Bernard Arnault, el magnate francés detrás del gigante del lujo LVMH, protagonizó un curioso incidente al intentar ingresar a sus propias oficinas en París. A pesar de ser uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna que supera los $170,000 millones, este empresario eligió llegar conduciendo un Peugeot 205 GTI, un auto de bajo perfil que contrastaba con la imagen de las marcas que lidera, como Louis Vuitton y Dior.
Su elección por un auto modesto responde a su preferencia por mantener un perfil bajo y evitar la atención que generan los vehículos de lujo. Aún así, esta discreción le jugó una mala pasada cuando un guardia de seguridad no lo reconoció y le negó el acceso a su propia empresa.
Bernard Arnault
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Cuál es la historia de Bernard Arnault, el multimillonario que no dejaron entrar a su propia empresa por su auto
A diferencia de otros magnates que exhiben su riqueza a través de autos de alta gama, Bernard Arnault eligió por este Peugeot económico durante los años 90 como la manera de desplazarse en su vida cotidiana. El 205 GTI le permitía pasar desapercibido, una estrategia que resultó práctica, pero que lo colocó en una situación inesperada cuando el guardia de seguridad no lo identificó como el dueño.
Este episodio muestra cómo algunos de los líderes más poderosos de la industria del lujo, como él, pueden elegir una imagen discreta cuando no están bajo los focos. Para este magnate, la modestia de su auto no interfería con sus responsabilidades al frente de un imperio de más de 75 marcas. Sin embargo, este caso quedó grabado como una anécdota sobre la relación de los CEOs con los vehículos que conducen.
El Peugeot 205 GTI, ahora considerado un clásico, destaca por su eficiencia, como así también por su rendimiento, además de convertirse en un símbolo de una época en la que los magnates del lujo preferían autos modestos para mantener un perfil bajo. Este enfoque contrasta con la tendencia actual de los líderes empresariales por elegir por vehículos eléctricos y sostenibles.