Una historia digna de Hollywood, tan triste como grave, con hechos que lo tuvieron como protagonista pero no siempre con consecuencias para él. Una trama de la vida real que tuvo demasiados condimentos: muertes, delitos, violencia, un huida televisada, robos, verdades, mentiras, ironías, bromas de mal gusto, dinero y fama, entre otros.
Luego de 10 años, se retiró del deporte a los 32, en ese momento como el segundo corredor con más yardas terrestres en la historia (hoy ocupa el puesto #17 con 19.236). Lo hizo para dedicarse a ser actor y presentador de TV, un camino que ya había empezado a transitar en sus últimos tiempos como atleta. Estuvo en series de TV como Raíces y en varias películas, algunas dramáticas y otras de humor, como su participación más conocida en La Pistola Desnuda, con Leslie Nielsen. Su carisma y naturalidad, además de su fama como atleta, le permitieron además cerrar al menos seis acuerdos comerciales, el más importante con Hertz.
La separación de ambos llegó en 1992 pero el horror, dos años después, en la noche del 12 de junio de 1994. La reconstrucción del caso asegura que Nicole estaba en su casa de California junto a su amigo y aspirante actor, Ronald Goldman, cuando alguien irrumpió con un cuchillo enorme y los mató salvajemente. La autopsia habló de 17 puñaladas en el cuerpo del chico y otras tantas en la de ella, incluida una de 13 centímetros de profundidad en la garganta que le cortó la yugular y la carótida.
Cerca de la medianoche un vecino vio salir al perro de Nicole con las patas ensangrentadas y llamó a la Policía, que ingresó al domicilio y encontró la escena del crimen ensangrentada y a los dos hijos de Simpson, de 5 y 8 años, durmiendo en la casa. Los forenses dijeron que todo ocurrió cerca de las 22.30. Según los reportes del caso, OJ estaba a las 21 horas con un amigo, con quien fueron a comer una hamburguesa y regresaron a la casa del ex jugador cerca de las 22, cuando el amigo se fue a dormir. La distancia con la casa de su ex era de cinco minutos.
Esa noche, OJ se iba a Chicago y lo pasaba a buscar su chofer cerca de las 22.45. Pero cuando llegó, según él, no estaba y lo esperó. Poco antes de las 23 vio a un hombre negro, corpulento, entrando a la casa, según testificó. Llamó a OJ pero no contestó. Entonces se comunicó con la agencia y lo hicieron esperar hasta las 23.15. Cuando volvió a llamar, Simpson respondió, ofreció disculpas, dijo que se estaba bañando y que saldría a las 23.25.
El chofer dirá después a la policía que Simpson salió agitado, con cuatro valijas – tres grandes y una más chica – aunque no dejó que lo ayudara a cargarlas. Durante el viaje, le pidió que abriera las ventanillas porque tenía calor, pese a que la noche estaba fresca. Aseguró que sí transpiró. Las cámaras de seguridad de los aeropuertos de Los Ángeles y de Chicago lo mostrarán llevando solamente tres valijas. ¿Y la pequeña? En Chicago se alojó en el Hotel Plaza O’Hare, donde el recepcionista, al ser interrogado meses después, recordará que le pidió una curita.
La Policía de LA recién fue al otro día, temprano, a notificar a OJ del asesinato de su ex esposa, pero no encontró a nadie y decidió entrar saltando el paredón. Cerca del garage encontró el auto de Simpson con manchas de sangre en la puerta del conductor. En una primera inspección, los detectives también descubrieron un guante derecho Aris Isotoner extra grande que tenía manchas de sangre. Muy similar al que había quedado en la escena del crimen. A esa altura, suficientes pruebas para que, una hora después, las autoridades emitieran una orden de captura para Orenthal James Simpson, sospechoso de haber cometido un doble asesinato.
La Policía, entonces, armó un móvil del crimen: los celos de la estrella de la NFL habrían desencadenado el crimen, al encontrar a su ex con su supuesto nuevo novio. Aunque la reconstrucción de los movimientos de Nicole y de Goldman, esa misma noche, mostraron que, en realidad, este chico de 26 años se halló en el lugar incorrecto en el peor momento. Aquella noche ella había estado en el restaurante italiano donde trabajaba y, tras olvidarse unos anteojos en la mesa, llamó para recuperarlos. Como el lugar estaba cerca, el empleado se había ofrecido a llevarlos a la casa. Lo único que nunca pudo establecerse con certeza es si Goldman ya estaba en la casa de Nicole cuando Simpson llegó y los asesinó, o si llegó cuando el ex futbolista acababa de asesinar a su esposa y eso le costó la vida.
Insólitamente, pese a tener pedido de captura, OJ terminó firmándoles autógrafos a los agentes que lo encontraron. Ocurre que los fiscales habían acordado los pasos de la detención con los famosos y adinerados abogados de Simpson, quien de entrada recurrió a su amigo Robert Kardashian para armar un dream team que incluyó luego a Johnie Cochran y Robert Shapiro para terminar gastando un total de 20 millones de dólares. Robert es el padre de las famosas hermanas y de su profesión sale la fortuna heredada por ellas, aunque no todo fue tan fácil en su vida, ya que el juicio -y la defensa de su amigo- dividió a la familia, ya que la esposa era amiga de Brown y sintió que la había defraudado permitiendo que su esposo defendiera a quien ella creía el verdadero asesino.
Kardashian, claro, no pudo evitar la detención, por la gran cantidad de pruebas, y cuando se lo dijo a su defendido, OJ amenazó con pegarse un tiro con un arma. Kardashian contaría tiempo después que convenció a OJ que bajara el arma, pero en lugar de entregársela, la volvió a guardar y se subió a su camioneta Ford Bronco. Ahí tenía 8.000 dólares en efectivo, un pasaporte, y barba y bigotes postizos. Sabiéndose culpable, ya tenía pensado huir.
La persecución fue de película por las autopistas de la ciudad y fue televisada en vivo para todos Estados Unidos. La NBC, incluso, suspendió la televisación del Juego 5 de las Finales NBA, entre los Knicks y los Rockets, para mostrar cómo 20 autos de policía fueron detrás de la camioneta durante 2 horas. Esa paciencia de los agentes tuvo demasiado que ver con la fama de Simpson. Pareció más un auto escoltado que perseguido. Todo terminó cuando, tras manejar horas sin rumbo fijo, OJ estacionó frente a su casa. Luego de quedarse 45 minutos dentro de la camioneta detenida, se bajó y se entregó. ¿Tanta paciencia habría tenido la Policía ante otro afroamericano sospechado de dos asesinatos?
Lo que vino después fue el proceso judicial más famoso y escandaloso de la historia. En el llamado Juicio del Siglo, las pruebas parecían apabullantes en su contra. Además de su probado historial violento en contra de Brown y de los testimonios -sobre su accionar y comportamiento posterior a los asesinatos- que lo incriminaban, se encontraron huellas en la escena del crimen de los mismos zapatos que usaba el ex atleta, manchas de sangre con su ADN en el auto, un guante en su casa -mientras el otro estaba en la casa de su ex esposa- y hasta el uso una venda durante las horas su mano izquierda.
La afamada defensa, en cambio, se apoyó básicamente en la cuestión racial, asegurando que las acusaciones se debían a un accionar intencionado de la policía para inculparlo debido a que era afroamericano e, incluso, equiparó la situación con la de Rodney King, un ciudadano negro al que la policía de Los Angeles había dejado al borde de la muerte después de una brutal paliza tres años antes.
El argumento resultaba insólito para defender a un hombre que, además de no haber sido molestado nunca por su color de piel, solía definirse así: “No soy ni negro ni blanco, soy OJ”. La táctica funcionó, no tanto por la fuerza de sus argumentos sino por los errores de la propia fiscalía, que llamó a testificar al detective Fuhrman, el policía que había entrado en la casa de Simpson sin orden de allanamiento y había encontrado el guante ensangrentado. Demostraron que Fuhrman coleccionaba recuerdos militares nazis y que tenía antecedentes de conducta racista como policía, concluyendo que OJ había sido víctima de fraude policial y lo que llamaron procedimientos internos poco rigurosos, los cuales contaminaron la evidencia de ADN.
La acusación terminó de venirse abajo cuando la fiscalía le pidió a Simpson que se probara los guantes y no le entraron. Eso solo, según la defensa, probaba que no era el asesino. Nadie tuvo en cuenta que, durante el año transcurrido, OJ engordó y que mientras estuvieron guardados como prueba, los guantes habían sido congelados y descongelados varias veces, lo que podría haber modificado su tamaño. La imagen icónica del juicio es cuando Simpson se los puso y cuando no le entraron, levantó triunfalmente las manos para que lo tomaran las cámaras de televisión y los fotógrafos.
El 3 de octubre de 1995, el jurado se tomó apenas cuatro horas de deliberación para absolverlo. El veredicto fue seguido en directo por televisión por la mitad de la población estadounidense, convirtiéndolo en uno de los eventos más vistos en la historia del país. Hubo muchas críticas sobre el procesamiento y la actuación policial, y muchos afirman que Simpson hubiese sido declarado culpable de no haber sido por los fallos e irregularidades durante el proceso. De poco sirvió que, en 1997, Simpson fuera declarado responsable de las muertes por una corte civil. Sólo sirvió para cuestiones económicas de las familias de los asesinados. Simpson fue obligado a abonar 33.500.000 dólares por daños, pero entre que no pudieron embargarle la pensión de la NFL y que se mudó a Miami nunca pagó ni siquiera una parte importante de esa suma.
Pero no todo terminó ahí. OJ salió a hacer gala de su inocencia y, años después, por caso, dio una nota a la cadena Fox en la que hasta se animó a confesar “hipotéticamente” cómo había matado, dando detalles y diciendo “nunca vi tanta sangre junta”. En otra entrevista, cuando todo había terminado, tomó una banana y simuló acuchillar a la periodista con el fondo del tema Psicosis. Una locura.
Lo que son las vueltas del destino. Por eso no fue a prisión, pero sí pagó 9 años encerrado por el secuestro y robo a mano armada que protagonizó en un casino de Las Vegas, supuestamente para recuperar trofeos de su carrera que tenían coleccionistas. Increíble pero real. Esto también es América, como dicen ellos.