39 años atrás, un 19 de abril de 1987, una familia animada con trazos torpes aparecía en la pantalla por primera vez. Casi cuatro décadas más tarde, no sin polémicas y con varios altibajos en su calidad, siguen vigentes, y por eso se celebra este domingo el Día Mundial de Los Simpson. Una serie que buscaba representar desde el grotesco varios estereotipos de la sociedad norteamericana, pero que prendió en Argentina como en pocos lugares del mundo y se convirtió en un ícono cultural de varias generaciones.
Día Mundial de Los Simpson: por qué los amamos tanto en Argentina
Objetivamente, somos uno de los países más apasionados por la familia amarilla más famosa que, a fuerza de repeticiones y accesibilidad, se convirtió en un emblema cultural del país, más allá de que haya despertado el enojo del mismísimo Diego Armando Maradona.
La percepción de que los argentinos amamos a Los Simpson con mayor fruición que en otros países del mundo se ve en redes sociales, con una prolífica producción de memes, y usuarios de otros lugares preguntando cómo es que en Argentina es un fenómeno tan grande. También lo demuestra Google: en 2024, la empresa aseguró que, según datos relevados por su herramienta Trends, "Argentina es el país con más interés en búsquedas por Los Simpson en el mundo desde 2004 a hoy".
De alguna forma, pese a que está pensando como una sátira estadounidense y no está dirigido especialmente al público argentino, con los años se ha vuelto parte de nosotros, parte de nosotros, parte de nosotros. Perdón por repetir pero así lo recordarán.
Las maratones de Los Simpson, un clásico
Gran parte de la responsabilidad puede caberle a Gustavo Yankelevich, responsable de la programación de Telefé a comienzos de los '90. Según explicó en una charla con Roberto Moldavsky en 2020, un amigo que vivía en los Estados Unidos le advirtió que "una familia de amarillos" estaba teniendo un éxito poderosísimo en la televisión. Viajó para ver de qué se trataba y no tardó en darse cuenta del potencial de la serie.
Tras algunos tire y aflojes, logró hacerse con los derechos, y decidió estrenar el programa como parte de una estrategia para competir con Canal 13, que lideraba el rating de los jueves con Son de Diez. Los Simpson salieron a la luz un jueves de febrero de 1991, con unos explosivos 45 puntos, y se convirtieron en insignia.
"En esa época, la TV por cable no era tan común en todas las casas, y mucho menos en hogares de clase media o baja (somos cada día más pobres). Eso hacía que el acceso a la televisión fuera, en gran parte, a través de los canales de aire. Y ahí es donde Los Simpson encontraron el lugar perfecto para meterse en nuestras vidas: no solo en un canal fuerte como Telefé, sino además en horario central, cuando era más fácil que las familias se reunieran frente al televisor", plantea a C5N.com Sebastián Nolasco, cosplayer y administrador de uno de los históricos grupos de Facebook, 'Asociación de Fanáticos de Los Simpson, también se repara calzado!', usina de memes durante la década de 2010.
Casper Uncal, actor, streamer y una de las voces de El Sinso Podcast, remarca que "el programa fue adaptado por nuestra región, al igual que otros éxitos medio olvidados en la TV de Estados Unidos, como El Zorro o Alf, primero por insistencia: siempre fue más barato para la TV local llenar huecos en la programación con refritos extranjeros, antes que material nuevo, ni hablar de producción local".
Por su parte, Fede Carestía, periodista de cine y series y entrevistador de varios protagonistas del programa, destaca que "repetían los capítulos una y mil veces, y encima no existía esta concepción de ver las temporadas en orden; esto también implicaba que a veces pasaban, en una semana, dos veces el mismo capítulo, o en un mes cuatro veces el mismo repartido en las distintas franjas horarias". "Si hubiesen sido un producto de streaming, no sé si habrían tenido el mismo impacto", consideró, en comparación con una época actual con consumos más fragmentados.
Para Candela Soto, guionista y analista simpsoniana desde su cuenta @raviolesconsal1, "un aspecto muy interesante del experimento Simpson en Argentina reside en el hecho de que acá fueron gratuitos". "La serie animada más prolífica de la historia se pasa en Argentina desde hace más de 20 años en un canal de aire que puede ver cualquier persona con una tele o un celular. Hace unos años me envié un par de mensajes por Twitter con Matt Selman, el showrunner actual, estadounidense hecho y derecho, acostumbrado a la tele por cable yanqui con sus miles de paquetes y adicionales, y estaba completamente sorprendido al saber que Los Simpson acá puede verlos cualquiera", remarca.
"Con los años el fútbol fue gratis, después no, cambiaron gobiernos y gestiones, se quitaron y se dieron derechos, pero ¿qué ha perdurado siempre? ¿qué fue casi un derecho nato del argentino contemporáneo? Créanlo o no, Los Simpson", sintetizó.
La identificación y los memes
¿Cuántas conversaciones comienzan en Argentina con "ah, es como el capítulo de Los Simpson que..."? La fácil vinculación de lo cotidiano con escenas icónicas y no tanto de la serie solidifica el vínculo y lo vuelve tan parte de nuestra vida que hasta gente que no vio los episodios con regularidad y dice no gustar del programa tiene en la mente al menos dos o tres momentos memorables.
"Los Simpson tienen algo que pocas series logran: situaciones en las que nos vemos reflejados constantemente. Las llevamos a nuestra realidad, a lo personal y también a lo social, económico o político. Terminamos empatizando tanto con los personajes que no solo nos identificamos con ellos, sino con escenas enteras, incluso con capítulos completos. De ahí nace esa idea tan conocida: 'Para cada momento de la vida hay una escena de Los Simpson'", repasa Nolasco.
Carestía subraya que "varias de las cosas que le pasan a esta familia de clase media nos terminan interpelando porque tienen esos problemas un toque universales". "El hijo con estos problemas de atención y que con la creatividad para la maldad está explorando el mundo o la hija que quiere ser la chica diez", enumera.
Franco Sosa Monteiro, artífice de la cuenta @datasimpsonsok, propone una identificación ya más nacional: "Tomamos a Los Simpson como parte de nuestra identidad porque nos vemos reflejados en sus personajes, que tranquilamente podrían ser argentinos: desde los policías y el alcalde hasta los mismos protagonistas, a quienes podríamos comparar con una familia típica de los años 90".
En la misma línea apunta Emiliano, creador del blog de análisis Simpsonitos: "Homero logra materializar atributos que reconocemos en la supuesta idiosincrasia argentina: es tonto y ventajero. No obstante, en las cuestiones importantes hay mucha bondad".
"Su lógica memética predice (cuando no) a la internet moderna: Los Simpson lograban condensar en frases cortas algunos remates o expresiones que se impregnaron en el imaginario colectivo. Parece un desenlace natural que su público, en búsqueda de complicidad, comenzara a replicarlas en otros contextos, forzando similitudes", expresa.
Soto marca ahí una diferencia respecto a Estados Unidos: "Lo grotesco allá es moneda corriente acá. Y sí, sigue siendo exagerado: pelear con un oso, volverse cantante de country, plantar tomates radioactivos, todo eso no es que nos pase necesariamente, pero sí refleja a gran nivel las dificultades, las maneras de ponerse la familia al hombro, los chanchullos que inventamos para llegar a fin de mes y por sobre todo, creo yo, la manera que tiene el argentino de siempre encontrar un espacio para el amor fraternal, para verle el lado bueno a la adversidad más oscura. Creo que los capítulos que más nos gustan son los que terminan bien".
Para Uncal, "nuestro país tiende a aferrarse a lo que se vuelva tan parte de su cotidiano". "Pero Los Simpson tenían algo más: como caballo de Troya, además de los chistes perfectos y un doblaje exquisito, soltaban una mirada crítica a esos años 90 frívolos y complacientes. Algo que hacía falta entonces, y vuelve a hacernos falta ahora", manifiesta.
El doblaje, la cercanía y la decadencia de Los Simpson
Otra parte clave de nuestra relación con Los Simpson son sus voces, que los históricos doblajistas como Humberto Vélez, Paty Acevedo, Marina Huerta y Nancy MacKenzie grabaron en los profundo de nuestras mentes, a veces con algunos pequeños cambios de diálogo que acercaban más a la serie a nuestro paladar latinoamericano.
"El doblaje también ayudó mucho porque lograron cierta libertad de adaptar esos chistes y hacerlos más cercanos todavía a nosotros, más allá de que quizás a veces se pierda algo que era gracioso en inglés o la traducción no tenga sentido. Esa libertad creativa les dio también la posibilidad de meterles una impronta más nuestra, más latina, más cercana", enfatiza Carestía.
No obstante, la fórmula comenzó a desgastarse y fue llegando lo que los fanáticos llaman "la decadencia", cuyo comienzo generalmente sitúan entre las temporadas 9 y 12. "No supieron terminar a tiempo y por eso esa identificación no pasa con las temporadas más nuevas", señala el periodista.
Las voces tuvieron mucho que ver con esa percepción de pérdida de calidad. "Justo se da con los problemas que tuvieron con el doblaje, que hubo cambios, cambia la voz de Bart, la voz de Marge, todos esos cambios justo coinciden con la decadencia de Los Simpson, y entonces ayuda a que se refuerce el sentido de pertenencia hacia todo lo que vino antes", añade.
"Nosotros como argentinos tenemos un sentido de pertenencia muy fuerte con las cosas que nos gustan, entonces creo que fue como un punto y aparte ese cambio de doblaje y esa decadencia que se empezó a notar en los capítulos que quizás no eran tan bien logrados como en los primeros, que hizo que las primeras ocho temporadas elevaran su valor", concluye Carestía, a propósito de que la enorme mayoría de chistes y referencias son sobre un grupo acotado de temporadas.
Así, entre repeticiones infinitas, frases que se volvieron idioma propio y una apropiación cultural casi total, Los Simpson dejaron de ser simplemente una serie extranjera y nos hacen pensar que Springfield puede quedar a un par de horas de distancia, y que siempre hay un capítulo (de los de antes, claro) listo para explicar la realidad mejor que cualquier otra cosa.
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