A mediados de los años ‘30, en plena Década Infame, el gobernador bonaerense Manuel Fresco se propuso refundar la Provincia. Embelesado por los regímenes totalitarios que avanzaban en Europa de la mano de Hitler y Mussolini, y con la certeza de que la obra pública podía ser un motor fundamental para la reactivación económica en una Argentina que había sufrido los coletazos de la Gran Depresión, este político autoritario y conservador contrató a un desconocido ingeniero-arquitecto de origen italiano para que le diera forma a su ambicioso proyecto. Se llamaba Francisco Salamone.
La brutal obra de Francisco Salamone, el arquitecto que dejó su huella en la pampa bonaerense
El ambicioso proyecto de un gobernador que admiraba a Hitler y Mussolini plasmado por un hijo de inmigrantes italianos nacido en Sicilia y formado en Argentina. Más de 70 edificios construidos en apenas cuatro años. Un ascenso vertiginoso, una caída abrupta y el posterior olvido.
Fresco quería fomentar el crecimiento y desarrollo de pequeños pueblos del interior bonaerense a partir de infraestructuras que generaran arraigo en las zonas rurales, y al mismo tiempo transmitir una idea de orden, de un Estado fuerte y paternalista. Salamone no pudo haberlo interpretado mejor. Inspirado en las vanguardias europeas que emergían del fascismo y el nacionalsocialismo, este arquitecto nacido en Leonforte, un pueblito de Sicilia, pero formado en el Colegio Otto Krause y en la Universidad de Córdoba, logró quebrar la llanura pampeana con una serie de construcciones monumentales, en el medio de la nada, casi sacadas de contexto.
A partir de una fuerte alianza comercial con el empresario Alfredo Fortabat, que le permitía disponer de todo el cemento que quisiera a un precio módico, Salamone construyó más de 70 obras en diferentes pueblos de la provincia de Buenos Aires. Todo en apenas cuatro años (1936-1939).
"La obra de Salamone tiene que ver con el futurismo italiano, con el racionalismo francés… Ideas que estaban surgiendo en Europa, que en ese momento no estaban tan mal vistas. Hoy uno dice ‘fascismo’ y es algo que está signado de sangre, de terror, de genocidio. Pero cuando el fascismo empezaba a surgir, era una idea prometedora", explicó el artista plástico y guía de turismo Hernán Budapest en diálogo con C5N.com.
"Las vanguardias iban a la par de movimientos políticos como el fascismo. Y el futurismo, como movimiento artístico, consideraba la velocidad, la explosión, como algo dinámico. Y como una cuestión que tenía que ver con una estética nueva, que era el movimiento. También es cierto que había artistas como (Pablo) Picasso que cuestionaban al fascismo. El Guernica es eso", agregó Budapest, conocedor de las diferentes corrientes artísticas europeas, en referencia a la obra del pintor español sobre el bombardeo que sufrió aquel poblado vasco durante la guerra civil española.
Salamone combinó varios estilos para diseñar sus edificios: art-decó, racionalismo francés, futurismo italiano, funcionalismo checo, modernismo belga, expresionismo alemán, constructivismo ruso... Construyó mataderos, cementerios y palacios municipales. También alguna que otra plaza, parque, mercado o escuela.
Los mataderos, erigidos a la entrada de los pueblos, ofrecían trabajo a los habitantes. Los cementerios, emplazados en el fondo, donde enterrar a los seres queridos. La vida y la muerte planificadas.
Las imponentes torres de los palacios municipales, coronadas con enormes relojes, competían en altura con los campanarios de las iglesias. No solo para dar la hora, sino para demostrar dónde residía el poder.
“Habla de un poder político que tenía que tomar por si solo una preponderancia. También de una economía que tenía que ser pujante y moderna. Antes de 1937, los animales se faenaban en lugares paupérrimos e insalubres. El matadero modelo de Salamone habla de una evolución hacia el futuro. ¿Las ventajas comparativas estaban en el campo? Bueno, el campo tenía que brillar. Y esas intendencias municipales tenían que hacer que el campo fuese el motor de una economía. Para la Provincia primero y para la Argentina después”, describió Budapest.
La "piedra líquida", su principal aliada
Los monumentales edificios de Salamone permanecen casi todos en pie. A la mayoría se los puede encontrar en pueblos y ciudades del sur bonaerense como Carhué, Villa Epecuén, Azul, Balcarce, Coronel Pringles, Guaminí, Laprida, Salliqueló, Tornquist o Saldungaray. Tierras arrebatadas a los indios, donde apenas medio siglo atrás había fuertes que custodiaban la frontera con aquellas poblaciones originarias. Todos relativamente próximos a Olavarría, desde donde provenía el cemento, material imprescindible para la conformación de la “piedra líquida”.
“Salamone usa una tecnología propia del momento, que se acababa de descubrir, que era el hormigón armado. Y la materia prima para eso era el cemento de Fortabat. No se construía en metal, como en la época de Eiffel (se refiere al ingeniero civil francés Gustave Eiffel, creador de la Torre Eiffel). Se construía en cemento, que era lo nuevo. Salamone es contemporáneo al Obelisco, al Kavanagh, al edificio del Ministerio de Obras Públicas, al Empire State”, enumeró el artista plástico.
Mataderos y cementerios: una obsesión con la muerte
El cementerio de Azul quizás sea la obra más impresionante de Salamone. Un gigantesco pórtico construido sobre una ochava, flanqueado de ambos lados por ornamentaciones que representan la llama eterna y coronado con una cruz negra y la sigla R.I.P., que significa “requiescat in pace” (descanse en paz). Delante de ese enorme bloque de concreto que parece una escenografía, una escultura cubista del “Ángel de la Muerte” empuñando una espada.
El portal del camposanto de Saldungaray también es impactante. Una enorme rueda hace de marco a una cruz, desde la que se asoma la cabeza de Cristo, como si hubiese sido decapitado en una guillotina. Hay quienes dicen que Salamone era ludópata y que esa rueda representa una ruleta. “El juego lleva a la muerte”, pareciera ser el mensaje.
El matadero modelo de Carhué, ubicado en las ruinas de Villa Epecuén, aquel pueblo termal que fue arrasado por las inundaciones de 1985, todavía sigue ahí. La construcción resistió varias décadas bajo el agua. Hoy parece una postal ucraniana. Una mole de cemento que aguantó estoicamente el bombardeo.
"El tema de la muerte pareciera ser inspirador en su obra. Los mataderos y los cementerios. El matadero, un lugar donde se daba laburo, que tenía que ser una factoría en todo sentido. Una especie de picadora de carne fabricando riqueza, matando animales para generar una economía pujante. Y el cementerio como un lugar que tiene que ver con lo religioso. Salamone no hace ninguna iglesia. Con el clero no se mete, pero sí con el cementerio, porque desde la época de (Bernardino) Rivadavia los cementerios estaban en manos de la administración pública. Ya no iban a estar más en el fondo de una iglesia”, explicó Budapest.
Otra vez, como con las torres de las municipalidades y los campanarios de las iglesias, aparece la competencia entre el Estado y el clero. "El poder que ostentaban los gobiernos era algo así como: ‘Ok, ustedes son la iglesia, los bautizan, pero nosotros los enterramos. El acta de defunción la firmamos nosotros’", agregó.
El misterioso final del arquitecto de las pampas
La monumental obra de Salamone fue interrumpida de manera abrupta en 1940, cuando el gobierno del radical Roberto Marcelino Ortiz decidió intervenir la provincia de Buenos Aires por la inestable situación financiera que se había generado a partir de una descontrolada emisión de títulos de deuda pública.
Durante los primeros años de la década del '40, Salamone se dedicó a pavimentar rutas y caminos en el norte del país, hasta que llegó la Revolución del ’43, que derrocó al presidente Ramón Castillo y permitió el ascenso de Juan Domingo Perón al poder. Fue entonces que Salamone desapareció de la escena y fue condenado al olvido.
Algunos hablan de un exilio en Uruguay, motivado por una serie de acusaciones de corrupción. Otros señalan que su relación con Fresco y su arquitectura con reminiscencias del Tercer Reich pudieron haber provocado su caída en desgracia.
"Salamone quedó pegado al fascismo, pero no era fascista. Simplemente eligió el lado equivocado al trabajar para Fresco. Quizás el peronismo quiso despegarse de la Década Infame, de todo ese mal momento para la democracia, y por eso también se saca de encima a Salamone y encara la obra pública con otros arquitectos. Cambio de gobierno, cambio de ideas”, concluyó Budapest.
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