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Cuál es la mejor opción cuando tenés una lesión muscular: aplicar frío o calor

Frente a esta situación, surgen dudas habituales sobre cómo actuar en las primeras horas para aliviar el dolor.

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  • Una lesión muscular puede aparecer de forma inesperada, interrumpiendo entrenamientos, actividades cotidianas o incluso un simple momento de ocio. Entre los consejos más difundidos, la aplicación de frío o calor figura como una de las recomendaciones más escuchadas.

    Conocer esta diferencia puede ser clave para acelerar la recuperación, reducir la inflamación y disminuir el dolor sin recurrir de inmediato a otros tratamientos. Por eso, especialistas en kinesiología y medicina deportiva explican qué aspectos considerar.

    Qué es mejor para una lesión: aplicar frío o calor

    Frío o calor - Dolor muscular

    Aplicar frío es conveniente principalmente durante las primeras 72 horas tras un traumatismo, ya que genera un efecto analgésico que alivia el dolor de la zona lesionada, disminuye los espasmos musculares y ayuda a controlar la hemorragia. Su acción provoca la vasoconstricción de los vasos sanguíneos, limitando el flujo de sangre hacia el área afectada y reduciendo así la inflamación y la propagación de la lesión.

    Este recurso se utiliza de inmediato en casos de contusiones y se recomienda también en patologías musculares, como sobrecargas, roturas de fibras o contusiones, así como en patologías articulares, como esguinces, torceduras, fracturas o luxaciones durante las primeras 72 horas. En situaciones de patologías tendinosas, como tendinitis o tendinosis, se puede aplicar frío cuando la zona presenta dolor.

    Por otro lado, la aplicación de calor es útil para aumentar el flujo sanguíneo en la zona, lo que facilita el aporte de nutrientes a los tejidos y contribuye a la cicatrización. Además, el calor disminuye la sensación de dolor, mejora la elasticidad de los músculos y reduce la rigidez articular, aunque es importante recordar que por sí mismo no es un tratamiento completo, sino un complemento para preparar el tejido antes de abordarlo con terapia específica.

    El calor se puede aplicar en lesiones traumáticas una vez transcurridas las primeras 72 horas, en contracturas o lesiones musculares por esfuerzo excesivo cuando la zona duela, en patologías articulares que generen rigidez, tortícolis o posturas inadecuadas, y también antes de entrenar para preparar la musculatura y prevenir lesiones, especialmente en momentos de estrés.

    En lesiones crónicas, se puede utilizar calor antes de la rehabilitación para mejorar la elasticidad de los tejidos y facilitar su recuperación, mientras que el frío se aplica al finalizar la actividad para evitar la inflamación de la zona tratada. De esta forma, se aprovechan los beneficios de ambos recursos de manera estratégica para acompañar y acelerar el proceso de recuperación.

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