En el último tiempo, y sobre todo con la llegada de Elden Ring, cada vez se habla más de videojuegos de fantasía oscura. Este subgénero de la ficción fantástica, que conecta a los gamers con un mundo artístico que generalmente tiene tintes de terror, se reinventó para darles vida a muchas de las propuestas que existen hoy.
Pero, ¿qué es la fantasía oscura? El término parece algo moderno, pero nació en los años 70. Refiere a esos escenarios o universos que se caracterizan por ocurrir dentro de un lugar regido por reglas diametralmente distintas a las del mundo que nos rodea, aunque ciertamente puedan guardar algunas similitudes.
Fue en los años 80 cuando llegó Calabozos y Dragones, el primer juego no comercial inspirado en las obras de JRR Tolkien, que muchos autores y escritores empezaron a beber de la fantasía medieval y de la fantasía oscura para traer este género al universo del gaming. Wizarding fue el primer juego RPG de fantasía medieval.
Sin embargo, los videojuegos de los años 90 y 2000 tenían un sistema muy estructurado, basado en los viejos RPG. Fue recién con la llegada de los mundo abierto, como por ejemplo en las sagas The Witcher o The Skiline, donde el género de fantasía oscura se reinventó para darnos los juegos que tenemos hoy.
El motivo es que el mundo abierto permite más momentos de inacción y contemplación durante el juego. En vez de empujar a los gamers solo a cumplir misiones, a partir este cambio es posible caminar y recorrer estos universos, entrando a lugares donde los personajes no entrarían en un juego normal.
Por eso los mundos abiertos de fantasía oscura medieval son tan increíbles, porque continúan con la senda de Calabozos y Dragones y Wizarding.