




En medio de un clima de fragmentación, la frenética jornada del sábado -y la madrugada del domingo- dejó acusaciones cruzadas, recelos por las candidaturas y el fantasma persistente de la proscripción de Cristina Kirchner. Las tensiones internas del peronismo abren interrogantes de cara a una campaña incierta.
El Presidente puso en jaque su relación con los gobernadores y recibió un durísimo cachetazo en el Congreso. La solución ya está en marcha, pero el tiempo le juega en contra.
La rebelión de los gobernadores, las críticas desde la patronal agropecuaria por las retenciones y el alza del dólar comenzaron a poblar de nubes el cielo libertario. La condena a Cristina y la desmesura judicial en el caso del escrache a Espert forman parte de una estrategia de disciplinamiento que denota más debilidades que fortalezas en el estado de situación del Gobierno.

Como en una especie de juego de espejos, los dos grandes espacios de representación de nuestro país, intercambiaron sensaciones durante la semana. En un momento de franca derrota, el peronismo se zambulló en la esperanza que siempre le da la movilización de masas y la revitalización del liderazgo.