La realidad del relato o el relato de la realidad

Vivimos en un mundo mediatizado e “internetizado” a tal punto que la “batalla cultural” no es otra cosa que recuperar el valor los hechos.

La realidad del relato o el relato de la realidad parece ser la controversia, absurda pero inevitable, de estos tiempos. El presente trágico en términos económicos y sociales nos interpela en torno a sí nos abrimos a un relato “deseable” por encima de una realidad “indeseable” o nos hacemos cargo de nuestros errores y actuamos en consecuencia.

Nos preguntamos si al informar e informarnos nos disputábamos un relato, si somos conscientes de nuestra propia realidad y desde ella mirábamos la totalidad o sólo discutíamos el relato impuesto. Más sencillo: ¿nos disputamos un relato o la realidad y su difusión? ¿Qué es lo que finalmente se impone? Cuando discutimos en las esquinas, en la mesa familiar ¿qué batallamos?, ¿desde dónde observa una sociedad lo que está viviendo? ¿Cómo hace las lecturas que hace? ¿Con qué elementos? ¿Desde qué prisma? ¿Con aquellos elementos, desde aquellos prismas que forjan la narrativa imperante o la que tallan su propia realidad?

La voracidad actual de los medios no solo se ha deglutido la verdad, sino que se ha devorado el interés por ella. La verdad parece no importarle a nadie. Como afirmaba el filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “No existían los hechos, sólo interpretaciones”.

Supongamos que el alemán tenía razón. Si no hay hechos y sólo existen interpretaciones, solo vale la mirada individual sobre esos hechos, por lo tanto, también la subjetividad de quien lo cuenta. Si Nietzsche tenía razón, entonces la historia, el periodismo, la sociedad solo lidia entre pareceres. Si el hecho está muerto, significa que somos la resultante social de un manojo de miradas parcializadas.

Preguntémonos entonces si esas miradas subjetivizadas no son el resultado de una “construcción de sentido” de los medios de comunicación del poder dominante. De ser así tenemos que asumir no solo que somos meros receptores y divulgadores de un relato ajeno, sino que respondemos, en muchos casos inconscientemente, a los designios de un pensamiento hegemónico. “Usted no es usted. Usted es un ente constituido por los medios de comunicación”, afirmaba Juan Pablo Feinmann.

Dónde queda la verdad, entonces. ¿Y si la verdad no es otra cosa que el discurso impuesto? ¿Y si la verdad ha muerto y los hechos también? ¿Qué es, entonces, la noticia?

Vivimos en un mundo mediatizado e “internetizado” a tal punto que la “batalla cultural” no es otra cosa que recuperar el valor los hechos y sus actores más allá de la mirada del Gran Hermano que todo lo observa, pero que solo repite lo que le conviene.

Esto es el rol del periodismo, de todo el periodismo, no es sólo leer noticias y contarlas, el problema es desmenuzarlas para ver cuánto de esa noticia es relato o realidad, de no hacerlo estaríamos matando la verdad. Algunos medios han hecho del periodismo un instrumento para el crimen organizado de la verdad y otros resisten por darle voz a quienes la defienden; el pueblo en su concepto más politizado.

DEJA TU COMENTARIO: