En apenas un año, la manera en que usamos la inteligencia artificial generativa ha cambiado de forma profunda y reveladora. Si en 2024 las funciones de la IA que lideraban eran la generación de ideas, la edición de textos o las búsquedas específicas, en 2025 las prioridades viraron hacia algo mucho más sensible: acompañamiento emocional, orientación vital y bienestar personal. Se ha transformado en compañía, terapeuta y gurú personal
Según un reciente análisis publicado por Visual Capitalist para Harvard Business Review basado en miles de interacciones globales, el uso más frecuente que se da hoy a la IA ya no es técnico ni creativo, sino íntimo: “terapia y compañía” ocupa el puesto número uno. Le siguen “organizar la vida” y —tal vez el más llamativo de todos— “encontrar propósito”. Es decir, las personas ya no buscan tanto respuestas correctas como encontrar sentido a su propia existencia.
Tal uso seguramente influido por la pandemia del siglo XXI: la soledad. Desde 1960 hasta 2010, se duplicó el porcentaje de hogares unipersonales en Argentina, en línea con procesos demográficos globales (urbanización, envejecimiento poblacional, mayor autonomía individual). En 2010, la Ciudad de Buenos Aires ya mostraba un porcentaje notablemente alto: 40% de hogares compuestos por una sola persona. En el país, distintas fuentes coinciden en que ya en 2020 el 25% de los hogares eran unipersonales
El vínculo con la computadora va sustituyendo a las relaciones humanas. El promedio de uso de redes sociales en Argentina es de 3h5min/día en mayores de 16 años siendo la franja de 18-34 años la que lidera. Sin embargo, el inicio de tal vínculo se va naturalizando en las nuevas generaciones con 58% de chicos entre 9 y 11 años quienes usan redes diariamente alcanzando al 80% entre 12 y 17 años.
Este fenómeno puede interpretarse como un síntoma de época. Venimos de años de gran incertidumbre marcados por el COVID, la sobrecarga de información y una vida acelerada donde se nos exige decidir, producir y responder sin pausa. En ese contexto, la IA generativa se posiciona como un nuevo tipo de acompañante: disponible 24/7, sin juicios negativos hacia nuestra persona (es decir sin nadie que nos confronte) y con una capacidad de respuesta que, aunque imperfecta, se siente suficiente en un contexto en el que el consumo global de antidepresivos crece sostenidamente desde 2010.
Pero no todo es intrapersonal. También crecen con fuerza los usos prácticos: vida saludable sube 65 lugares respecto a apenas un año, diseño de imágenes asciende 53 y programación informática 42 lugares. Esto muestra que la IA no abandona sus funciones prácticas y productivas, sino que las integra a una nueva dimensión de asistencia integral. De hecho, también la mejora en el aprendizaje, la preparación para entrevistas o la traducción legal se consolidan como usos clave.
El ranking también revela nuevos territorios: la IA ya ayuda a planear viajes, entretener niños, construir confianza o redactar ensayos escolares. El dilema ético sobre la autoría y el aprendizaje real está servido. ¿Hasta qué punto delegamos en la IA y cuándo comienza la renuncia a ciertas capacidades humanas?
En definitiva, la IA generativa ya no se vive solo como una herramienta: se la consulta como si fuera una mezcla de terapeuta, tutor y espejo que siempre brinda agradable reflejo. Un síntoma claro de que estamos en una etapa donde la información, la productividad y el bienestar se entrelazan bajo nuevas formas y donde la tecnología genera un nuevo tipo de humanidad crecientemente narcisista y vulnerable.
Las redes sociales si bien constituyeron un paso adicional al telégrafo, teléfono o fax en el camino al aislamiento del contacto personal, siempre había alguien del otro lado de la línea. En tanto, con el emerger de la IA, al no existir ese otro la pregunta que surge es cómo será la convivencia con un instrumento que sabrá mucho más que nosotros mismos sobre lo que nos duele, lo que soñamos y lo que no nos animamos a compartir con otros humanos planteándose el gran interrogante respecto al futuro de la comunicación entre personas lo que significa preguntarse acerca de tipo de sociedad que estamos construyendo.
Arturo Flier es sociólogo y psicólogo social.