8 de junio 2022 - 13:45

La estrategia argentina para resistir los impuestos climáticos de la Unión Europea

Se acortan los plazos para que entren en vigencia las barreras paraalancerias de la UE para aquellos productos importados que no cumplan con sus exigencias ambientales.

¿Sustentabilidad o proteccionismo? El gobierno argentino está convencido que detrás del mecanismo de la Unión Europea para levantar barreras paraalancerias para aquellos productos importados que no cumplan con las exigencias ambientales se esconde otra intención. Y que el momento para esos impuestos extra se comiencen a aplicar se acerca.

“La agenda del cambio climático se convirtió en una agenda geopolítica”, señalan desde el ministerio de Ambiente.

Las nuevas normas se aplicarían sobre dos variables: en primer lugar su “huella de carbono”, es decir, si no puede demostrarse la trazabilidad “verde” del producto en cuestión que determine que su proceso no supera las emisiones de gases de efecto invernadero aceptables por la UE. El segundo factor insalvable será el de la tasa de deforestación.

No hay todavía una lista oficial de productos e industrias a los que afectará directamente. En principio impactaría a las importaciones que se consideran más “contaminantes” como el acero y aluminio, el cemento, el papel, el vidrio, los productos químicos y los fertilizantes, pero una vez abierta la puerta muchos otros pasarían a ser observados atentamente. De la Argentina, pero también de la región.

Según un estudio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en el comercio internacional los patrones cambiarían "a favor de los países donde la producción es relativamente eficiente en carbono y daría lugar a "descensos en las exportaciones de los países en desarrollo a favor de países desarrollados, que tienden a tener menos procesos productivos intensivos en carbono”.

Por eso, la estrategia argentina es plegarse a los países de la región y resistir. El tema sobrevoló las reuniones de los funcionarios argentinos y sus pares del MERCOSUR en Estocolmo, durante el encuentro realizado la semana pasada para conmemorar los 50 años de acción ambiental global transcurridos desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972.

El reclamo se basa en la necesidad de una “transición justa”, en la que los países industrializados más que “decir lo que hay que hacer” asuman su responsabilidad histórica por el calentamiento global y propicien un escenario de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” basado en dos cuestiones principales:

  • Mecanismos de pagos por servicios ecosistémicos.
  • Canje de deuda por acción climática para reducir la “deuda ambiental”.

Ese escenario también debería contemplar financiamiento para los países latinoamericanos que permita implementa políticas de mitigación y adaptación al cambio climático.

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