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Hallan en Santa Cruz un superfósil jurásico, con detalles únicos a nivel celular

Gracias a la acción de aguas termales, esta pieza logró capturar el pasado abriendo una ventana inédita al ecosistema jurásico de la Patagonia.

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  • Investigadores hallaron en la provincia de Santa Cruz una nueva especie de superfósil jurásico: una planta de 150 millones de años con una preservación tan perfecta que permite observar sus células, algo poco frecuente en los fósiles de este tipo. Se trata de la Austrohamia vitrea, una conífera que convivió con los grandes dinosaurios de la Patagonia y que hoy abre una ventana inédita al pasado de la región.

    El hallazgo, realizado en rocas del período Jurásico en el Macizo del Deseado, destaca por lo que los expertos denominan "preservación excepcional". El nombre de la nueva especie, vitrea (que en latín significa "de vidrio"), hace honor a la apariencia translúcida de sus hojas y ramas, las cuales quedaron atrapadas en rocas ricas en sílice, permitiendo ver su anatomía en tres dimensiones como si se mirara a través de una vitrina.

    Permie ver su anatomía en tres dimensiones, como si se mirara a través de una vitrina.

    En esa línea el investigador consultado por C5N, Alejandro Molano, investigador del MEF y primer autor del estudio, aseguró que "lo especial del sitio es que se trata de antiguos ambientes del Jurásico asociados a aguas termales. En estos lugares, el agua rica en sílice circulaba por el sistema y precipitaba muy rápidamente. Esa sílice fue reemplazando los tejidos originales de la planta a escala celular, casi como si hubiera hecho un molde mineral muy detallado de la planta. Como ese reemplazo ocurrió de forma muy rápida, permitió una preservación excepcional".

    Cómo es el trabajo para extraer y "ver" una planta de hace millones de años

    A diferencia de los restos de dinosaurios, donde se busca separar el hueso de la tierra, el trabajo con este "superfósil" vegetal requiere una técnica diferente. Molano detalló que el proceso de extracción es muy particular: "En este caso no intentamos separar la planta de la roca, porque el fósil forma parte del bloque: lo que se recolecta es la roca que contiene la planta".

    Una vez en el laboratorio, el desafío continúa. Los bloques de roca, llamados chert, son extremadamente duros, por lo que deben cortarse con sierras especiales y pulirse hasta obtener láminas casi transparentes. Alejandro explicó que el análisis es similar a armar un rompecabezas, ya que deben tomar múltiples imágenes de distintos cortes y ángulos para reconstruir cómo era la planta originalmente.

    "Fue entonces cuando pudimos reconocer que esas hojas correspondían al género Austrohamia, pero tenían una combinación de características que no coincidía con ninguna especie conocida hasta el momento", añadió.

    Yacimientos en Santa Cruz.

    Por lo que en Austrohamia vitrea pudieron observar tejidos internos, células, canales de resina, tejido vascular y estomas, esto ayuda a los investigadores a "identificar la planta y compararla con coníferas fósiles y actuales. No solo miramos la forma externa, sino también cómo estaban organizados sus tejidos".

    También les permite inferir sobre diferentes aspectos sobre su funcionamiento, por ejemplo, "cómo intercambiaba gases con el ambiente, cómo transportaba agua y nutrientes dentro de la hoja, y qué estructuras tenía asociadas a la protección, como los canales de resina".

    Un ecosistema completo bajo la sombra de los dinosaurios

    Lo más increíble de este hallazgo no es solo la planta en sí, sino lo que revela sobre la Patagonia Jurásica. Hace 150 millones de años, esta zona de Santa Cruz era un paisaje de actividad volcánica y aguas termales. Fue precisamente ese ambiente el que permitió la "magia" de la conservación.

    El investigador subrayó la importancia de mirar más allá de los grandes de los protagonistas conocidos del Mesozoico. Según el investigador, aunque los dinosaurios suelen acaparar la atención, las plantas eran la base que sostenía la vida: "Estudiar fósiles vegetales no es estudiar algo secundario; es reconstruir el escenario donde ocurría la vida".

    En este ecosistema no solo había coníferas, sino también helechos, hongos, bacterias y microorganismos que formaban un paisaje muy distinto al desierto patagónico que se conoce hoy en día. En ese sentido, explicó que Austrohamia vitrea suma una pieza clave: "Nos permite conocer mejor qué tipo de coníferas crecían en esos ambientes asociados a aguas termales, cómo eran sus hojas por fuera y por dentro, y qué estructuras tenían para funcionar como plantas vivas. Esto ayuda a reconstruir una Patagonia jurásica muy distinta a la actual, con actividad volcánica, sistemas geotérmicos, cuerpos de agua y una vegetación diversa".

    Imagen Austrohamia vitrea.

    "Entonces, estudiar Austrohamia vitrea no es solo describir una especie nueva. Es recuperar una parte del paisaje jurásico de Patagonia: saber qué coníferas crecían allí, cómo eran, cómo funcionaban y cómo se relacionan con las coníferas actuales", cerró.

    El trabajo fue publicado conjuntamente por Alejandro Molano (MEF- Agencia I+D+I), Giovanni Nunes (CONICET – MEF), Ignacio Escapa (CONICET – MEF), Josefina Bodnar (CONICET-Universidad Nacional de Mar del Plata) Juan L. García Massini (CONICET-CRILAR) y Diego Guido (CONICET- INREMI -UNLP) en la revista científica American Journal of Botany.

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