¡Qué país de m...!

El medio pelo argentino es antiperonista en lo político, elitista en lo social y liberal en lo económico. El medio pelo añora lo que nunca fue y despotrica contra lo mejor que pudo ser.

Ya no es una sospecha. Te diría que hasta es una evidencia científica: el medio pelo argentino es antiperonista en lo político, elitista en lo social y liberal en lo económico. El medio pelo tiene siempre la mierda a flor de labios: este es un “país de mierda” que tiene un “pueblo de mierda” y que merece un “gobierno de mierda”.

Todo es una mierda menos elles, por supuesto, que son la excepción a esta cloaca que es la Argentina.



Me acordé de ese audio que se viralizó hace un par de años, ¿te acordás? Ese de una mujer que vivía en el Nordelta y que, básicamente, se quejaba porque en ese lugar -tan top y caro- algunos vecinos tomaban mate y usaban reposeras similares a las que se utilizan en la playa de Mar del Plata. Todos, y me incluyo, nos reímos y hasta hicimos chistes sobre esto y la cheta. Muchos la putearon o hicieron memes hasta que fuimos cayendo en la realidad de que es justamente una prueba de nuestra realidad, de lo que nos está pasando hoy como sociedad.

“Negros” y sus fatídicas variantes prendieron como insulto en muchos de nuestros ambientes. Cabecitas negras, negro bolita, negro de alma, negro cabeza, negro hdp o de mierda. Es la forma que eligió esa mujer para insultar a los que toman mate y tienen perros. Y es la forma que eligió el senador cordobés para describirnos.

¿No te asombra cuando vas por la calle y percibís que uno de los que revuelve basura o está borrachín dormido en la calle, con las patas llenas de costra es rubio? Esa pareciera ser condición exclusiva de morocho. Y pienso en los pibes que viven conmigo en la Fundación, adolescentes de barrios periféricos, con gorritas y capuchas, morochos de piel, que la van peleando todos los días para poder incluirse en lugares que cada vez cierra más puertas .

Hay quienes creen que por tener dinero y poder comprar casa en Nordelta o en un barrio cerrado o ser senador y exembajador ya son aceptados por la alta burguesía. Y esto no pasa solo en la Capital o en el Conurba. Pasa también en los pueblos más “pedorros” de este país de mierda.

Esa es la argentinidad del medio pelo, la que pretenden ser. Como decía Serrat, la “aristocracia del barrio”. Creen que, por leer La Nación, mirar a Mirtha y repetir como cotorras lo que ahí se dice, los convierte en Anchorenas o Álzagas o Felicitas ¡No queremos ser Venezuela! “Venezolana, venezolana”, le gritaba el diputado salido de la barra de Chicago a la presidenta de la Cámara de Diputados. Juntos por el Cambio mostró lo que son como estructura política: violentos, prepotentes, ignorantes, patoteros y soberbios. La nueva derecha democrática es muchísimo peor que la vieja derecha golpista y eso ya es mucho decir. Clarín y radio Mitre justificando la violencia de Juntos por el Cambio y en particular justificando la agresión de Ritondo contra Cecilia Moreau. Sí, Clarín es el principal instigador de la violencia política y no se entiende por qué el gobierno le sigue pagando esa millonaria pauta oficial.

El medio pelo añora lo que nunca fue y despotrica contra lo mejor que pudo ser. “Si no hubiese existido el peronismo hoy seríamos Estados Unidos. Y si así no fuera, hubiésemo sido -como mínimo- Australia; la que hoy perdió contra Argentina, allá en la extraña y cuestionada Qatar o bien, seriamos Canadá”.

Odian el país donde nacieron y crecieron. Aunque mejore o empeore su situación económica, viven quejándose porque elles creen que merecen, siempre, algo mejor. Son unos insatisfechos crónicos

Odian su entorno. Detestan a sus vecinos. Menosprecian los trabajos ajenos y exigen porque pagan impuestos (amén de los que están colgados de la luz, no declararon sus viviendas, no pagan patentes). Se han convertido en escrachadores seriales de vuelos internacionales con sus iPhone camuflados.

Sostienen que el resto es corrupto y ellos honestos y que todos viven “con la nuestra”. Ese odio a lo cercano, a lo próximo, a quienes comparten su lugar en el mundo, por lo general, viene de un reflejo alterado; no se quieren a sí mismo, ni a la vida que construyeron.

Y es más fácil culpar todo lo que los rodea.

Y que el árbol no impida ver el bosque. Que los gritos, los golpes de bancas, los insultos, los gestos con dedito y circulito y la violencia misógina, machirula, femicida por parte de la oposición en el Congreso no nos impidan ver lo que son y lo que quieren. La sesión que interrumpieron a los cachetazos -cual doña Florinda en la bonita vecindad de la que se niega a ser parte-, estaba destinada a crear nuevas universidades. Lo que frenaron, a ritmo de barrabrava, no fue una sesión parlamentaria ni la elección de la presidencia de la cámara. Lo que frenaron es el derecho a la formación universitaria de miles de argentinos y argentinas de mierda, en este país de mierda.

Cuando fueron gobierno protestaban porque sobraban universidades. Claro, “ningún pobre llega a la Universidad”. Hicieron carne la letra: ningún pobre debe llegar a la universidad. Un troll me explica que crear más universidades no significa mejorar la educación. No crear ninguna, en cambio, parece que sí lo hace. Son terraplanistas. No construir escuelas ni jardines de infantes parece que también ayuda a una educación regia y de nivel.

Un pueblo cuanto más ignorante más difícil de controlar. Es muy evidente el doble discurso meritocrático que apela todo el tiempo a la necesidad de la educación cuando en realidad oculta su profundo desprecio de clase.

¡Es lo mismo con los hospitales! ¿Para qué tener nuevos si ahora la gente se sana con meditación y ayunos intermitentes?

Se nota mucho y queda muy a la vista lo que tenemos que decidir como pueblo: DERECHA o DERECHOS.

Y para muestra sobra un botón: Milei votó en contra de una ley para promover la detección de cardiopatías congénitas, lo que podría prevenir muertes de bebés y niños. “Es un gasto innecesario y que va en contra de los ideales liberales”, vocifero por ahí.

Sumale a esto la venta de órganos y al tráfico de niños. Esta gente no defiende libertades. Esta gente promueve la muerte.

Estamos en tiempo de Adviento, ¿sabes? El Adviento (lo que va a venir) nos prepara a las fiestas de Navidad (el 8 ya hay que poner el arbolito), y en el Evangelio de hoy domingo (Mateo 3,1-12) se escuchan las palabras del profeta Isaías pronunciadas con fuerza por Juan el Bautista: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. Un pueblo tiene futuro cuando sabe reconocer sus errores, abandonar caminos equivocados y abrir otros nuevos que lo lleven a una convivencia más humana. Eso es allanar el camino porque vienen el Señor, y el Señor tiene rostro concreto “tuve hambre y me diste de comer, estaba preso y me visitaste, estuve enfermo y me curaste”. La violencia que estamos viviendo en estos tiempos, en el poder judicial (a la -in-justicia argentina se le filtran las escuchas, se le borran los teléfonos, se les vencen los plazos, se le extravían las pruebas, se le fugan los procesados. Un poder judicial en manos de magistrados vitalicios, un verdadero partido político responsable de golpes de Estado de nueva matriz en toda la región e integrado por lastres de la monarquía), en el poder legislativo, en la calle, en los medios de comunicación, no son el camino para avanzar hacia una convivencia más libre y justa.

Casi siempre nos parece que la paz es algo que se juega ahí, fuera de nosotros, en la calle, en las relaciones de otras personas, en la guerra de Ucrania, en Irán o en la tele. Mirá hermano, la paz no nos va a llegar desde fuera, solo como resultado de un juego de fuerzas o negociaciones capaces de imponer un orden más pacífico en la vida social. Cada uno de nosotros, con nuestra manera de sentir, pensar y reaccionar; podemos elegir entre lo que nos acerca a la paz o lo que nos aleja de ella. Cada uno de nosotros podemos construir paz o desorden. Cada uno podemos hacer justicia o provocar injusticias, promover lo que lleva a la vida o fomentar la muerte. Podemos elegir un país de mierda o no.

Hoy es el cumple 94 de Hebe y quiero recordarla haciéndome eco de que hay que dar las batallas que no se pueden ganar. Porque las Madres han demostrado que se terminan ganando, que hay que alzar la voz, como en el desierto, cuando no se puede hablar, porque alguien la escuchará y ese alguien se convertirá en millones; hay que enfrentar el “sentido común” establecido por las clases dominantes, aun cuando nadie escucha. Hay que enfrentar al poder poniendo todo, incluso el propio cuerpo como hicieron ellas, las Madres, porque así se construye poder colectivo.

Necesitamos abrir nuevos caminos. Y quizás nuestra verdadera tragedia es el haber entrado de nuevo por el camino viejo de siempre, el que añora la época no democrática, los caminos de la violencia y de la sangre. La violencia actual en muchos dirigentes es, sin duda, el fruto de viejas violencias e injusticias, cometidas durante largos años y a los que no nos podemos dar el lujo de volver.

Con la violencia estamos preparando una sociedad donde de nuevo la última palabra la tendrá no el pueblo, sino los que tengan el poder y las armas; y no es posible una alternativa de paz y justicia para nuestro pueblo si no reaccionamos todos frente a acciones, represiones y manipulaciones que, sin respetar el valor absoluto de cada persona, la convierten en instrumento al servicio de unos intereses políticos cuestionables.

Y, para terminar, este país de mierda pasó a cuartos de final. Fin

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