
El Presidente puso en jaque su relación con los gobernadores y recibió un durísimo cachetazo en el Congreso. La solución ya está en marcha, pero el tiempo le juega en contra.
La rebelión de los gobernadores, las críticas desde la patronal agropecuaria por las retenciones y el alza del dólar comenzaron a poblar de nubes el cielo libertario. La condena a Cristina y la desmesura judicial en el caso del escrache a Espert forman parte de una estrategia de disciplinamiento que denota más debilidades que fortalezas en el estado de situación del Gobierno.

Como en una especie de juego de espejos, los dos grandes espacios de representación de nuestro país, intercambiaron sensaciones durante la semana. En un momento de franca derrota, el peronismo se zambulló en la esperanza que siempre le da la movilización de masas y la revitalización del liderazgo.


Mientras se multiplican los focos de conflicto social por el ajuste, el colapso de la oposición y la apatía ciudadana le despejan el camino político al oficialismo. La contradicción del momento marca una democracia deshilachada.

El presidente suspendió su viaje a Roma, a la asunción de León XIV, para fortalecer su presencia porteña y así también contener la crisis interna que se vive en su círculo más íntimo.