvez la compañía opera con seis plantas: la de Faena y Despostada Porcina, de Faena y Despostada Vacuna, de Alimentos Procesados, la Planta Piloto de I+D+I, la de Harina de Carne, y la de Tratamiento de Efluentes.
El recorrido comienza con medidas de seguridad e higiene: mameluco, cofia, cubrebarba, barbijo, cubresuelas, guantes, casco y abrigo debido a las bajas temperaturas. Los pasillos blancos conforman un laberinto que parece inexpugnable, pero Mabel conoce cada rincón y presenta cada parte de la planta y su función. Así, se puede atestiguar cómo las reses son despostadas y cómo cada parte del animal se va dividiendo según su utilización.
Una frase habitualmente atribuida al excanciller alemán Otto von Bismarck asegura que "con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen". Sin embargo, ese axioma no corre en este lugar: el proceso de elaboración de los embutidos es fascinante, con el procesamiento industrial de la carne magra y grasa para hacer el picado -ya sea fino o grueso- y la conformación, un poco más artesanal, de las ristras.
El lugar huele a carnicería que acaba de ser limpiada. La higiene es un requisito ineludible y está presente en cada paso que se da dentro de las instalaciones, aunque entre el olor de los productos desinfectantes se cuela el profundo aroma especiado de la mezcla para los salames.
Hay algo hipnótico en el movimiento de las barras de jamón cocido por las cintas transportadora, tras haber abandonado los moldes y ser empaquetadas para su envío a los clientes. El ruido constante de las máquinas le brinda una monótona musicalidad al ambiente, un ostinato mecánico que acompaña la producción.
La gran estrella del paseo, donde todos se sacan fotos para presumir en las redes, son las descomunales cámaras donde miles de salamines cuelgan como parte de su proceso de estacionado. El período cambia según la variedad, pero permanecen allí un promedio de 14 días, donde va cambiando su color para alcanzar esa tentadora tonalidad cercana al bordó.
El recorrido finaliza en la planta de tratamiento de efluentes, donde la ingeniera ambiental Carolina Mondino, jefa de Medio Ambiente y Normas de Gestión, cuenta la historia de esas instalaciones, creadas en 1989, pioneras de la gestión de aguas previo a su vertido en el río Paraná.
"La unidad de tratamiento primaria de afluentes hoy por hoy nos permite retirar principalmente los sólidos de diferentes tamaños a través de un sistema primero de rejas y después de tamices con diferentes gramajes. Después hay sedimentadores que se pueden ver acá a simple vista, y luego un sistema secundario con lagunas, una anaeróbica para degradar la mayor cantidad de materia orgánica que pudo haber escapado a las etapas primarias de tratamiento y la facultativa es la que nosotros llamamos de pulido que es la que termina de darle la calidad a esa agua para que esté dentro de parámetros de vuelco de acuerdo a la normativa de Santa Fe", detalla.
"Tenemos que trabajar para en un futuro corto, mediano y largo alcanzar parámetros que se acerquen a los que hoy nos entrega el río. Es decir, devolverle al río lo que el río nos da en la misma cantidad y calidad", concluye.
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