A 70 años de la masacre de José León Suárez, la búsqueda de la verdad llega a la Justicia

A siete décadas de los asesinatos perpetrados por la Revolución Libertadora encabezada por Pedro Aramburu, comenzará un juicio por la verdad que busca el reconocimiento judicial de los crímenes. Daniel Brión, hijo de una de las víctimas, reclamó que el Estado reconozca la responsabilidad de quienes ordenaron la represión.

El 9 de junio de 1956 quedó marcado como una de las jornadas más trágicas de la historia argentina del siglo XX. Setenta años después de la Masacre de José León Suárez, familiares de las víctimas y organismos de derechos humanos se preparan para un nuevo capítulo en la búsqueda de verdad y justicia: el miércoles 17 de junio comenzará el juicio por la verdad que buscará reconstruir los hechos y determinar la responsabilidad del Estado en aquellos crímenes.

La masacre se produjo en el marco de la autodenominada Revolución Libertadora, la dictadura que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955. Tras el golpe, el régimen instauró una política de persecución sistemática contra el peronismo: prohibió toda referencia pública a Perón y Eva Perón mediante el decreto 4161, intervino sindicatos y organizaciones sociales, y desplegó una intensa represión sobre dirigentes, militantes y trabajadores identificados con el movimiento.

Fue en ese escenario de proscripción y persecución donde surgió el Movimiento de Recuperación Nacional, una organización cívico-militar encabezada por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco que buscaba poner fin a la dictadura y restablecer el orden democrático mediante una insurrección coordinada en distintos puntos del país. El plan contemplaba la toma de unidades militares estratégicas y la difusión de una proclama revolucionaria durante la transmisión radial de la pelea de boxeo entre Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loayza, que se disputaba esa noche en el Luna Park.

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Valle y Tanco.

Valle y Tanco.

Sin embargo, los servicios de inteligencia del gobierno habían logrado infiltrar parte de la organización y conocían varios de sus movimientos. Cuando llegó la hora prevista para el levantamiento, la proclama nunca salió al aire y la mayoría de las acciones fueron desarticuladas antes de consolidarse. El fracaso de la rebelión selló el destino de sus participantes y abrió paso a una feroz represalia estatal.

La respuesta de la dictadura fue inmediata. A las 0.32 del 10 de junio se declaró la ley marcial y, pocas horas después, se dictaron disposiciones que habilitaron el fusilamiento de quienes fueran considerados involucrados en la sublevación. En los hechos, el régimen puso en marcha una represión sin garantías judiciales que derivó en detenciones arbitrarias, torturas y ejecuciones sumarias. Entre el 10 y el 13 de junio fueron asesinadas 27 personas en distintos puntos del país, entre ellas el propio Valle, quien se entregó el 12 de junio con la esperanza de frenar el derramamiento de sangre y fue asesinado esa misma noche.

Uno de los episodios más emblemáticos de aquella represión ocurrió en los basurales de José León Suárez. Allí fueron trasladados varios hombres detenidos en una vivienda de la localidad bonaerense de Florida. Algunos estaban vinculados al levantamiento, mientras que otros no tenían ninguna participación en los hechos. Sin juicio ni proceso legal alguno, fueron ejecutados por fuerzas del Estado. Cinco de ellos fueron asesinados: Mario Brión, Vicente Rodríguez, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti y Carlos Lizaso. Otros siete lograron sobrevivir y sus permitieron que años más tarde Rodolfo Walsh investigara los hechos y escribiera "Operación Masacre", la obra que reveló la existencia de fusilamientos clandestinos y cambió para siempre el periodismo argentino.

José León Suárez

Daniel Brión: “No fueron fusilamientos, fueron asesinatos”

Entre los familiares que impulsan el juicio por la verdad se encuentra Daniel Brión, hijo de Mario Brión, una de las víctimas. Tenía apenas cuatro años cuando asesinaron a su padre.

Entre los pocos recuerdos que tiene de su padre, atesora la tarde en que le enseñó a silbar. Lo describe como “un hombre con iniciativa”, militante del gremio de Comercio y colaborador de la Fundación Eva Perón.

Mario Brión trabajaba en el frigorífico Armour y participaba de la resistencia peronista en la zona norte del conurbano. Cercano al dirigente sindical Andrés Framini, se incorporó al Movimiento de Recuperación Nacional y fue detenido la noche del levantamiento. Horas más tarde sería asesinado en José León Suárez.

“No fueron fusilamientos, fueron asesinatos cometidos por la dictadura cívico-militar de Aramburu. Porque un fusilamiento es un acto legal ordenado por el Estado y un asesinato es ilegal, está por fuera de la ley”, explicó Brión en diálogo con C5N.

A lo largo de décadas Daniel dedicó gran parte de su vida a investigar y difundir lo ocurrido en junio de 1956. Es autor, entre otras obras, de El Presidente Duerme, un libro que ya alcanzó seis ediciones y que reconstruye la historia del Movimiento de Recuperación Nacional, la organización de los levantamientos en distintos puntos del país y la represión que culminó con los asesinatos.

Para Brión, aquellos acontecimientos marcaron a varias generaciones del peronismo. “En los años 70, los jóvenes que pelearon contra la dictadura levantaron las banderas de los 31 asesinados de las jornadas del 9 y 12 de junio de 1956. Y son las que se van a seguir levantando”, afirma.

Isaac Rojas y Pedro Eugenio Aramburu
Isaac Rojas y Pedro Eugenio Aramburu

Isaac Rojas y Pedro Eugenio Aramburu

La masacre de José León Suárez: el juicio por la verdad

El juicio por la verdad comenzará el próximo 17 de junio, a las 9.30, en el auditorio municipal Hugo del Carril, ubicado a pocos metros de los basurales donde se perpetraron los fusilamientos. El proceso estará a cargo de la jueza federal Alicia Vence y buscará establecer judicialmente qué ocurrió durante aquellos días de junio de 1956 y cuál fue la responsabilidad del Estado en los asesinatos.

Si bien los responsables materiales y políticos de aquellos crímenes ya fallecieron, para los familiares de las víctimas el proceso posee un profundo valor simbólico, político y jurídico. La expectativa es que el Estado reconozca formalmente que los fusilamientos de José León Suárez constituyeron crímenes de lesa humanidad.

“Después de 70 años me parece increíble que se logre hacer este juicio”, afirmó. Durante la etapa preliminar declararon familiares de los asesinados y, según destacó, la causa avanzó gracias a la decisión de la Justicia de impulsar el proceso pese a las objeciones iniciales del Ministerio Público Fiscal.

Para Brión uno de los aspectos centrales del debate será que sea la propia Justicia la que determine que los hechos cometidos en junio de 1956 constituyeron delitos imprescriptibles. “Aunque los asesinos estén muertos, al igual que las víctimas, este juicio permitirá establecer la responsabilidad de una dictadura cívico-militar que puso en marcha un plan sistemático para perseguir y eliminar opositores políticos”, sostuvo.

El militante por la memoria de las víctimas consideró además que la ausencia de juzgamiento de la autodenominada Revolución Libertadora dejó una marca profunda en la historia argentina. “Esa dictadura nunca fue juzgada por los gobiernos que la sucedieron y terminó convirtiéndose en antecedente de las que vinieron después. Como decía Hobbes en el Leviatán, no hay mayor crimen que aquel que se comete con la certeza de la impunidad. En los asesinatos de José León Suárez se sentían impunes”, reflexionó.

En ese marco, Brión trazó un paralelismo entre el proyecto económico impulsado tras el golpe de 1955 y las políticas del gobierno de Javier Milei. “El plan económico que está aplicando este gobierno es el mismo que impulsó la autodenominada Revolución Libertadora, el proyecto que buscó sacar del camino a nuestros padres”, sostuvo.

También cuestionó las iniciativas de privatización y apertura económica promovidas por la actual administración nacional. “Milei está vendiendo la Argentina. Quiere privatizar AySA, avanzar sobre áreas estratégicas como las centrales nucleares y flexibilizar los límites para la compra de tierras por parte de extranjeros. Está transfiriendo recursos y soberanía”, afirmó.

Brión vinculó además la memoria de los fusilamientos de 1956 con los debates actuales sobre democracia, derechos sociales y condiciones de vida. Aunque diferenció el contexto contemporáneo de la violencia ejercida por las dictaduras, advirtió que existen otras formas de violencia que impactan sobre amplios sectores de la sociedad. “Violencia es que un niño no coma, que un jubilado no pueda comprar sus remedios o que un joven no tenga acceso a la universidad”, expresó.

A setenta años de aquella madrugada en los basurales de José León Suárez, considera que uno de los principales desafíos sigue siendo transmitir la historia a las nuevas generaciones. “Hay que hablarles a los jóvenes y contarles lo que pasó. Si no lo saben, es porque no se lo contamos o no encontramos la manera de hacerlo”, señaló.

A siete décadas de los fusilamientos, Brión sostiene que la batalla por la memoria sigue abierta. Antes de concluir la entrevista, dejó una definición que resume años de militancia y búsqueda de justicia: “La mejor manera de honrar la vida es decir la verdad”.