La política y sus posibilidades, entre la gira de Alberto y el acto de Cristina

La gira presidencial, con episodio de salud incluido, y la reaparición en un acto masivo de la vicepresidenta marcaron una semana política que consolida debates y rescata otros. 

El viaje del presidente Alberto Fernández a París y luego a Bali fue mucho más allá de lo protocolar. Lo que se está jugando en el mundo es un liderazgo en medio de un esquema que los menos alarmistas consideran una nueva guerra fría y cualquier manifestación, incluso de países periféricos como el nuestro, pueden implicar consecuencias no visibles pero importantes.

En la cumbre del G20, el presidente estadounidense, Joe Biden, intentó alinear a la mayor cantidad de países alrededor de ayudas y convenios de desarrollo que alejen el peligro de la influencia china del horizonte. La guerra de Rusia y Ucrania, por supuesto, tampoco estuvo ausente. Hasta la alarma que implicó la caída de dos misiles en Polonia intensificó los gestos en Bali. La Argentina insistió con sus preocupaciones vinculadas a reunir la mayor cantidad de divisas posibles o eludir el pago de injustos sobrecargos pero mantuvo posiciones históricas. Aún con agenda acotada por su salud, Alberto Fernández se reunió con Xi Jinping. Más allá de lo urgente -la ampliación del SWAP, el pago de deudas por la construcción de las represas o la balanza comercial- la apuesta al multilateralismo parece una opción necesaria en este momento del mundo.



Alberto Fernández y Xi Jinping en el G20

Mientras Fernández volvía al país, la vicepresidenta Cristina Kirchner se presentaba en el Estadio Diego Armando Maradona de La Plata para recordar otro retorno, el de Juan Domingo Perón hace cincuenta años. En el primer acto masivo desde el atentado que sufrió, Cristina volvió a reunirse con una militancia que sobrepasó la propia lógica de la liturgia sectorial. Buena parte de la convocatoria estuvo motorizada por dirigentes que tienen responsabilidad territorial y que piensan en el presente pero también en las elecciones del año que viene.

Si el discurso tuvo un ancla en el pasado -por el recuerdo de la vuelta de Perón, pero también por el repaso de algunos logros de los 12 años kirchneristas- también hizo un fuerte énfasis en el presente que viven los argentinos y una apuesta a futuro que fue mucho más allá de la definición acerca de posibles candidaturas. Quienes esperaban que Cristina definiera eso quizás se hayan visto defraudados, pero la propia vicepresidenta los tranquilizó con una frase de Perón dirigida a otra militancia y en otro momento: “Todo a su justa media y armoniosamente”.

Cristina Kirchner acto La Pata

Cualquiera que está en contacto con la política cotidiana de nuestro país sabe que tanto tiempo antes de una elección no hay candidatura que se defina, pero también es cierto que el ordenamiento que genera la posibilidad de que sea la propia Cristina Kirchner quien encabece alguna fórmula es algo que el oficialismo necesita como agua en el desierto.

Algo a tener en cuenta es que las máximas que aplican a otros posibles candidatos no corren para quien fue dos veces presidenta. Cualquier dirigente vinculado a movimientos nacionales y populares sufre desde que se anuncia una candidatura suya una campaña demoledora de los medios de la derecha, el establishment y hasta del poder judicial. Pero eso es lo que habitualmente enfrenta Cristina Kirchner. No hay forma de intensificar lo que ya de por sí es insoportablemente intenso. El apuro por alcanzar el veredicto en la causa Vialidad es una muestra más de esto. Si no es inmune a la persecución y las operaciones al menos podríamos decir que su figura las metaboliza como nadie en la historia argentina (salvo el homenajeado Juan Domingo Perón).

Cristina Kirchner abordó el tema de la seguridad

Pero además, la vicepresidenta demostró en La Plata su capacidad de instalar agenda y, sobre todo, buscar referirse a los temas que de verdad preocupan a la gente, más allá de los que discute la política. Encarar el tema de la seguridad en nuestro país es una muestra más, no la única en ese sentido. Desde sus comienzos, el kirchnerismo hizo un enorme esfuerzo por recuperar ciertos temas o debates y eso se traslada hasta nuestros días. Quienes fuimos niños en la Dictadura y adolescentes en los cínicos años noventa crecimos con la sensación de que ciertos símbolos de la argentinidad eran propiedad de la derecha. El kirchnerismo los recuperó con fuerza para el campo popular.

Hace pocos días Máximo Kirchner aseguró “el verdadero cambio somos nosotros”. La referencia rebasa la interna. Implica no ceder una palabra fundamental a una fuerza política conservadora como el macrismo, cuyos principales dirigentes se referencian explícitamente la Argentina del centenario. En una entrevista radial de esta semana, Horacio Rodríguez Larreta aseguró que tiene que gestarse una “generación del ‘23” a imagen y semejanza de la “generación del ‘80”. Por esa concepción y añoranza de una época con pocos derechos para gran parte de los habitantes de la Patria, Mauricio Macri se metió en problemas internos al identificar a Yrigoyen con el populismo.

Volviendo al discurso de La Plata, lo mismo hizo Cristina con el acuciante tema de la seguridad. De hecho, buena parte de los intendentes que luego se reunieron con ella en la residencia del gobernador bonaerense destacaron que haya abordado algo por lo que reciben constantes reclamos en sus distritos.

La seguridad y la inflación están en el tope de las preocupaciones en el Conurbano y una fuerza que aspira a mantener el poder no puede desentenderse de ninguno de los dos temas ni cedérselos a la derecha. Si algunos adivinaron cierto corrimiento hacia el centro al encarar este tema, al estilo de la campaña de Lula Da Silva en Brasil, nadie puede asegurar que lo que se dijo en el escenario se haya apartado ni un centímetro de las convicciones habituales de quien siempre entendió que la seguridad se resuelve en última instancia brindando futuro. Si no se sigue señalando que las supuestas políticas de “mano dura” trajeron más problemas que soluciones, quienes siguen recetándolas no son desmentidos por nadie.

En términos más generales, mucho se ha discutido acerca del verdadero tenor de los debates que marcan las internas dentro de las dos principales alianzas políticas. En efecto, la oposición no discute un proyecto sino candidaturas. Pero todo indica que el verdadero desencuentro en el elenco de gobierno no está tan dado por la idea última del país que se busca para los 47 millones de argentinos sino en las posibilidades de concreción.

Si la noción de “posibilismo” ha marcado como un sino ineludible las decisiones de una gestión que muchos han señalado como tibia, con falta de imaginación o rebeldía para resolver los problemas que dejó el neoliberalismo más los que llegaron, allí está Cristina repitiendo “sabemos hacerlo porque ya lo hicimos”.

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