La enfermedad de Alzheimer es la más cara del mundo: su costo anual global se calcula en 1,3 billones de dólares. En Argentina hay más de medio millón de pacientes, y detrás de cada uno hay un costo inmenso para la sociedad, medido en impacto emocional sobre el paciente, su familia, su círculo de amigos y sus cuidadores.
Contra el Alzheimer, la primera medicina es cómo vivimos
El Alzheimer representa un desafío sanitario, económico y social de enorme magnitud. Aunque todavía no existe una cura, los avances en diagnóstico temprano, prevención y nuevos tratamientos abren una ventana de esperanza para afrontar una enfermedad que afecta a millones de personas y a sus familias en todo el mundo.
¿Qué implica esta enfermedad? La disolución de lo que es intrínsecamente humano: los recuerdos, la capacidad cognitiva, el vínculo con los demás, la propia historia que se desvanece. El Alzheimer no borra solo la memoria; borra a la persona mientras sigue viva.
Es una enfermedad asociada a la edad, mucho más frecuente en los adultos mayores. Y afecta de manera desproporcionada a las mujeres, en forma directa e indirecta: ellas concentran más años de vida perdidos por discapacidad y más mortalidad por demencia, y a la vez proveen el 70 % de las horas de cuidado de quienes la padecen. En nuestro país, el costo total de esos cuidados se estima en 4.500 millones de dólares.
Sin embargo, por primera vez asoma un atisbo de esperanza, y se apoya en tres pilares.
Diagnóstico. Hoy es posible diagnosticar la enfermedad de manera temprana, mucho antes de que aparezcan los síntomas, lo que abre una ventana de oportunidad terapéutica.
Prevención. Un reciente estudio latinoamericano, LatAm-FINGERS, demostró que cinco medidas aplicadas en simultáneo: ejercicio físico, resocialización, rehabilitación cognitiva, dieta y control estricto de las enfermedades cardiovasculares, pueden mejorar hasta un 55 % el rendimiento cognitivo en comparación con grupos que solo reciben información sanitaria. Contra el Alzheimer, la primera medicina es cómo vivimos.
Tratamiento. El tercer elemento es la aparición de fármacos que, aunque por ahora tienen efectos acotados, resultan prometedores como base para el desarrollo de nuevas drogas más eficaces.
La enfermedad de Alzheimer nos interpela como sociedad y como especie, porque es una consecuencia no esperada del aumento de la expectativa de vida del Homo sapiens, y exige una respuesta a la altura de ese desafío. Vivimos más; ahora tenemos que aprender a vivir mejor esos años.
Otras enfermedades como la tuberculosis, el HIV, el cáncer, el COVID, nos enseñaron la receta: generar conocimiento científico, aplicarlo a gran escala en la sociedad y combatir los estigmas y la discriminación. Esos son los recursos imprescindibles para cambiar estas historias dolorosas.
En eso estamos y hacia allí vamos.
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