El odio, los medios de comunicación y el ataque a Cristina

El atentado contra la vicepresidente no es un hecho aislado ni inexplicable. Es el último paso del intento por poner fin a la política e instaurar la violencia.

El ataque a Cristina Kirchner no es un hecho aislado ni inexplicable, es la consecuencia directa de los discursos de odio que parten desde ciertos medios de comunicación y se instalan en la sociedad.

La destrucción del consenso democrático que alcanzamos en las últimas décadas es también un intento por poner fin a la política e instaurar la violencia. Además, el hecho representa la última fase de la persecución judicial que tiene como objetivo la supresión de los lideres de los mayorías.

Nada es inocente: desde ciertos programas hay una constate patologización del movimiento nacional y popular representado por el kirchnerismo, lo que genera un lógica de exterminación hacia el que piensa distinto.

Tenemos que estar alertas, porque estas expresiones fogoneadas por los medios de comunicación trazan un límite a la democracia. Sobre todo si esta violencia es respaldada por ciertos partidos que avalan marchas y manifestaciones que piden la pena de muerte para los políticos.

Esos discursos se tienen que terminar porque no pueden ampararse en el derecho a la libertad de expresión. Son, simple y llanamente, odio.

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