¿Por qué muchas veces nos cuesta disfrutar o nos determinan cuándo y cómo podemos hacerlo? Cuando hablamos de goce hablamos de un momento placentero que podemos vivir, de disfrutar, de realizar nuestros deseos. En definitiva, de un momento de plenitud.
Es muy curioso que desde hace un tiempo el neoliberalismo nos trate de imponer cuándo podemos gozar, una especie de goce selectivo.
Cuando los sectores de clases populares gozan de determinados placeres que parecen reservados para los circuitos de las elites la respuesta inmediata es la burla. Como si la posibilidad de conocer Punta del Este o asistir a determinadas muestras de arte fueran para unos y no para otros. Lo mismo ocurre con el patriarcado, que permite un goce a los varones que no habilita a las mujeres.
El capitalismo intenta determinar cuándo se puede gozar, y al mismo tiempo intenta relacionar ese goce con el consumo, un consumo direccionado de acuerdo al género o la clase. Todos preceptos que debemos cuestionar fuertemente.
Arturo Jauretche decía que "nada grande se puede hacer sin alegría, los pueblos tristes no vencen". La rebeldía debe pasar porque nadie nos defina cuándo y cómo gozar.