
La discusión del Presupuesto 2026 en Diputados y el debate sobre Reforma Laboral en el Senado parecían una victoria segura. Sin embargo, se convirtieron en una derrota plagada de errores y con un costo altísimo para el oficialismo, que incluso se enemistó con muchos de sus aliados.
El Presidente sabe que el crédito ganado en las elecciones comienza a agotarse conforme se profundizan los efectos de una política centrada exclusivamente en el sector financiero, pero el debate promete ser más largo de lo pretendido por el oficialismo.
Una vez más, nuestro país cede parte de los intereses nacionales por un alineamiento con Occidente que no parece ser el más productivo.
El oficialismo encara la segunda mitad del mandato con mayor respaldo legislativo, gobernadores que coquetean sus apoyos y un frente opositor fragmentado, pero con un contexto económico cada vez más crítico. La posibilidad de avanzar en reformas profundas tensiona fuerte con el efecto corrosivo del ajuste sobre la sociedad.
El triunfo electoral reforzó la confianza del oficialismo para acelerar sus reformas más profundas, pero la fragilidad económica, las tensiones políticas y la volatilidad de los apoyos que lo sostienen abren interrogantes sobre la durabilidad de un proyecto que avanza con una aparente validación social mientras convive con señales crecientes de desgaste y riesgos en el horizonte.



