En general las personas vemos la motivación o la fuerza de voluntad como la clave para lograr nuestros objetivos tanto en nuestra vida personal, profesional como económica. Sin embargo, la columna vertebral del triunfo son los hábitos. La creación de rutinas ponen nuestra mente en piloto automático de modo que los comportamientos y las acciones que realizamos no las pensamos.
El Behavior Design Lab de la Universidad de Stanford, estudia la relación entre las emociones y los hábitos. Una de las conclusiones de estas investigaciones es que cuanto más fuerte sea nuestra relación emocional con lo que hacemos con más rapidez podemos formar una habilidad o rutina.
A partir de esto, sabemos que no podemos separar el vínculo afectivo del comportamiento humano y la construcción de hábitos. Una buena forma de lograrlo es construir un sistema de recompensas que nos incentive a llevar a cabo esa acción una y otra vez, ya que luego del esfuerzo habrá un “premio”. Como cuenta James Clear, uno de los expertos sobre hábitos, hay una relación directa entre nuestra motivación y lo que recibimos por haber cumplido la tarea programada. En definitiva, el secreto para lograr incorporar nuevos hábitos está en el ciclo de recompensas que creemos.
Para gestionar nuevas rutinas, el foco tiene que estar en lo que te entusiasma. Si el desafío te entusiasma, disfrutas de la tarea, vas a seguir haciéndola hasta conseguir realizarla de forma cotidiana.
Muchas veces el problema es que no sentimos entusiasmo con lo que hacemos. La construcción de pequeñas acciones para mantener el interés y entusiasmo diario está en nuestras manos, en nuestro poder personal para crear la vida que deseamos, en nuestro diseño de vida.
Uno de los trucos en este camino es celebrar cada triunfo por más pequeño que parezca. Para lograrlo, hay que dividir un objetivo grande en pasitos más chiquitos, es decir, en metas. De esta manera, con el fin de experimentar una recompensa emocional, vamos a festejar el cumplimiento de las metas intermedias, en vez de esperar alcanzar el objetivo soñado para festejar.
Uno de mis objetivos hace tiempo fue empezar a meditar a diario. Sin embargo, era difícil para mí encontrar el tiempo y priorizar. Mi estrategia fue fijarme una meta de meditar 15 minutos cada mañana, y celebrar el haberlo hecho tomando mi desayuno preferido en mi lugar favorito: en mi cama.
- ¿Cuál es el obstáculo para crear nuevos hábitos?
La mente, es la primera dificultad para lograr los objetivos. Muchas veces la desconfianza en uno mismo nos lleva crea diálogo interno negativo que repetimos en forma constante. Confiar en nosotros mismos es clave para lograr nuestros objetivos.
Si pensamos un gran objetivo, sin tener en cuenta los hábitos que nos van a permitir alcanzarlo en la mayoría de los casos vamos a terminar frustrados. Dividirlo en pasos más pequeños y celebrar los pequeños logros crea motivación en nuestra mente. Como mencioné más arriba es crucial detenerse a celebrar y valorar los avances.
Si queremos hacer nuestro perfil de LinkedIn en forma perfecta para tener una gran red de contactos, quizás nos frustremos y nunca empecemos. Pero si lo dividimos en pequeñas metas: crear la cuenta, subir la foto, armar el perfil, dedicar 30 minutos al día a crear la red, y luego dedicar 30 minutos al día a interactuar; y luego celebramos al ir lográndolas, es mucho más posible que lleguemos la meta inicial de posicionarnos en LinkedIn y tener una red de contactos activa.
Según los expertos, en promedio, se tarda aproximadamente 60 días en crear un hábito. Si en algún momento te propusiste hacer el reto de los 60 días en el que te comprometes a realizar una actividad rutinaria durante dos meses para formar un nuevo hábito productivo, sabés que no es fácil. Dependiendo de lo arraigadas que estén nuestras viejas costumbres, completar con éxito la tarea de cada día podés tomarlo como tu propia victoria.
Y vos, ¿estás dispuesto al reto? ¿Desagregas tus metas en pequeños pasos? ¿Planificás cómo recompensarte?