Ómicron no será la última cepa

La OMS advirtió que aunque Ómicron causa una enfermedad menos grave que Delta, sigue siendo un virus peligroso, especialmente para quienes no están vacunados.

Bruce Aylward, asesor senior de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no cree que la variante Ómicron vaya a ser la última del virus de la Covid-19, por lo que ha advertido de la posibilidad de que en el futuro surja una más mortal mientras siga circulando el virus.

"Ómicron probablemente no será la última variante de la Covid-19. No lo sabemos aún, pero cuanto más circule el virus, más posibilidades hay que de que surja una nueva variante más mortal que Ómicron", ha alertado en rueda de prensa.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha recordado que la semana pasada se notificaron más de 15 millones de nuevos casos de Covid-19 en todo el mundo, "el mayor número de casos notificados en una sola semana. Y sabemos que se trata de una subestimación".

A su juicio, esto se debe "posiblemente" a la menor gravedad de Ómicron y a la inmunidad generalizada por la vacunación o la infección previa. En cualquier caso, ha mandado un mensaje de prudencia a la población: "Aunque Ómicron causa una enfermedad menos grave que Delta, sigue siendo un virus peligroso, especialmente para quienes no están vacunados. Casi 50.000 muertes a la semana son 50.000 muertes de más. Aprender a vivir con este virus no significa que podamos, o debamos, aceptar este número de muertes".

Tedros ha instado a "no permitir que este virus tenga vía libre ni bajar la guardia, especialmente cuando hay tantas personas en el mundo que siguen sin vacunarse".

"En África, más del 85% de las personas aún no han recibido una sola dosis de vacuna. No podremos acabar con la fase aguda de la pandemia si no cerramos esta brecha".

"La inmensa mayoría de las personas ingresadas en los hospitales de todo el mundo no están vacunadas". “Aunque las vacunas siguen siendo muy eficaces para prevenir la enfermedad grave por Covid-19 y la muerte, no impiden totalmente la transmisión. Una mayor transmisión significa más hospitalizaciones, más muertes, más personas sin trabajo, incluidos profesores y trabajadores sanitarios, y más riesgo de que surja otra variante aún más transmisible y más mortal que Ómicron", añadió.

Bruce Aylward en una conversación con Global Citizen reflexionaba: “Entre más permitamos que el virus se propague, más oportunidades tiene éste de cambiar. Los virus cambian conforme circulan y estos cambios conducen a cambios en las características del virus. Aún es clave detener la propagación desde su fuente: seguir con la higiene de manos, la distancia física, los cubrebocas y todas las demás medidas para reducir la transmisión. Entre más personas estén vacunadas, más se reducirá la circulación del virus y el potencial para que se den mutaciones nuevas y variantes disminuirá”.

Las variaciones nuevas evidencian la necesidad de una mejor secuencia y vigilancia genómica en todo el mundo, la necesidad de compartir información para reforzar la colaboración entre los socios de salud pública y mejorar las plataformas de información nacionales con el fin de documentar datos clínicos y epidemiológicos y las capacidades de secuencia en el mundo.

El Covid-19 no puede superarse de país en país. La epidemiología muestra que ningún país estará a salvo de las consecuencias de la pandemia hasta que todos los países estén protegidos.

El hecho que un sin número de países hayan tenido brotes de sarampión e incluso perdido su estatus de erradicación de dicha enfermedad en años recientes, a pesar de tener índices de vacunación muy altos, muestra que la cobertura nacional no es suficiente, debe lograrse en todas las comunidades y en cada familia.

La nacionalización de la vacuna se basa en la idea de que las vacunas son un recurso nacional en lugar de global. Como resultado, los países compiten entre sí para vacunar a sus poblaciones primero.

A pesar de que la comunidad internacional pusiera medios considerables para financiar la adquisición y la distribución de dosis ya en un primer momento, las limitaciones en la capacidad de producción mundial de vacunas y su concentración en determinadas regiones alargaron mucho los plazos de entrega y ralentizaron la vacunación a escala mundial.

Hace dos días Covax, la iniciativa global impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizar el acceso equitativo a las vacunas contra el coronavirus, anunció que se quedó sin fondos para comprar los equipos necesarios, incluidas las jeringas, para acceder a nuevas dosis.

“Estamos en una posición en la que somos incapaces de recibir más dosis hasta que recibamos más fondos”, declaró Seth Berkeley, jefe de la Alianza para las Vacunas (GAVI).

Berkeley agregó que si bien la organización no gastó todos los fondos, se ve obligada a ahorrar los restantes para las vacunas que ya aceptó recibir y que las dificultades económicas se derivan de que algunos países que donan las vacunas no cubren los gastos secundarios del programa: jeringas, contenedores para la disposición final, transportación y seguro, lo que frena la inoculación en los países con escasos recursos.

Covid-19 ha puesto a prueba la capacidad del mundo para responder de manera rápida y equitativa a una profunda crisis de salud global. Desafortunadamente, en muchos sentidos, colectivamente hemos fallado en esta prueba.

Sí, las vacunas Covid-19 seguras y efectivas se desarrollaron solo 10 meses después de la pandemia, el ciclo de desarrollo de vacunas más rápido de la historia. Pero de los casi cuatro mil millones de dosis de vacunas administradas hasta la fecha, ocho de cada 10 se destinaron a personas de países ricos, mientras que menos del uno por ciento se destinó a personas de países de bajos ingresos.

Un estudio realizado por el MOBS Lab de la Universidad de Northeastern, en colaboración con la Fundación Bill y Melinda Gates, estimó que si las primeras 2 mil millones de dosis de una vacuna 80% efectiva son distribuidas de manera equitativa en el mundo, 6 de cada 10 muertes podrían prevenirse. Pero si 50 países monopolizaran los suministros de la vacuna contra el Covid-19, solo se evitarían aproximadamente la mitad de las muertes.

Asesor y especialista en riesgos del trabajo.

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