
Una vez más, nuestro país cede parte de los intereses nacionales por un alineamiento con Occidente que no parece ser el más productivo.
El oficialismo encara la segunda mitad del mandato con mayor respaldo legislativo, gobernadores que coquetean sus apoyos y un frente opositor fragmentado, pero con un contexto económico cada vez más crítico. La posibilidad de avanzar en reformas profundas tensiona fuerte con el efecto corrosivo del ajuste sobre la sociedad.
El triunfo electoral reforzó la confianza del oficialismo para acelerar sus reformas más profundas, pero la fragilidad económica, las tensiones políticas y la volatilidad de los apoyos que lo sostienen abren interrogantes sobre la durabilidad de un proyecto que avanza con una aparente validación social mientras convive con señales crecientes de desgaste y riesgos en el horizonte.






El apoyo abiertamente electoral de Trump y el Tesoro estadounidense le permite al Presidente sobrellevar el tránsito hasta octubre, que se había convertido en un campo minado. Lo que no parece entender el mandatario es que lo que materializó la derrota en la provincia de Buenos Aires es un monstruo de varias cabezas que los libertarios fueron alimentado durante casi veinte meses.