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La historia más emotiva de Michael Jordan y el único partido que no le dolió perder

En 1987, Su Majestad aceptó el duelo en silla de ruedas ante un adolescente discapacitado. La intimidad de aquel picado, con testimonios, fotos y el video para revivirlo.

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  • Durante la pandemia, cuando se estrenó The Last Dance, la mejor serie documental deportiva que hayamos visto, pudimos apreciar un lado no tan conocido de Michael Jordan. Se trató de un costado obsesivo por competir, por ganar, por ser el mejor, siempre… Tal vez como nadie hemos presenciado en la historia del deporte.

    Alguien desesperado por demostrarles a los que dudaban que estaban equivocados, que se alimentó de los desafíos, de las revanchas, de las venganzas y hasta del odio -deportivo-. Sentimientos que, por momentos, según testimonios, lo llevaron a maltratar, a ser un tirano y a usar su poder para imponer su ley (y sus ideas). Un líder que sobrepasó algunos límites en su afán por empujar a sus compañeros y sacarles lo máximo. Una forma de liderazgo más habitual y aceptada hace décadas que ahora, lo que generó críticas en aquellos meses que se emitió la serie.

    Sin embarga existen otras historias, mínimas, más “secretas”, que muestran cómo él perseguía otros momentos, donde podía dejar fluir su esencia. Otra parte de la historia, que habla de un tipo más humano, con códigos, muy pasional, que disfrutaba del deporte como pocos, que era otra persona estando con gente normal, que no todo era probarse y ser el mejor, compitiendo sin piedad. Y ese otro MJ lo vemos por caso en aquel partido que no le dolió perder…

    Era julio de 1987 y Jordan era la nueva estrella fulgurante de la NBA. Ya había batido el récord de puntos en un partido de playoffs (63), nada menos que en el Boston Garden contra los campeones Celtics, y en la última temporada había promediado 37.1 puntos. Cuando un chico discapacitado de 16 años escribió una carta a un programa de TV (Sports Fantasy de la cadena NBC) que se dedica a hacer realidad los sueños de la gente.

    jordan nba

    Una historia que habla de un tipo más humano, con códigos.

    Eric Barber contaba su sueño: jugar un 1 vs 1 contra el astro de los Bulls. Pero en silla de ruedas. Eric Barber era un adolescente que había perdido el uso de sus piernas a los tres años y había empezado a practicar el deporte, en su modalidad, a partir de los 11. Michael recibió la requisitoria del canal y aceptó el duelo. El evento se organizó entonces en la Universidad de Lisle a las afueras de Chicago –donde ambos vivían- y con una única regla: ganaría el primero que llegaba a 20 puntos.

    Con la canchita del campus casi llena, Eric se motivó y en una nota previa con NBC predijo su triunfo, incluso detallando cómo y por qué le ganaría al 23. “Michael es un novato con la silla y no sabrá manejarla. Más que nada me moveré mucho, seré intenso. Lanzaré desde cinco metros y si fallo, llegaré al rebote antes que él”, avisó Barber, dejando claro que la utilización de la silla sería una ventaja determinante.

    Eric, más cómodo con las condiciones de juego, arrancó mucho mejor hasta ponerse 16-4. “Michael daba esos pequeños golpes cortos como lo hacen las personas sin discapacidad cuando están en una silla de ruedas. Sus giros eran bastante lentos”, recordó hace días en una nota con el sitio oficial de los Paralímpicos.

    Ahí asomó la capacidad competitiva de MJ. En una jugada, Barber le cortó el camino al aro en un momento y quiso sacarle la pelota de las manos con un manotazo. “La golpeé muy fuerte pero la pelota ni se movió de sus manos”, detalló Eric. “¿La quieres? Vas a tener que intentarlo más fuerte porque estoy empezando a sentirlo”, le dijo MJ con su clásico trash talk, dejando claro que, para perder, todavía faltaba bastante…

    Embed - The Day Eric Barber Beat Michael Jordan | Wheelchair Basketball | Paralympic Games

    MJ encontró el tiro desde la silla y en defensa usó algunas mañas con sus pies para frenar la movilidad de Barber. Llegó a ponerse a cuatro: 18-14. Pero, en la siguiente posesión, a Eric no le pesó la presión de tener el tiro para ganarle a Su Majestad y lo cerró 20-14 para delirio de la afición. “Mike pudo transferir sus habilidades, sólo le costó un poco el manejo de la silla y yo me aproveché de eso. No me sentí mal porque él siempre tomó ventajas de sus superiores condiciones sobre otras personas”, admitió Barber.

    Eso sí, Eric quedó impresionado por la actitud de Michael en el duelo y sus especiales habilidades. “Hoy hablan mucho de su competitividad y a mí me quedó claro en aquel momento. Por su capacidad para aprender rápidamente cómo jugar con la silla. Menos mal que no le dimos mucho tiempo para adaptarse a su manejo”, contó, sonriente.

    Aquel momento tan especial le sirvió para ganar mucha confianza y definitivamente dedicarse a jugar profesionalmente. A tal punto que tuvo una carrera larga y exitosa en el básquet. Barber fue a cuatro Juegos Paralímpicos con su país (2000, 2004, 2008 y 2012) y logró dos medallas de bronce, en Sydney y Londres. También sumó dos de oro y dos de plata en otros torneos, incluyendo Mundiales. Pero aquel día todavía lo recuerda como uno de sus preferidos: el día que le ganó al todopoderoso, casi invencible, Michael Jordan.

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