Los mensajes extremadamente violentos instalaron el debate sobre el efecto de los "discursos de odio" en el el intento de asesinato de la vicepresidenta, Cristina Kirchner. Pero también existe un objetivo político detrás del fenómeno que, por otra parte, no es nuevo.
La génesis del odio es el clima que se quiere generar, la "grieta" de la que se habla cuando intentan ponerse en práctica políticas de líderes como Juan Domingo Perón, Néstor Kirchner o Cristina Kirchner. Políticas distributivas del ingreso y que ponen en tela de juicio a los factores del poder concentrado.
De hecho, el concepto de "grieta" en la Argentina nace después del golpe de Estado contra Perón en 1955. En ese entonces, los trabajadores habían alcanzado un 50% de participación en el PBI. En los cinco años posteriores, ese porcentaje había mermado un 14%.
Está claro que mientras se mantiene una lógica neoliberal nadie señala la existencia de grietas ni se promueven los discursos de odio. Sin embargo, cuando se retoman las bases del peronismo de incorporar trabajadores a la vida política, social, económica y cultural, esos discursos se reavivan.
Eso sucede porque los sectores dominantes, entonces y ahora, alientan una distribución inequitativa del ingreso nacional. Atención: los discursos de odio legitiman en la sociedad la imposición de determinados modelos, con el objetivo final de obturar proyectos políticos distributivos para las mayorías.