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Los últimos días de la democracia: el aislamiento de Isabel Perón, la presión de los militares y el golpe anunciado de 1976

El Gobierno, fuertemente debilitado y desbordado, atravesaba una brutal crisis política y económica. Las jornadas previas al inicio de la dictadura estuvieron marcadas por los efectos de la falta de liderazgo de la mandataria, que había asumido tras la muerte de su esposo, mientras que la violencia se apoderó de las calles y la sociedad todavía enfrentaba los efectos del Rodrigazo.

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  • "La situación es de absoluta normalidad". El mensaje en los pasillos y despachos de la Casa Rosada se repetía en los días previos al 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la etapa más oscura de la Argentina. El gobierno de María Estela Martínez de Perón, cada vez más debilitado y desbordado, creía que el golpe de Estado militar no ocurriría o que, al menos, se demoraría.

    La crisis se aceleró después de la muerte del presidente de aquel entonces Juan Domingo Perón, ocurrida el 1° de julio de 1974. Su fallecimiento estremeció a la sociedad, que salió a las calles pese a una intensa lluvia y el frío para despedirlo en el Congreso entre el dolor y la conmoción en medio del duelo nacional. Ese día su esposa, la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, asumió como mandataria.

    "Este viejo adversario despide a un amigo. Yo le digo, señora Presidenta: los partidos políticos argentinos estarán a su lado en nombre de su esposo muerto, para servir a la permanencia de las instituciones argentinas", manifestó Ricardo Balbín, líder de la Unión Cívica Radical y principal opositor al peronismo, en un recordado discurso durante el funeral. Aquel mensaje de unidad fue celebrado, pero también escondía un síntoma: si hasta el antagonista más férreo se ofreció a colaborar, significaba que la Argentina se acercaba a una de sus peores etapas políticas.

    María Estela Martínez de Perón

    María Estela Martínez de Perón.

    Por aquel entonces, el peronismo sufría una feroz interna, que se había agudizado en 1964 mientras el histórico expresidente estaba exiliado en España tras ser derrocado por la Revolución Libertadora. Por un lado, el líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Augusto Vandor, propuso "un peronismo sin Perón" con autonomía. Su planteo fue rechazado por la corriente dura encabezado por José Ignacio Rucci. Isabel ofició como una suerte de delegada y volvió a la Argentina en 1965 para marcar la cancha con varias reuniones con sindicatos y jefes políticos en el Alvear Palace Hotel. Su misión era mostrar que el músculo de Perón permanecía intacto.

    En esa estadía, Isabel conoció a un hombre extraño que se presentó como consejero espiritual y con habilidades en actividades astrológicas: José López Rega, un excabo de la Policía. Su primer contacto fue en una reunión en la casa de Bernardo Alberte, un militar de extrema confianza de Perón. Ese día marcó un antes y un después, ya que la esposa del líder peronista le ofreció regresar a Madrid con ella y ser el secretario del matrimonio. Se convirtió en un integrante del núcleo íntimo y nada indicaba que años después sería una pieza clave del ataque contra la democracia.

    Isabel Perón, la soledad política y el caos: una Argentina en llamas y el avance de los militares

    La luna de miel duró muy poco. La viuda de Perón quedó al frente de un caliente sillón de Rivadavia y tenía que enfrentar un cóctel formado por una histórica crisis económica, una ola de violencia en Argentina y la desconfianza por su inexperiencia como autoridad, ya que antes de ser mandataria y previamente vicepresidenta no fue funcionaria pública. El embudo se achicó y su gobierno empezaba a ser una bomba de tiempo.

    El periodo de Isabel en la Casa Rosada se caracterizó por su falta de liderazgo. Sin su esposo, la influencia de López Rega creció. Aquel hombre interesado por el esoterismo se desempeñaba como ministro de Bienestar Social, aunque su lugar en el Gobierno era mucho mayor. Se trataba del funcionario más cercano a la jefa de Estado, que le delegó varias funciones e incluso tomas de decisiones importantes.

    Juan Domingo Perón, Isabel y López Rega

    Juan Domingo Perón, Isabel y José López Rega.

    La figura de López Rega llegó a tal punto que algunos lo consideraban "el Presidente en la oscuridad". A simple vista se advertía que no era un ministro más, sino la persona más poderosa de la Argentina. Por la cercanía, hasta algunos sectores políticos dejaron de dialogar con Isabel ya que consideraban que la mandataria sólo escuchaba al Brujo, quien incluso se mencionaba que elegía con quiénes aceptaba dialogar la jefa de Estado. Era casi una marca personal.

    Estaba en su auge. Sin embargo, cuando permanecía en la cúspide del poder, aquello que había construido se desmoronó: López Rega renunció el 11 de julio de 1975. Estaba acorralado por la presión social de los efectos del Rodrigazo. Las Fuerzas Armadas también lo querían fuera del Gobierno.

    Su relación con los gremios más relevantes estaba rota desde hacía tiempo y el gran disparador de su salida fue un artículo del diario La Opinión, que expuso que investigaciones del Ejército marcaban que López Rega encabezaba la Triple A. Incluso esa nota periodística mencionó que la Quinta de Olivos y una dependencia del Ministerio de Bienestar Social se usaron para trazar estrategias de la sangrienta organización parapolicial. Por aquel entonces había rumores, que podían ser confirmados en cualquier momento, pero aún así movió los cimientos de la Casa Rosada.

    Tras dimitir en su cargo, López Rega viajó a España e Isabel lo designó como embajador plenipotenciario en Europa para intentar descomprimir la situación política. Su ida fue clave para el golpe militar, ya que estos movimientos fueron considerados como otro gesto de debilidad del Gobierno, ya que Martínez de Perón seguía sintiéndose sobrepasada y se quedó sin su mano derecha.

    Un punto de inflexión fueron los cuatro decretos de aniquilamiento dispuestos por el Gobierno. Martínez de Perón firmó el primero en febrero de 1975, en el que habilitó al Ejército a "ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en Tucumán". El objetivo principal era detener la acción de la guerrilla del ERP.

    En octubre de 1975 se rubricaron los otros tres decretos, que fueron firmados por el presidente provisional del Senado y mandatario interino en ese momento, Ítalo Luder. Con esos documentos se creó el Consejo de Seguridad Interna, encabezado por el Gobierno y las Fuerzas Armadas, para "poner en marcha las medidas para enfrentar la actividad de los elementos subversivos", mediante el control de las fuerzas de seguridad provinciales en todo el país. Además, diseñaron un Consejo de Defensa para aconsejar medidas contra la violencia guerrillera y parapolicial.

    Videla dictadura

    Jorge Rafael Videla fue uno de los comandantes de la dictadura.

    Esos decretos eran una muestra de que el Gobierno no lograba frenar a los grupos violentos con fuerzas civiles y recurrió a una medida extrema. También ratificaban que Isabel estaba superada por la crisis de la Argentina e incluso tomó licencia médica después de que se agravaran sus ataques de llanto y problemas gastrointestinales. Por este motivo viajó a Ascochinga por un mes. La paradoja es que en esa localidad cordobesa estuvo acompañada por las esposas del general Jorge Videla, del almirante Emilio Massera y del brigadier Héctor Fautario.

    Las Fuerzas Armadas se escudaron en esos decretos para argumentar su nefasto accionar en la dictadura cívico militar, ya que afirmaban que siguieron las órdenes del Poder Ejecutivo. Incluso sostuvieron esa postura durante el juicio a las Juntas Militares.

    En la cabeza de Videla ya rondaba la idea de un golpe de Estado, incluso antes de los decretos de Martínez de Perón y Luder. El 13 de octubre de 1975 el general lideró una reunión con Massera y Fautario. La convocatoria era para tratar ascensos militares, pero cuatro días después hubo otro encuentro en el que comenzaron a planificar el golpe.

    El único en desacuerdo fue Fautario, quien advertía que el Gobierno constitucional debía sostenerse. Su postura generó fuertes rispideces y el cónclave, que incluyó una cena, se realizó a los gritos. Incluso Fautario luego fue desplazado y en su lugar asumió Orlando Agosti. La Junta Militar quería tener a sus integrantes alineados y disipar las internas de cara al golpe de Estado. Para ellos, las cartas estaban echadas.

    El plan ya estaba tan elaborado que Fautario, tras su salida, le advirtió a Isabel que se avecinaba el golpe institucional. "Cuídese, señora. A usted la van a echar en marzo", le marcó a la mandataria.

    Emilio Massera

    Emilio Massera.

    En tanto, el 25 de febrero de 1976, prácticamente un mes antes de la jornada en la que comenzó el proceso más oscuro de la historia argentina, la Cámara de Diputados llevó adelante una de sus últimas sesiones previo a la dictadura cívico militar. Fue tensa y en los pasillos del Congreso se percibía nerviosismo. La oposición, con el respaldo de la UCR y otros partidos, había pedido que Isabel sea destituida por "inhabilidad política".

    Distintos sectores del peronismo reconocían que la administración de Martínez de Perón estaba muy debilitada, pero rechazaban su caída. La iniciativa, presentada sobre tablas, no avanzó ya que no se alcanzaron los dos tercios necesarios. Esa sesión expuso las visiones divididas de ese momento: algunos, no querían saber nada con una salida de la mandataria. Otros, advertían que debía correrse ya que de esa manera se evitaría la dictadura. Las elecciones se adelantaron para octubre de 1976. No se llegó.

    "Fue un golpe de Estado anunciado y esperado e incluso más que algunos golpes anteriores porque el Gobierno estaba en una situación caótica políticamente. Esa forma de Gobierno no resistía más. No había un proyecto político y la oposición tampoco tenía recursos. Balbín dijo que debía haber algún remedio para la situación pero él no lo tenía. La mayoría de los partidos, aunque no podían decirlo abiertamente, estaban esperando el golpe. La sociedad y la oposición estaban desgastadas", resumió el docente de historia y escritor, Guillermo Cao, en diálogo con C5N.

    En tal sentido, agregó que la administración peronista pensaba que la dictadura se dilataría: "El Gobierno era el único que creía que el golpe de Estado podía demorarse. Isabel se sorprendió cuando el 24 de marzo de 1976 prácticamente la secuestraron cuando se suponía que iba a ir a la Quinta de Olivos, pero en realidad fue a Aeroparque y ahí quedó detenida por varios años. Antonio Cafiero, exministro de Economía, dijo que en su momento nombraron a Videla como comandante en jefe y que no tenía antecedentes apolíticos y que no estaba la posibilidad de un golpe de Estado".

    El factor del Rodrigazo y la crisis económica

    Con Isabel en la Casa Rosada, el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció en junio de 1975 un brutal programa conocido como Rodrigazo, que entre sus principales medidas consistía en una suba del dólar oficial del 160% (subió de $10 a $26 en un día), los pasajes de colectivo pasaron de $1 a $1,50 y los servicios públicos se incrementaron en un promedio del 55%.

    Las consecuencias asfixiaron a la sociedad, debido a que la inflación trepó al 335% anual y en julio ya marcaba un 35%. También fijó un límite a las subas salariales del 38%, lo que licuó fuertemente el poder adquisitivo. Las medidas afectaron en tal magnitud que la CGT realizó su primer paro general en un gobierno peronista.

    Rodrigo renunció luego de apenas 49 días en el cargo. Su salida profundizó la inestabilidad económica y era un reflejo de la crisis, debido a que la administración de Martínez de Perón llegó a tener seis ministros de Economía. El último fue Emilio Mondelli, cuyo principal objetivo era un reordenamiento después del Rodrigazo, aunque su programa, en el que también el peso se devaluó y hubo saltos tarifarios, generó rechazo de muchos gremios que llevaron adelante varias huelgas.

    Celestino Rodrigo

    Celestino Rodrigo fue el ministro del Rodrigazo.

    La ola de violencia usada por los militares

    En el plano social, la violencia se apoderó de las calles. El ERP y Montoneros, enfrentados con la Triple A, desataron una de las épocas más feroces de la historia de la Argentina. Todos los días se registraban atentados, enfrentamientos armados y muertos.

    El ERP, fundado en 1970 y de orientación marxista, fue creado en una reunión del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Era liderado por Mario Roberto Santucho y buscaba tomar el poder e imponer un Estado socialista. Operaba en provincias, como Buenos Aires, Tucumán y Córdoba, con varias células de grupos armados conformadas por estudiantes universitarios, militantes y obreros.

    Su mayor ataque fue un asalto a un batallón de arsenales en Monte Chingolo para robar armamento. Aquella acción es considerada como la acción guerrillera más importante de la historia argentina. En tanto, una de sus unidades más reconocidas fue la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, en Tucumán, donde el grupo buscó una revolución en todo el país. También secuestraba extorsivamente especialmente a empresarios y militares.

    Por su parte, Montoneros también se creó en 1970 y conmocionó a la sociedad con el secuestro y después asesinato del expresidente de facto Pedro Aramburu. El crimen, que se trató de la primera acción pública de la organización guerrillera formada por jóvenes de clase media alta identificados con la derecha católica y la corriente peronista, fue el puntapié inicial de una serie de asesinatos a civiles, sindicalistas y militares.

    El grupo era respaldado por diferentes organizaciones juveniles peronistas y su etapa se partió en dos. Primero pretendía la vuelta de Juan Domingo Perón desde el exilio para volver a tener al máximo líder en el país después de que fuera derrocado en 1955. Durante los primeros años, la organización liderada por Mario Firmenich se sumó a una ola de violencia para debilitar ese proceso y presionar por el regreso de uno de los máximos referentes políticos argentinos, mediante la consigna "Luche y Vuelve" y asesinatos de figuras políticas para demostrar el poder y advertir a la dictadura de Agustín Lanusse.

    Mario Firmenich

    Mario Firmenich.

    Montoneros movilizó a miles de personas hacia Ezeiza para recibir a Perón en 1972. Se trató de un día histórico y ansiado para el peronismo. A partir de allí, el foco parecía posarse en los operativos clamor para que se presente como candidato presidencial. No obstante, después todo se rompió: en 1973, en la segunda vuelta de Perón al país, en la que otra vez fue recibido por una multitud, se enfrentaron a los tiros en un acto en la Autopista Riccheri y la Ruta 205.

    El enfrentamiento fue protagonizado por integrantes de Montoneros y grupos vinculados a la derecha peronista, relacionados con López Rega. Fue bautizada como la Masacre de Ezeiza y expuso las internas en el movimiento, ya que se disputaban el liderazgo del peronismo. La cantidad de víctimas nunca fue confirmada, pero se estima que hubo al menos 13 muertos y 365 heridos.

    Aquel hecho subió la tensión y la soga estaba a punto de cortarse, pero el gran punto de inflexión fue en 1974, cuando Perón tildó de "imberbes y estúpidos" a Montoneros en un acto en la Plaza de Mayo, debido a la actitud confrontativa de esa organización guerrillera. La jornada marcó la ruptura entre el líder peronista y Montoneros, además de que incrementó una polarización que ya venía en aumento. De la plaza se había ido una multitud.

    También significó una drástica reducción de las apariciones públicas de Montoneros, que luego del fallecimiento de Perón profundizó la rispidez con Isabel. Durante su gobierno, hubo varios atentados, ataques y secuestros a empresarios y personas ligadas a la política de primera línea.

    Como respuesta al ERP y a Montoneros, en 1973 fue creada la Triple A impulsada por López Rega, integrada por policías, seguidores de la derecha peronista y grupos parapoliciales. La violencia social escaló a partir de secuestros y crímenes de militantes de la Izquierda. La Argentina se encontraba encerrada por un círculo violento del cual no podía salir.

    La crisis política, económica y social fue aprovechada por los militares, que justificaron el golpe ya que afirmaban que reordenarían el país.

    El objetivo de salvar la democracia que fracasó: la última semana antes del golpe de Estado de 1976

    Miércoles 17 de marzo: el masivo almuerzo en apoyo a Isabel Perón

    Jueves 18 de marzo: una acusación contra José López Rega

    Viernes 19 de marzo: un rechazo del Ejército al golpe de Estado

    Sábado 20 de marzo: el Gobierno coincidió en un acto con el Ejército a pocos días de la dictadura

    Domingo 21 de marzo: la reunión con las Fuerzas Armadas que no fue

    Lunes 22 de marzo: los legisladores retiraron sus pertenencias del Congreso

    Martes 23 de marzo: la última reunión de Gabinete

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